19 de mayo de 2010

Hablando sobre Romeo y Julieta

Los que me conocen y han leído mis libros saben que me encanta el cine. Mis gustos han variado con la edad. Cuando niña y cuando mis hijos estaban pequeñitos mis temas eran los de Disney y películas como la Bella Durmiente, Cenicienta, la Sirenita, Aladino, Pocahontas, la Bella y la Bestia, Toy Story, entre muchas otras. Más hacia la adolescencia me gustaban las películas de suspenso y terror, me inspiraba Edgar Alan Poe. Luego cuando entré a la universidad y por influencia de los neo existencialistas, como mi prima Livia, veía películas de Ingmar Bergman (que tortura!!) y Woody Allen. Luego me gustaron las películas de detectives y acción del tipo CSI actual, para llegar a esta edad en la que veo comedias para reírme y películas con finales felices, a veces poco creíbles.

Ayer me fui con mi hija al cine a ver Cartas a Julieta con Vanessa Redgrave y Amanda Seyfried. Según la trama, en Verona - Italia, las mujeres escriben cartas que colocan en un muro bajo el balcón donde Julieta escuchaba y veía a Romeo cuando tormentosamente la visitaba sin que los viejos Capuleto se percataran de la situación. Las cartas tenían como objetivo pedirle a Julieta, tal cual santa, que les cumpliera el deseo de buscarle un príncipe azul o en inglés Mr. Right (el señor apropiado). Debo acotar que cuando fui a Verona hace un montón de años no me percaté de ese detallazo, me refiero a cumplir peticiones. Me dije a mi misma que en Venezuela es la misma historia pero en lugar de usar a la romántica dama de la tragedia, las féminas tienen más variedad: amarran y ponen de cabeza al pobre San Antonio y más recientemente al desafortunado San Expedito patrono de las causas difíciles cuando el Toño no da pie con bola. Otras le amarran la genitalia a Poncio Pilatos, cosa que no entiendo porque él es de los que se lavan las manos. Las que no son muy católicas recurren a María Gracia, una joven recién casada que murió en su noche de bodas picada de serpiente antes de llegar a su aposento, salvándose de los quehaceres del hogar y de la pesadilla que hubiese sido su viudo.

Pensé entonces que el tema de la búsqueda de la media naranja es un asunto universal o al menos de la cultura occidental: es una utopía romántica de las películas o cuentos. Me preguntaba si esta diferencia entre los cerebros masculinos y femeninos tenía algo que ver. Desde chiquitas, aunque algunas los nieguen, las mujeres piensan en el matrimonio, jugamos a la casita, a ser la mamá, y hasta en la primera comunión nos visten de mini novias (por lo menos hasta hace poco era así, gracias a Dios los tiempos cambian). Los hombres no piensan así, ellos desde pequeños son los cazadores, los aventureros, los nómadas (en la primera comunión los vestían de muñequitos de torta o de marineritos). Recuerdo a mis primas, de una o dos generaciones anteriores a la mía, viendo por la finada Radio Caracas Televisión a Ana Teresa Cifuentes La Perfecta Ama de Casa, suspirando por querer llegar a ser como ella. Dicha señora estaba impecablemente vestida y entaconada, con delantal incorporado, con un peinado tipo Héctor (de la Ilíada, no mi tío) el del tremolante casco, abriendo y cerrando una nevera todo el tiempo que duraba el programa. Daba recetas de toda índole para consentir al príncipe que llegaría a sus vidas, incluyendo platillos súper elaborados de su recetario enciclopédico. ¿Cómo haría esa señora para pasar coleto, lavar ropa y limpiar la casa en esos estiletos?

Recuerdo que cuando tuve a mis hijos quise romper ese molde arquetipal. Claro venía creciendo con la exposición a la rebeldía de las mujeres quema sostenes de los 70 quienes buscaban igualdad (ujum!). Le dí entonces a mi hijo muñecos para que jugara con su hermana y a ella le daba carritos y camiones. Un día me encontré a Mariel bañando, cambiando pañales y acunando un camión de bomberos y a Julián jugando con unas espadas que había improvisado con las piernas de un muñeco. Conclusión: está en la biología, lo explican las neurociencias, nuestras hormonas marcan los comportamientos. ¿Quieren ejemplos? Las mujeres podemos hacer varias cosas a la vez (no significa que todas salgan bien, ojo!!); podemos cocinar, hablar por teléfono, enviar mensajes de texto, ver por encima del hombro a ver qué están haciendo los niños y colocarse rimmel al mismo tiempo. Un hombre hace una sola cosa por vez, tiene visión de túnel, directa a su objetivo, es cazador (¿recuerdan?), no hablaré del control de la tv, me niego. Las mujeres ante una situación problemática queremos contarla con lujo de detalles, y podemos al mismo tiempo hacer sub- historias con el mismo tema. El hombre busca resolver la situación, así que cuando la mujer trata de contarle todo el rollo del día, él va a tratar de ir justo al punto para que ella no sufra más y ella se molestará porque solo quiere que la escuchen. La mujer necesita sentirse querida, abrazada para tener sexo, a veces lo primero y no lo segundo (ésto no lo entienden los [muchos] caballeros). El hombre necesita tener sexo para sentir que ama (no voy a entrar en discusiones bizantinas en este particular). La mujer puede recordar situaciones que pasaron hace billones de años, los hombres las dan por resueltas. Todo tiene que ver son la vinagreta de testosterona de ellos y la salsita de estrógenos de nosotras en las cuales se remoja nuestro cerebro desde el momento de nuestro desarrollo en el vientre materno.

¿A qué viene todo esto? Simplemente a que es muy difícil hallar al príncipe azul, a esa media naranja de la cual se habla. Porque para encontrarlo tendríamos que tener un clon nuestro vestido con ropa del otro sexo, casi una fotografía nuestra con bigote y barba, o con falda y brassiere si mis lectores son del género masculino. Nadie nos va a dar lo que nos falta. Si no somos felices con nosotros mismos es muy difícil que otro ser venga a darnos felicidad, ni siquiera los hijos. A veces escucho entre mis amistades y conocidos la fotografía de ese ideal: "alto, moreno, bien dotado, con abdominales tipo cuadritos de chocolate, millonario, ejecutivo, estudiado, bueno en la cama". Y yo me pregunto: ¿qué está ofreciendo esa soñadora a cambio? Mínimo lo mismo, aspiraría ese súper héroe de fantasía.

Flores para las Julietas de este mundo?
Clematis si nos la pasamos en las nubes soñando con un tipazo de otra galaxia, para poner los pies en el suelo y ver qué es lo que hay en los alrededores y poblaciones circunvecinas.

Beech si somos muy críticos con los haberes de los potenciales candidatos, para que nos pongamos en el lugar del otro y veamos desde allá lo que hay acá.

Larch si nos falta confianza en nuestra capacidad para atraer a otros a nuestro lado, para que creamos en nuestra potencialidad.

La felicidad es un estado mental. Lo que me hace feliz a mi no necesariamente hace feliz a otra persona, ¿capicci, como diría la susodicha de Verona? No hay medias naranjas, ni almas gemelas, fíjense niñas que los caballeros no piensan así. Yo que me imaginaba que el balconcito famoso era diferente. Julieta para ser tan muchachita era precoz, no era una mosquita muerta!! ¿Sería que los Capuleto sabían el tesoro que tenían y que los Montesco estaban protegiendo a su ingenuo Romeo?

1 comentario:

  1. Oferta de control remoto anunciada a INDEPABIS válida hasta el 30 de junio o hasta agotarse la existencia...upsss ya se agotó jejejeje

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