7 de agosto de 2009

Calgary infiltrada: descubriendo misterios

Debo reconocerlo... mi mamá tenia razón. Las labores del hogar no se me dan fácilmente. Cómo pudo ella detectarlo a mi temprana edad, no lo se, pero si se que tenia la facultad y argumentos suficientes para predecirlo. A lo mejor es algo que se me ve en el cuerpo, un letrero que llevo en la frente, la forma de articular las manos, la actitud general.... ella sabia que clase de hija tenia, especialmente en todo lo referido a las labores de limpieza (por eso es que Ana es mi mano derecha) y a la cocina. Mamá nunca me critico aunque me sacaba del medio rápidamente de manera de no ver desastres y accidentes a mi paso. Sin embargo, conociendo mi motivación y pasión, alimentaba mi materia gris con libros, visitas a las bibliotecas, comprándome enciclopedias (no había computadoras en esa época). Siento profunda admiración por las personas quienes tienen habilidades como cocinar gourmet, decorar, limpiar, lavar, planchar y además, en sus ratos de ocio, pueden hacer maravillas manuales, estar bellas y planificar fiestas!!! Simplemente son geniales, para muestra Julia Child la famosa chef.

Ahora que estoy aquí infiltrada he decidido que entre lectura y lectura, corrección y corrección, entre Tyra Banks, Ellen De Generes y Martha Stewart (no puedo dejar de sorprenderme con los temas que plantean, como se nota que no estoy en Venezuela!!!), y luego de mi caminata matutina, puedo ayudar a Mariel a mantener su apartamento arregladito. No obstante hay dos cosas que no he podido inferir aún: la primera de dónde sale tanta pelusa (no la veo nunca en Venezuela ¿será gracias a Ana?) y, la segunda, por qué siempre se me pierde una media cuando lavo; tengo varios pares de medias incompletas (eso tampoco me pasa en mi país, ¿será nuevamente Ana?).

Lo de la pelusa (una mezcla de polvo, lana, suciedad, fibras de tela, células humanas y partículas cósmicas) es un asunto secreto, inaccesible a mi razón, al trapito de lysol, al detergente y a la aspiradora. Se reproduce a escalas inexplicables y exponenciales así se haya acabado de limpiar. Puedo pasar los pañitos húmedos… pareciera que ya no está y de repente, zas!!! Nuevamente se ven parches de esa cosa donde se acaba de asear. He desatado toda una estrategia metodológica para ubicar si hay agujeros ocultos o válvulas de escape en este lugar (colocadas por algún otro infiltrado del imperio Venezolano) por donde se cuela este fenómeno que busca perturbarme. Tengo dos caminos a seguir, puedo generar toda una investigación doctoral al respecto o pasar el resto de mi vida persiguiendo la famosa pelusa como forma entretenimiento (una opción a ofrecer a Walt Disney World).

El otro misterio a resolver (¿elemental mi querido Watson?) es la razón por la cual siempre desaparece un calcetín cuando hago la lavandería. Tengo montones de medias solitarias llenando las gavetas y esperando tristemente a sus compañeras de vida. He llegado a pensar que la lavadora tiene hambre y se las come. Ya me reconoce y cuando voy a lavar dirá: Yupi, hoy voy a merendar!!

Aquí me recreo con ese tipo de aventuras, en mi país la dinámica nos come como la lavadora a los calcetines.

Flores para los misterios?

Crab Apple
si la limpieza se me convierte en una obsesión, me ayudará a disfrutar o al menos manejar la presencia de la pelusa.

Gentian para manejar el extravío de las calcetas, a lo mejor inesperadamente impongo la moda de los impares.

¿Será que el remolino impetuoso de la vida nos devora en Caracas y la cosa es más sencilla de lo que pensaba?

Nota: mi hija tiene el cartelito en la frente pero tiene excelente disposición y maravillosa actitud (cosa que su mamá no tuvo!!)