30 de noviembre de 2009

Retrospectiva festiva


Hoy es el primer domingo de adviento, estoy en la ciudad de Monterrey, México y me deslumbra ver los signos de la próxima celebración del año…. la navidad. Esta es una hermosa época, la gente se ve feliz, se respira un espíritu especial, bazares por doquier, se come como si durante el año no hubo nada en casa para alimentarse o como si el refrigerador estuvo siempre vacío. Cada quien tiene una experiencia particular con la misma festividad. Yo tengo variadas.

En mi tierna infancia, mi abuela, la matriarca, aglutinaba a sus hijos e hijas, con la consiguiente familia política, a su alrededor. N -a- d- i- e osaba decir que tenía otro "plan", bajo el riesgo que fueran las últimas navidades de la abuela, según firmes advertencias de ella misma. Las fiestas familiares contaban con un gentío bárbaro (a números me refiero, no a comportamientos). Recuerdo montones de primos esperando la venida del Niño Jesús con sus regalos (en Venezuela lo de Santa es bastante nuevo). Siempre me preguntaba cómo podía un infante, con pañales no desechables, cargar con tantas cosas y repartirlas por todo el mundo en el mismo momento, por lo menos San Nicolás tiene ayudantes en el Polo Norte. Mi mamá escondía mis regalos en casa de mi tía Mary junto con los de mis primos. Lo que no sabían era que habíamos encontrado el lugar donde los ocultaban. Así pues que habríamos jugado durante por lo menos tres semanas con las Barbies antes de recibirlas “formalmente”, y tanto mi tía como mamá se asombraban de nuestro pobre interés por los nuevos juguetes.

Todo el mundo "estrenaba" ropa de fiesta que nada más servía para eso…fiestas. Eso implicaba que habría que usar la vestimenta (esa, LA festiva) para cualquier ágape, no importaba si fuese sencillo o majestuoso (bueh... no tanto como lentejuelas, pero algunas veces estábamos sobre vestidos para la ocasión). Las comidas eran abundantes en proteínas, carbohidratos y grasas saturadas-no saturadas y trans (para hacer la delicia de diabéticos e híper lipidémicos) además de ser servidas en cantidades industriales. Justamente por esa opulencia habría que comer hallacas (una suerte de tamal exótico envuelta en hojas de plátano) para desayuno, almuerzo y cena sin derecho a quejarse, a menos que se quisiera pasar toda la festividad en huelga de hambre.

Mi mamá disfrutaba mucho de "montar" la navidad (los adornos) en la casa, mientras que yo le temía a ese entusiasmo pues sabía que nadie me iba a salvar de armar el arbolito y el nacimiento. Ojo, no era que no me gustara en sí, es que soy más bien minimalista y mi mamá era prodiga en sus gustos. Este “armado” repercutía directamente en el mes de enero cuando ya se había acabado la celebración. Aunque yo hubiese abogado por la máxima expresión con los mínimos medios me iba tocar desmontar y guardar el montón de bolitas, adornitos y luces que se había sacado para engalanar la festividad… los cuales nunca cabían en las cajas de origen!!!!.

Las fiestas siempre eran del mismo perfil, sobre todo para los niños y los jóvenes de aquel momento.... un fastidio. Los que se divertían eran los grandes (comían, tomaban, contaban sus cuentos). Nosotros los más mozos soñábamos en fiestas en la playa, en otros sitios con mucha música y baile, con otras personas más divertidas que nosotros (eso creíamos!!), llenas de emoción y por supuesto con fuegos artificiales (teníamos vocación piro maníaca).

De adulta, ya sin mi abuelita o sin mamá, fui yo la del arbolito y del pesebre, de los aguinaldos y parrandas navideñas, de las tortas negras de frutas confitadas, de las coronas de pino en las puertas, del Jingle Bells el primero de diciembre, del amigo secreto y los intercambios de regalos. De la lucha a finales de enero para desmontar el espíritu decembrino. Pobres hijos míos, la historia se repite... esto es epigenético!!!!

Flores para mi retrospección navideña?

Honeysuckle para las añoranzas de ese pasado, me ayudará a vivir mi navidad presente y disfrutarla al máximo sin necesidad de compararla bajo el filtro de la nostalgia.

Hornbeam para la postergación y el fastidio que me daba el pensar en montar el arbolito y desmotarlo en enero, me hubiese ayudado a tener mayor motivación y echarle más ganas.

Beech para la crítica sobre las maneras de cómo la familia organizaba las celebraciones, me hubiese ayudado a entender los puntos de vista de mis mayores así como las razones que los impulsaban.


Ana, mi Terminator insiste en que adorne abundantemente mi casa con motivos navideños. Sin embargo, he encontrado que en sus faenas de aseo han quedado mochos, tuertos, cojos e inválidos los integrantes del nacimiento y los adornos del arbolito están en su mayoría abollados. Así que tengo una excusa legitima para mi minimalismo ornamental.

2 comentarios:

  1. Un gran regalo navideño tu libro gota a gota. Mayestra, Esta excelente deseo sinceramene que pronto se agote la edición. Busquenlo y adquieranlo les encantara Vuelve pronto a Mexico

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