20 de agosto de 2009

Inseguridad por la simplicidad

Para mis compatriotas (y para mí) recibir un servicio de calidad es casi como ganar una batalla y salir ileso. Esa es la razón por la cual menciono generalmente el caos en el cual vivimos en mi ciudad y en mi país; me sirve para hacer comparaciones y explicar sobre las emociones, por que al fin y al cabo, todos las experimentamos. Como ejemplo reciente: llevo más de 6 meses solicitando la recolección de basura en el centro empresarial donde trabajo (¿Será por eso que me quedé atrapada en el basurero aquí? ¿Será que Papa Dios y la vida me estaban mostrando una lección? ¿O sería un vudú de las personas a quien he remitido mis quejas por escrito?) y aún no he recibido una respuesta cónsona a la petición sanitaria.

Por la razón anterior, cuando aquí me atienden no puedo dejar de sorprenderme (¿gratamente?). Me traje mi Black Berry, pero la tecnología que usamos en Venezuela es diferente a la que se usa en la cuna de esos aparatos (Canadá). Visité a uno de los proveedores de servicio telefónico a ver cómo podía resolver. Me atendió una jovencita muy diligente y casi sin mediar palabra sacó una SIM card (un chip, le decimos en mi país) y un código numérico. Me dio unas instrucciones que no entendí, primero por que hablaba bajito y después, por eso de las distancias personales de casi un metro y medio entre cuerpo y cuerpo, solo me llegaba el eco lejaníiiiiisimo de su voz. Yo infería pero no entendía lo que me decía. Ella marcó mecánicamente un número y me dijo que hablara para activarlo poniendo en mi mano un auricular (ups!! ¿Cómo? ¿Cuándo? ni idea, auxilio!!). Inmediatamente del otro lado me contestó alguien con acento ininteligible. Cada cuatro palabras que me decía yo le pedía respetuosamente que me repitiera, y mientras mas lo hacía, más sorda yo me volvía; es decir, no entendía NADA (ni del inglés ni de la explicación técnica). Comencé a sudar frío, en mi imaginación me veía corriendo hacia la puerta en cámara lenta, como aquella película Chariots of Fire. En una de esas interacciones, la dama al otro lado de la línea telefónica me habló de la legalidad y demandas del uso del Black Berry en este país..... Esa era mi oportunidad, no la podía perder... le respondí con mucha seguridad okey (en venezolano) y presioné "accidentalmente" el botón para cortar la comunicación. Me salvé... por los momentos (¿cómo sería la cara de la señora al otro lado del teléfono?). La jovencita juraba que yo había resuelto lo de la conexión. (ujum!) Sorprendida me dio entonces unas instrucciones para que lo hiciera desde mi casa. Ella no podía entender qué había sucedido (igualito que en mi país!!) Ufff...! que alivio, podría hacer el ridículo yo sola, sin testigos, desde la tranquilidad del hogar.

Apenas llegué a casa marqué el número que me suministraron.... era un sistema automatizado de voz. En ninguna de las opciones había ser humano que respondiera (ni siquiera la ininteligible). Lo mejor de la situación era que dicho servicio se activaba a través de instrucciones verbales no digitales (de dedo!!). Como por arte de magia cada vez que tenía que decir el comando..... me venía un ataque de tos (esa que traje de Caracas) y el sistema entendía una instrucción diferente a lo que yo quería. Así pasé (tosiendo y obteniendo el resultado incorrecto) no se cuantos largos minutos hasta que desistí. Pensé que iba a dañar el famoso sistema y me lo iban a cobrar como nuevo por causar algún corto circuito. ¿Resultado final? Valen, mi querida amiga, llamó por su propia voluntad a mi operadora celular en Venezuela y me instalaron el roaming. Pero ni se les ocurra llamarme pues les va a salir cariiiiiiiiiisimo.

Flores para la inseguridad?

Mimulus para el susto (no dejaba que expresara que no entendía nada), me dará más valentía y firmeza al no tener temor.

Larch para la inseguridad que sentía cuando me hablaban y no entendía los tecnicismos asociados al Black Berry, para desarrollar confianza en mis habilidades y capacidad de manejar el riesgo.

Cherry Plum para controlar mis pensamientos temerosos y no desbordarme, dominar esa "fiera" que llevo por dentro.

Me pregunto que "comprendería" el sistema automatizado cada vez que yo tosía. Por cierto, jugando con el celular me dí cuenta el montón de opciones para los mensajes que yo desconocía, realmente cúmulos de alternativas. Gracias Diosito por la simplicidad de mí día a día, ya es suficiente con twitter, Facebook, webnotes y los misceláneos.

1 comentario:

  1. Hola Marielena; me anime a buscar el correo donde me habias enviado el primer Blog, he disfrutado enormemente poder leer tus relatos, siento que disfrutas mucho haciendo esto y al mismo tiempo disfrutan los lectores. Estoy muy feliz me llego un correo de Centro Bach, me busque en el Registro y disfrute mucho ver mi inclusion.Finalmente me estoy enterando que la tos continua...Que paso con el Tarthepedreel, gotas? lo tomaste? No descarto un componente alergico. TQM, un abrazo, Astrid.

    ResponderEliminar