3 de julio de 2017

El Reflejo en el Espejo.... nuestra percepción



Es un poco difícil para mí escribir sobre bienestar cuando se por lo que está atravesando mi país en estos momentos. Desde abril he estado luchando conmigo misma buscando una manera de ser consecuente con mis lectores y al mismo tiempo con los momentos que viven mis paisanos. Sin embargo, retomo ‘la pluma’ buscando brindar un poco de alivio en momentos difíciles.

Mi tema de hoy es nuestra percepción de nosotros mismos.  Esto aplica a cómo nos percibimos cotidianamente, bien al compararnos con otros, o cuando pensamos sobre la felicidad como objetivo. Una especie de autoanálisis no basado en lo que otros publican en Facebook.  Eso sería, respetuosamente, una forma de utopía.

Mis hijos sostenían un diálogo recientemente sobre el tema de la satisfacción en el trabajo y en sus respectivos trabajos, sobre si lo hacían bien o si lo podían hacer mejor. Si estaban contentos o no con las condiciones, y todas esas cosas que uno se plantea que hacen que nos sintamos miserables o en éxtasis por momentos. Yo me vi yo misma en el espejo de esa conversación, desde la distancia, en el momento presente y en otras épocas.  Esas reflexiones sobre el trabajo y sobre la felicidad son aplicables a muchas áreas de nuestras vidas.

Pues resulta que todas esas cosas que pensamos que hacemos mal, o en las cuales nos sentimos impostores (hay un síndrome estudiado sobre esto), no somos tan malos como creemos.  Cuantas veces nos preguntamos si somos buenos padres, buenas parejas, buenos amantes, buenos estudiantes, buenos amigos, buenos ciudadanos.  Tememos no dar la talla, estar a la altura de la situación.  Nos evaluamos y podemos hasta castigarnos con nuestras auto-apreciaciones. De esto hemos hablado en otras oportunidades.

Sin embargo, hay áreas en nuestras vidas que pensamos que estamos de lo mejor, donde creemos que no necesitamos revisar lo que hacemos (estamos sobrados, como se dice en Venezuela), que sabemos todo lo que tenemos que saber y sobre eso no hacemos nada. Creemos que dominamos todo lo necesario y hacemos todo lo a la perfección. No nos preocupamos en hacer cambio alguno.  Creemos que no tenemos que mejorar nuestra relación de pareja (él me quiere así), nuestra relación país (algo va a pasar a mi favor), la relación con nuestros hijos (ellos no saben lo que necesitan, yo si), somos excelentes cocineros (todo el mundo está pasando hambre), excelentes negociando conflictos (nadie se habla dentro del departamento donde estoy a cargo), excelentes escuchas (hablo, pero nadie interviene en mis conversaciones y termino haciendo lo que me parece), excelentes personas (no tengo amigos, ni participo en nada, solo critico lo que los demás hacen o dejan de hacer). No nos damos la oportunidad de crecer en esas áreas. Entonces cuando algo nos sale mal, o no va de acuerdo con lo que pensamos nos preguntamos ¿Porqué a mí? ¿Qué he hecho para merecerme esto?

Nos castigamos mucho en las áreas equivocadas, y al mismo tiempo, no trabajamos sobre las áreas que pudiesen estar débiles o precarias; preferimos redoblar la crítica en los lugares donde estamos más blindados o somos más competentes. Abandonamos la posibilidad de mejorar y estar en paz con nosotros mismos en las areas que lo requieren. No logramos ver el reflejo del espejo.

¿Flores para el reflejo del espejo?

Rock Water si estamos en la búsqueda de la perfección propia y ,en esa búsqueda, no disfrutamos el recorrido ni encontramos placer en las pequeñas y grandes victorias. Esta flor nos permite lograr y apreciarnos sin juzgarnos.

Larch si creemos que no tenemos la capacidad y por eso no intentamos.  Esta flor nos da una inyección de auto-estima y nos impulsa a probar.

Willow si nos quejamos de nuestra suerte, del destino, de lo que nos tocó vivir en nuestras vidas, en nuestro país. Nos permite perdonar y al mismo tiempo tomar el control de nuestras vidas.  

Los espejos y los espejitos son una invención relativamente reciente.  Por miles de años, el ser humano no tuvo idea de cómo lucía. La mujer de las cavernas no sabía cómo le quedaba el bigote o si el cabello parecía un nido de pterodáctilo. Hasta hace solo el siglo pasado supimos como sonábamos, cómo nos veíamos.  No teníamos el poderoso remolino del social media o redes sociales que dictaminan ideales de belleza, de información, de comportamientos. No había espejos, televisión, cine, cámaras, luz eléctrica, teléfono, grabadores de voz. Aún con toda la tecnología a nuestro alcance y con montones de espejos a nuestra disposición, tendemos a ser no muy buenos a la hora de juzgarnos… no capturamos el verdadero reflejo del espejo.  

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© 2017 Marielena Núñez

13 de abril de 2017

Respuestas ante el estrés


Un día ya estaba lista para dictar un nivel 1 del BIEP (Bach International Education Program) en la ciudad de Caracas.  Había dejado listo todo: mi equipo audiovisual, el salón, los materiales para los alumnos, los refrigerios de la mañana y tarde. Al día siguiente llegué justo unos cinco minutos antes de comenzar pues había tráfico en la autopista, luego cuando me iba a estacionar alguien había tomado mi puesto.  Entré apresurada a colocar mis cosas sobre el escritorio y cuando encendí el proyector…. No funcionaba el aparato y, por ende, no había proyección.  En esos segundos, que me parecieron horas, pensaba en todo lo que estaba frente a mí. Habían venido personas de diferentes partes del país, quienes habían pagado para asistir e iban a tener una malísima impresión de la organización del evento.  Mientras eso pasaba por mi cabeza, mi cuerpo estaba absolutamente paralizado, solo veía rostros sonreídos ansiosos por comenzar, gente conversando.  Alguien había desconectado accidentalmente el botón de los equipos. 

Lo que se me ocurrió inmediatamente fue hacer un plan de 5 segundos.  Iba a revisar las conexiones, y si no servían iba a utilizar mis décadas de experiencia dando clases y hablando en público sin ayuda de un Power Point.  Para eso había rotafolios, marcadores y mucho ánimo de mi parte. Este plan es producto de mi experiencia y edad supongo.  Así como esta situación tengo miles que contar: asaltos, caídas, perdida de la tarjeta de crédito, muerte de personas muy cercanas, enfermedades difíciles, despidos laborales, situación política de mi país, mudanza a otro otros lares, búsqueda de trabajo.

Cada persona responde de una manera diferente a las situaciones estresantes.  He aprendido que no es lo que nos estresa sino cómo respondemos lo que enferma o afecta nuestra salud.

Hay tres tipos de personalidades en el tema del estrés: los ventiladores, los bomberos y las calmados.  Los ventiladores hacen eso, ventilan lo que les pasa. Son comunicadores y comparten sus batallas y desazones con otras personas, no sufren en silencio. Sin embargo, se quedan allí, comunicando su estrés.  Los bomberos toman acción inmediatamente y apagan fuegos constantemente.  Eso suena bien, pero este en este tipo de respuesta no se mide situaciones de alto y bajo estrés, solo se apagan los fuegos…. lo que termina dejando exhausto al bombero. Los calmados bajo presión son aquellas personas quienes le permiten a sus cerebros crear un plan de acción y no se dejan secuestrar por las emociones descontroladas. Todos queremos llegar a tener la última personalidad.  Afortunadamente se puede moldear nuestro cerebro para generar ese tipo de respuesta.  Si entendemos la forma cómo respondemos ante situaciones y problemas podremos cambiar nuestras conductas y evitar el costo emocional.

¿Flores para las respuestas estresadas y estresantes?

Heather si necesitamos comentarle a todos lo estresados que estamos con las situaciones que vivimos, pero no hacemos nada por cambiarlas. Nos ayudará a escuchar a los otros en lugar de hablar sin parar sobre ellas.

Impatiens si actuamos impulsivamente sin medir la importancia de los temas que queremos/tenemos que resolver. Nos dará la posibilidad de medir nuestros tiempos de respuesta de acuerdo a las necesidades específicas de cada tema y no perder energía.

Rescue si estamos al borde del abismo emocional y no sabemos cómo actuar.  Nos ayudará a manejar los altibajos de la vida.

Leí en alguna parte que era importante re-escribir nuestra respuesta ante el estrés.  Recomendaban recordar cinco eventos estresantes y cómo habíamos salido victoriosos de los mismos. Cada vez que nos encontremos en situaciones intensas revisemos lo escrito y veamos cómo hemos podido salir adelante.  Sé que suena a lo mejor iluso, pero eso es lo que le da fuerza a la esperanza.

Probablemente mi historia del comienzo de mi curso no se puede comparar con los que se está viviendo en Venezuela, o con lo recientemente sucedido en Mocoa - Colombia, ni con los sucesos de Ecuador, Ucrania y Siria, tampoco con los ataques terroristas recientes.  Lo entiendo perfectamente.  Mi analogía tiene que ver más con la importancia de nuestras respuestas para estar emocionalmente saludables. Yo creo sin duda alguna que la esperanza es lo último que se pierde, nos hacemos fuertes y seguros en ella.

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© 2017 Marielena Núñez

1 de abril de 2017

Mil Soles Espléndidos - Perdonar


Mucha gente se me acerca preguntando sobre el perdón.  Me solicitan que hable o escriba sobre que flores ayudan con “eso”, algo mágico que borre amarguras - casi con un chasquido de dedos. Perdonar es un tema tan viejo como las sagradas escrituras, hay gente que pide perdón, otros que perdonan, hay culpas, culpables y así sigue la cadena.

Perdonar implica que nos sentimos víctimas de una circunstancia o de alguien. Se me ocurrió escribir sobre el tema después de haber visto una obra de teatro llamada A Thousand Splendid Suns (Mil Soles Espléndidos) la cual está basada en un libro titulado de igual manera. Laila, el personaje principal, tenía en su haber la cualidad de saber perdonar después de un montón de cosas horrorosas que le habían pasado.

Perdonar implica soltar, dejar ir eso que nos hace sentir víctimas y que nos carcome.  Hay un dicho en inglés que dice que no perdonar es como tomar veneno y pensar que es la otra persona quien va a fallecer…. Y es que el resentimiento es venenoso para quien lo siente.  El hecho de perdonar es lo que alivia el dolor del alma y nos permite tener el control de nuestras vidas. Sentir resentimiento, rencor, amargura no solamente nos afecta emocionalmente sino físicamente.  Hay montones de estudios que muestran como esas emociones afectan nuestro corazón, nuestro páncreas, nuestra piel y muchos otros órganos.

Perdonar no es un acto de la boca para afuera, tampoco implica que se condona al perpetrador.  Es hacer un esfuerzo consciente de despegarnos, literalmente, de la carga, el dolor y el estrés de arrastrar un resentimiento.  Para poder hacer esto tenemos que reconocer que la situación nos duele y que vamos a atrevernos a dejarlo ir, a no dejar que afecte nuestro presente.

Una vez que decidamos perdonar o desanclarnos de ese tema doloroso, es aconsejable bautizar las emociones que sentimos con nombre y apellido (culpa, bochorno, vergüenza, abatimiento, pena, las que sean).  Cuando nombramos las situaciones emocionales le bajamos el volumen a la amígdala y suplimos recursos a la corteza prefrontal de nuestros cerebros para que se ocupe de otras cosas y haga espacio para cosas realmente útiles.

Si nos sentimos muy heridos es importante hablarlo con alguien preferiblemente objetivo, que no alimente con más toxinas nuestros pensamientos. De esta manera, podremos sacar lo que tenemos embotellado; si somos introvertidos podemos escribirlo y luego rompemos  o quemamos esos escritos.

A veces la gente que nos hiere no se da cuenta de lo que está haciendo, otras veces sí.  A lo mejor es la manera como van por la vida, esas son sus herramientas, no saben ni tienen más  elementos para apalancarse.  De nuevo, no es condonar sino entender cuál es la perspectiva del otro.   Lo importante es soltar.  Se de personas que han escrito cartas a las personas quienes las han hecho sufrir, cartas que nunca son entregadas porque ya esas personas no están vivas, o están lejos, o simplemente no se quiere enfrentarlas.  Eso se llama escritura terapéutica.  Jane Fonda se escribió una carta a sí misma para poder soltar situaciones que la mantenían atada a un pasado doloroso.

¿Flores para los mil soles espléndidos?

Willow cuando sentimos amargura y nos sentimos víctimas de la situación.  Nos permitirá pasar la página y tener control de nuestro destino.

Holly si lo que sentimos es enojo con deseos de venganza e ira.  Nos ayudará a sentir compasión por el otro.

White Chestnut si pensamos en el tema todo el tiempo y no podemos concentrarnos en otra cosa.  Nos dará pensamientos productivos y la posibilidad de conectarnos con el presente.

Es importante saber que no somos los únicos a los que le ha pasado algo malo, que no somos los únicos que tenemos cargar con una cruz, que no somos los únicos que hemos sido heridos. Los errores y faltas son compartidos por todos los humanos de todas las culturas y partes del mundo.

Cuando escribo sobre esto no deseo dibujar unicornios o buscar el otro lado del arcoíris. La paz mundial, si, la paz mundial, comienza por nosotros mismos. La carga del resentimiento es pesada y no vale la pena arrastrarla. 

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© 2017 Marielena Núñez

27 de febrero de 2017

Auto-saboteándonos


Cuantas veces nos hemos encontrado diciéndonos “esto no me va a pasar otra vez, voy a controlar la situación antes de que me suceda de nuevo”.  Situaciones en las que postergamos una entrega de proyecto, una actividad (arreglar los closets, planchar, revisar las cajas que tienen mil años en el sótano y no sabemos que tienen dentro), una conversación, la dieta, hacer ejercicio, las resoluciones de año nuevo, en fin, paremos de contar.

Los especialistas llaman estos comportamientos de muchas maneras: obstaculizar nuestro propio camino, comportamiento de auto-derrota, miedo al éxito, dispararse en el pie.  No importa como lo llamemos, si tenemos un objetivo, meta, actividad y hacemos que no suceda por flojera/pereza, porque nos da fastidio, porque adelantamos mentalmente la inmensidad de la tarea, porque nos falta chispa para comenzar, porque tememos a los resultados…. estamos no cooperando con nosotros mismos.  

Hay muchas razones por las cuales podemos auto-sabotearnos.  Una es cuando establecemos estándares muy altos y no podemos cumplirlos.  Por ejemplo, querer ir al gimnasio cinco días durante la semana.  Vamos el lunes, el martes, pero el miércoles se complica la situación y no vamos.  El jueves vuelve a pasar. Sentimos que no somos capaces de mantener el ritmo o estándar y abandonamos.  Otra razón es la falta de control. A veces sentimos que es preferible no intentar a sentir que no podemos mantener en orden una situación.

Otras veces no intentamos porque nos sentimos impostores. En la medida que tenemos más preparación, más responsabilidad o nuestro perfil es público podemos sentir que si no logramos lo esperado o establecido podemos caer bajo la lupa del escrutinio. Por lo tanto, podemos ser considerados un fraude.  Por eso tratamos de hacer tan poco como sea posible de manera que nuestra “incapacidad” sea no revelada.

En algunas ocasiones el auto-sabotaje está asociado con el trabajar bajo presión. Muchas personas dicen que dan lo mejor de sí mismas cuando dejan todo para el último momento porque la creatividad se despierta.  Yo creo que lo que se despierta es el estrés. Muchos estudiantes y profesionales se pueden ver reflejados este espejo.

Otras personas usan un chivo expiatorio para responsabilizarlos del sabotaje que se causan.  Buscan una pelea, un enfrentamiento creando caos, quedándose en lo superficial en lugar de apersonarse de la situación.

Otras personas se auto-sabotean por el aburrimiento,  el fastidio que les produce saber que tienen que iniciar una tarea.  Saben que tienen que hacerlo, pero el comenzar … les produce tedio y hasta cansancio mental sin haber gastado una pizca de energía.

Cualquiera de los elementos anteriores puede tendernos la trampa de la postergación y hacer que nos distraigamos de las metas.  Es más fácil estar revisando Facebook, Twitter, las noticias, los correos electrónicos, ver la televisión, crear conflictos que agarrar el toro por los cuernos en el momento presente.

Lo importante es que identifiquemos las razones de nuestro diferir, del comer por estrés, del dejar de hacer ejercicio, de abandonar la dieta, de evadir recurriendo a las drogas, sexo, alcohol o juegos.  Cada caso es distinto; no hay varita mágica para desaparecerlo. Cada persona y su auto-sabotaje puede ser ocasionado por razones diferentes. Es cuestión de observarnos a nosotros mismos y a nuestras circunstancias.
  
¿Flores para el auto-sabotaje?

Hornbeam si dejamos todo para el último momento porque nos da tedio el comenzar.  Nos encenderá la chispa para arrancar de una vez por todas.

Rock Water si en la búsqueda de la perfección y de lo que queremos proyectar nos retrasamos en los logros.  Nos ayudará a entender que lo perfecto es enemigo de lo bueno.

Elm si perdemos la confianza temporalmente al abrumarnos con la cantidad de cosas que tenemos que hacer.  Nos ayudará a jerarquizar las tareas y a establecer prioridades.

Chestnut Bud Si repetimos las situaciones una y otra vez en nuestras vidas sin aprender de ellas.  Nos permitirá prestar atención para no caer siempre en lo mismo.

Nadie es perfecto. Además, el mundo sería monótono  si no hubiese las excusas por las cuales postergamos.  No habría perros que se comen los cuadernos donde estaba la tarea, no habría bebés que aprendieron a usar las tijeras y cortaron el documento que debíamos entregar, no habría operadoras de internet que no trabajaran en su servicio a la hora precisa que tenemos que enviar la asignación por Dropbox o por correo electrónico, no habría parejas enfermas que tosieran toda la noche y no nos dejaran descansar para poder llegar al trabajo y hacer la presentación que teníamos planificada, no se enfermarían los familiares con tipos de virus intergalácticos que hacen que no hagamos dieta y ejercicio porque debemos cuidarlos, no caería hielo seco desde un avión que sobrevolaba el vecindario matándonos del miedo y dejando de asistir a clases.

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© 2017 Marielena Núñez

19 de febrero de 2017

Locos de Amor


Hoy tuve la oportunidad de grabar un programa de televisión con una joven emprendedora latinoamericana – Nash Chaparro-  que conecta a la comunidad hispana de la ciudad donde vivo. Hablamos sobre cómo nos comunicamos hombres y mujeres, y lo complicadas que pueden llegar a ser las relaciones.  

Luego que terminamos de grabar, rumbo a casa fui pensando sobre la expectativa general en relación al amor, qué es lo que aprendemos no solamente en la literatura sino en las películas y la televisión. Las palabras que usamos generalmente están asociadas a locura, al dolor, refuerzan la sensación de víctimas.  No, no estoy exagerando.  Solo fijémonos en las frases que usamos: estoy locamente enamorada, él me rompió el corazón, no puedo superar este dolor de alma, estoy sufriendo como loca, me va a matar esta relación, voy a morir sin él, me muero de amor, estamos locos de amor (como la canción de Yordano) entre otras muchas. 

El amor romántico produce en nuestro cerebro alteraciones en los niveles de serotonina.  Esas mismas alteraciones se producen en los estados del síndrome obsesivo compulsivo.  Como producto de ambos (amor y de la obsesión) se dan cambios de comportamiento y de los estados anímicos. Afortunadamente, esta locura de amor no dura mucho ... de otra manera terminaríamos bajo atención médica.  Es justamente, esa locura la que nos lleva a hacer cosas inimaginables bajo otras circunstancias… Julieta la de Romeo se suicida cuando no lo ve (ya se, es una obra de Shakespeare), novias que se escapan antes de llegar al altar por amor, caballeros que cometen locuras, todos anestesiados por los neuroquímicos que producimos en esos estados de conciencia alterada.  Por eso cuando pasa el periodo de locura y el efecto de la anestesia nos damos cuenta de cosas y atributos de nuestra alma gemela de las cuales no nos percatábamos cuando estábamos narcotizados.  Allí es cuando comenzamos a ver los defectos que en algún momento  nos parecían gracias.

Nuestro lenguaje sobre el amor definirá su forma y reforzará nuestras expectativas.  El amor no necesariamente tiene que ser dramático como el del cine argentino y el mexicano de otras décadas.  El amor puede ser un reflejo de cómo experimentamos el mundo. Si creemos que vamos a enloquecer, sufrir, morir, eso es lo que vamos a crear pues la cultura lo va a reforzar. Le decía a Nash cuando comenzamos a grabar, que cuando entrábamos a las relaciones de forma plena y felices dábamos lo mejor de nosotros, cuando esperamos que alguien nos de la felicidad o nos llene, cuando creemos que amor es igual a drama allí comienzan los problemas.

¿Flores para la locura de amor?

Cherry Plum si perdemos el control y tememos enloquecer de amor.  Nos ayuda a recuperar la cordura.

Centaury si somos débiles y nos doblegamos ante personalidades más fuertes.  Nos ayudará a mantenernos en nuestra línea de pensamiento y poder decir no cómodamente.

Larch si pensamos que no somos capaces de mantener una relación.  Nos ayudará a creer en nuestra capacidad.

El amor es más que felicidad o más que momentos de alegría. Es el arte de trabajar en colaboración con el otro, con esfuerzo, compromiso, creatividad, comunicación y disciplina para lograr un objetivo, una relación. Pensar que el amor es lo que nos brinda la televisión solo nos traerá insatisfacción. La felicidad hay que trabajarla.  Como decía el filósofo John Locke “la felicidad es una disposición de la mente y no una condición de las circunstancias”.




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© 2017 Marielena Núñez

10 de febrero de 2017

La-la land


Estamos en plena época de los premios la televisión y del cine norteamericanos. Por lo menos algo diferente y variado para salir de los temas de la presidencia de los EEUU.  Tuve la oportunidad de ver el fin de semana una película llamada La la land con Emma Stone y Ryan Gosling. Es una historia de amor musical, si se puede llamar de esa manera; algo parecido a las películas de la época de oro de los musicales de Hollywood pero a lo moderno.
La la land se traduce como un estado mental caracterizado por expectativas poco realistas, fantaseo, soñar despierto. Leí en alguna parte que tiene que ver con LA (Los Ángeles, California) y la manera cómo la gente vive sus sueños de ser artistas en esa ciudad.  La película tiene tres elementos que me gustan: baile, música y una historia de amor.   ¿Y a qué mujer no le gusta una historia de amor? Nos gustan desde que  somos chiquitas, desde el momento cuando vimos alguna o todas las películas de las princesas de Disney. Lo interesante de esta historia es que no termina con el colorín colorado al cual  estamos acostumbrados.  De hecho, cuando culminó sentí una especie de hueco nostálgico en el pecho que vino y se fue sin ton ni son.  Me cuestioné si ese era el final.  Por supuesto, no es lo que yo atávicamente me esperaba.
Decidí revisar en mi mente el argumento de la película y sus canciones. ¿Qué era eso que no me cuadraba? Pues bien, tengo dos lecturas que me explican el final aunque no les voy a contar la historia para no estropearles la ida al cine. 
La primera, la vida es como el Eclesiastés. Todo tiene su momento y su estación. Conocemos a personas que nos acompañan en las diferentes épocas de nuestras vidas. En esos periodos perseguimos sueños que requieren esfuerzos y sacrificios.  A veces, alcanzado esos sueños, se presentan oportunidades únicas que cambian nuestras vidas para siempre, y  en ese cambio perdemos amigos, gente que amamos, relaciones y otras cosas que son importantes.
La segunda, basada en esa  especie de melancolía que sentí, es que el final de la historia es una celebración por aquellos que persiguen sus sueños y mantienen sus convicciones a cualquier costo. Es sobre la importancia del no abandonar la esperanza ni tirar la toalla, de la electricidad que se produce en nosotros cuando perseguimos aquello que nos produce felicidad.
Definitivamente los finales felices no son los mismos finales felices que solían ser, porque han sido reemplazados por las hermosas y confusas situaciones/condiciones que nosotros mismos creamos sin pensarlo o pensándolo mucho.    
¿Flores para La la land?
Mustard para ese sentimiento de melancolía que llega de repente y se va como vino.  Nos ayudará a sentirnos otra vez bien y a identificar qué nos hizo sentir tristes.
Walnut para la incomodidad con el nuevo tipo de finales felices; nos ayudará a adaptarnos más fácilmente a las nuevas circunstancias y a estos nuevos  e inesperados cierres.
Honeysuckle si añoramos los finales felices de las épocas doradas de Hollywood.  Nos ayudará a entender que aquellos eran buenos pero estos se adaptan al espíritu de estos tiempos.
No tengo la menor idea si esta película ganará un Oscar o no.  No sé si será tomada como simplona para muchos.  Lo importante es que ayuda a los soñadores de oficio a salir de situaciones estereotipadas y plantearse otros escenarios no tradicionales.  Les dejo el tráiler oficial.  La música y las letras de las canciones son hermosas, y los personajes son como cualquiera de nosotros, bueh! sin los camerinos, entrenadores personales, chefs particulares, tratamientos de spa, trajes y otras menudencias.



©  2017 Marielena Núñez

29 de enero de 2017

Enfrentando al pequeño monstruo que llevamos adentro


Cuando algún familiar, amigo o conocido tiene una dificultad de cualquier índole tendemos a responder ante la situación reconfortando, cuidando, serenando, ayudando dentro de nuestras posibilidades.  Podemos ser un bálsamo para aliviar las penas del otro.   Nuestro repertorio de ayuda es como una cajita de primeros auxilios para rupturas amorosas, problemas laborales, situaciones familiares, duelos, noticias sobre el muro de Trump, la economía mundial y paremos de contar. Incluso a veces podemos dar consejos sobre cómo evitar esas situaciones para que no sucedan más en el futuro. Lo hacemos con la mejor intención.

Sin embargo, cuando nos pasa algo a nosotros mismos podemos ser muy duros y críticos, escondernos sintiendo vergüenza, sentirnos las victimas del universo, invertir un montón de tiempo revisando todos los escenarios que pudimos haber contemplado y dejamos de lado en esa situación.  Podemos ser nuestros propios enemigos; peores que aquello (situación, objeto, o persona) que pensamos nos está afectando. Nos olvidamos de aplicar en nosotros mismos la amabilidad que usamos con otros en los momentos de desconcierto. Esto puede conllevar como consecuencia malestares físicos y emocionales que nos afectan personalmente y a nuestro entorno.

Cuando nos damos el permiso de entender que podemos tratarnos de la misma manera como asistimos a otros, suceden muchas cosas buenas. Recuperamos el optimismo, la satisfacción, nuestra autonomía, reducimos la ansiedad y el estrés, nos sentimos bien.  

Hay una razón fisiológica para entender esto.  Cuando estamos conviviendo con el pequeño monstruo que llevamos por dentro, nos desbordamos en noradrenalina la cual trabaja en contra de nuestro bienestar a todo nivel.  Cuando trabajamos la amabilidad, la benevolencia y la atención hacia nosotros mismos producimos oxitocina que es la hormona del sentirse bien. No somos inmunes a la agitación de ese pequeño monstruo, pero podemos aprender a domarlo sin látigo y sin azotes.

¿Flores para domar al pequeño monstruo interno?

Rock Water si somos muy exigentes con nosotros mismos en la búsqueda de la perfección. Nos ayuda a disfrutar el camino, a sentir placer y regocijo en esa búsqueda del ideal que nos hemos establecido.

Pine si nos sentimos culpables por lo que hicimos o dejamos de hacer. Nos ayuda a entender que no somos responsables por todo lo que pasa, que hay elementos que están fuera de nuestro control.

Crab Apple si somos detallistas y queremos cubrir todos los aspectos que suponemos debemos contemplar en una situación específica, si nos amargamos porque no luce como debería.  Nos ayuda a relajarnos y a entender que aún en lo diferente a lo que pensamos puede haber belleza y otro tipo de estética.

Cuando sentimos que el pequeño monstruo está desatado lo primero que podemos hacer es reconocer lo que estamos sintiendo, es decir, las emociones presentes. Luego podemos pensar cómo otros podrían experimentar la misma situación.  Pensemos en qué le diríamos a esa persona que queremos ayudar.  Esto nos ayuda a aprender a cómo tratarnos a nosotros mismos con amabilidad, calidez y respeto. El Dr. Bach hablaba de sanarse uno mismo (Heal Thyself) como base fundamental para ayudar a otros.  Yo lo "traduzco" como  comenzar con nosotros mismos para entender el cómo ayudar a otros. ¡A querernos más!

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© 2017 Marielena Núñez

22 de enero de 2017

El "Chicorazo" del Día


Cuando queremos que nos amen como nosotros queremos que nos amen. Chicory nos ayuda a entender que todos amamos de maneras diferentes. Nos ayuda a recibir el afecto de la manera que viene.....naturalmente.


Imagen tomada de Facebook - Mafalda Dice
© 2017 Marielena Núñez