16 de octubre de 2009

La innombrable


Hoy cuando llegaba de mi oficina me encontré con mi vecina que sabe la vida, obra, milagros, últimas actividades y hechos resaltantes de nuestra comunidad habitacional (léase edificio). No sé cómo se las arregla pero sabe todo de todos los residentes (¿Qué sabrá de mí? ¿Revisará mi página de Facebook? ¿Me seguirá por Twitter?). Aunque me aclaró, por si acaso, que se lo pasaba metida en su casa pues tenía muchas cosas que hacer y a que dedicarse. Probablemente la información le llega por permeabilidad magnética, aunque seguro tiene sensores extra finos puesto que sabe los más mínimos detalles del movimiento de la comunidad. Yo creo que sabe mi hora de llegada y se esconde detrás de la puerta; cuando advierte que meto la llave en la cerradura.... zas!!! Busca llamar mi atención a como dé lugar, casi sosteniendo la puerta por mí (a lo mejor es familiar de la Doña del supermercado y los tomates, o aprendieron al misma técnica de avance). Cuando yo la "siento" apuro el paso, abro la reja (en Venezuela las rejas forman parte de la arquitectura urbana), y la cierro a la velocidad del rayo para evitar encuentros cercanos del tercer tipo. Ella debe entrar en cualquiera de las tipologías de ese temario ufológico. A lo mejor viaja en nave espacial, o desciende siempre cerca de mi apartamento con la caída de un meteorito o a través de una estrella fugaz. La historia con la cual me esperaba esta vez (a mi o al venadito inocente que pasara cerca de ella) era sobre la vecina del sexto piso, contemporánea conmigo; acababa de fallecer, que en paz descanse. También me dijo que otra señora, también de mi misma época, quien estaciona su vehículo frente al mío, tenía cáncer estomacal. Culminó su ameno relato de decesos, enfermedades y catástrofes con dos historias similares, sobre la conserje y sobre su hermana.

Me vino entonces a la mente una conversación matutina con mi socio quien hace poco estuvo muy enfermo y rememoré cómo mis ojos le pasaban disimuladamente revista a manera de scanner mientras él hablaba, escudriñando para verificar su bienestar. También recapitulaba, en mi mente conmovida, la trama elaborada sobre las personas comentadas por mi vecina. La cercanía de ese hecho innombrable, al que a veces le temo más que otras veces...la muerte....estaba sobre el tapete.

Evoqué a mi abuelita cuando ya viejecita decía que iba a morir y yo me deshacía en lágrimas de imaginarla e imaginarme en sufrimiento. Recordé las escalas numerales que hacía de niña para predecir a quien de mis seres queridos le tocaría el próximo número de la lotería de la vida y a la vez como le pedía a Diosito que los cuidará (y me cuidara a mi también!). Me acordé de mi profesor de Filosofía de la Educación quien insistía que temer a la muerte era un absurdo acto de inmadurez (sería para él, a mi todavía me dan escalofríos!!). Discurrí entonces por muchas cosas: mis dos maravillosos hijos fuente infinita de inspiración, el verdor y belleza de mi caótica ciudad, las oportunidades vividas, las extraordinarias personas en todas partes del mundo incluyendo Venezuela a quienes he conocido, los amaneceres y anocheceres, los pajaritos que se posan en mi ventana con la luz del día (me hacen entender que estoy vivita), el sol y el calorcito tropical sobre mi piel, mi mamá y mi abuela como símbolos de esperanza, música, bailes, sabores y paisajes, Pangea como proyecto personal, la amistad compartida a lo largo del camino..... todo eso sin tristezas, con una sonrisota dibujada en mis labios, con agradecimiento infinito a Papa Dios, porque a mí .....nadie me quita lo bailado!!!!


Flores para mi introspección reflexiva?

Aspen para ese temor ansioso que provoca la innombrable; ese qué habrá después, de manera que pueda identificarlo y manejarlo efectivamente.

Star of Bethlehem para encontrar el consuelo luego de las noticias y eventos traumáticos.

Red Chestnut para la ansiedad temerosa por los seres queridos, esa que adelanta catástrofes. Para ocuparnos más que preocuparnos.


Yo he hecho un pacto conmigo misma: participar activamente de la vida y disfrutar de los placeres simples que ella me ofrece. Quiero decirle a San Pedro cuando me toque (aunque suene redicho o cursi): confieso que he vivido, cuál es la nube que me asignaron?

4 comentarios:

  1. Excelente tu blog!!! Diosss que cómica... me reí en todos, no conocia ese otro gran don de humorista que hay en ti... saludos!!

    ResponderEliminar
  2. Muy lindo Marielena, ni bien llegué de tu taller, entré a ver tu blog.
    Felicitaciones, por todos tus logros.
    Ya me suscribí.
    Abrazo argentino para tí.
    Miriam

    ResponderEliminar
  3. Gracias por tu gentileza Miriam, fue un verdadero placer compartir con todos ustedes. me robaron el corazón,

    Un abrazo,

    Marielena

    ResponderEliminar