12 de octubre de 2009

Preguntas "inteligentes"

Hoy fui al supermercado a comprar algunas cositas pues vamos a tener huéspedes Mexicanos por una semana y el refrigerador estaba vacío. Mientras seleccionaba los tomates, vi de reojo a una intimidante señora quien me observaba con mirada inquisidora. Me dije a mi misma "¿estarás apretando muy fuerte a los pobres vegetales y ella es de la sociedad protectora de cultivos hidropónicos? ¿será que le hiciste algo en algún momento de tu vida pasada y ahora busca venganza?" Me sentí atemorizada, se me metió algo en el cuerpo que no podía reconocer. Me hice la loca y cambié de posición por una más estratégica, de manera que si me saltaba encima, o lo intentaba, yo podría huir por la derecha, otra opción era utilizar el carrito como defensa. Para mi sorpresa ella se movió también. Ups!! la cosa es seria me dije, piensa rápidamente si debes dinero, si pediste algo prestado que no devolviste, si es la vecina de la junta de condominio a quien le estas sacando el cuerpo y descubrió donde haces las compras. De repente me preguntó lo que yo temía "¿no te acuerdas de mi?". Ay mamá!!, comencé a repasar rápidamente por lo menos 40 años de mi vida en menos de un minuto, haciendo el cálculo por el look y edad aproximada de mi interrogadora. Yo respondí con seguridad "Claro, cómo estás? ¿Dónde estás trabajando?" me respondió que en una compañía petrolera; yo pensé será que en algún momento coincidimos? Pero luego me comentó que ella había salido unos meses luego que yo lo había hecho; eso me desorientó. Seguí con mis "inteligentes" preguntas (esas que no se hacen!!) , le pregunté por sus hijos y ella me dijo que no tenía ninguno. Zuas!! no tenía ni idea de quien era la doña. De repente me comenzó a hablar de la gente de una firma consultora donde trabajé por los años ochenta. Yo debía tener cara de loca y ojos desorbitados mientras trataba de ubicarla, su gestualidad me lo mostraba. Sentí entonces temor de no poder reconocerla (¿senilidad?). En una de esas me despedí abruptamente. Pero de repente, en el mismísimo puesto de los vegetales verdes, esos de muchas hojas, conecté las neuronas. Mi hija dice que si no se intenta recordar las susodichas se mueren, así que me las exprimí en el cerebro hasta que hicieron sinapsis al mismo tiempo que seleccionaba las lechugas. ¡Era la secretaria de mi ex-jefe el verdugo!, donde aprendí en 12 meses todo lo que me duraría una vida... de tanto sufrimiento!!! Me devolví y le pedí disculpas; ella pensaría que yo estaba bajo medicamentación o sufría de bipolaridad supongo yo. Le dije que ahora si la había recordado, y como cierre de la conversación intercambiamos números telefónicos y pines de Blackberry, que probablemente nunca anotó... por si acaso yo fuese realmente una demente.

Es que me doy cuenta que soy un as para recordar caras más no nombres. O a lo mejor con el tiempo la gente no se parece a lo que se parecía, pero ella me reconoció a pesar de mis kilitos de más. Conclusión: yo no cambié y ella sí. Un halago para mi ego añejado. Este don mío de perder los nombres no es nuevo, lo tengo activado en memoria RAM desde que tengo razón de ser. Se hace más acentuado cuando los nombres no son de uso cotidiano (tipo Carmen, Rosa, María, Juan) sino que son combinaciones de nombres, muy usuales en Venezuela. Recuerdo que cuando daba clases a personas jóvenes nunca sabía si los nombres eran de género femenino o masculino (Roxar, Hecmar, Maratón,Jasmyl, Festal, Usnav), y muchas veces pasé mis vergüenzas. Ahora en inglés pasa lo mismo no se si Dakota es de hombre, de mujer o de lugar, o si Apple es masculino, femenino, una fruta o una marca de computadoras. Ese don también se me da con las acentuaciones, afortunadamente no en español pero si en inglés o en francés, y al cambiar la sílaba tónica puedo pasar de decir un halago a producir un chiste (para no caer en detalles).

Esas mismas preguntas inteligentes se me pueden venir a la mente (y a los labios) en momentos de incómodo silencio, buscando ser amable, y puedo terminar escuchando toda una historia de amor y dolor con un tan solo ¿cómo estás? ¿y usted que hace?...plin plin!!


Flores para las preguntas y encuentros?

Aspen para los miedos que se instalan pero no podemos reconocer su causa, esos que son tipo pálpito, premonición para que nos ayude a reconocer el objeto de nuestro temor.

Mimulus para el temor por las cosas conocidas en mi caso no poder recordar, para recuperar mi serena valentía y actuar seguramente.

Centaury para mi exceso de amabilidad que a veces puede llevarme a no poner límites, para que aprenda a decir no.

Afortunadamente mis hijos y yo tenemos una especie de código, no escrito, no explicito mediante el cual solo con la respiración o con intercambio de miradas sabemos cuando hay disposición o no de intercambiar mensajes, sin necesidad de sentirse ofendidos o maltratados o simplemente intimidados. Como dice mi hijo no tenemos que utilizar filtros!!!


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