23 de junio de 2010

¿Verde de la envidia?

Por alguna razón las personas piensan que yo no tengo situaciones complicadas, ni me enfermo, ni hay tristezas en mi vida. Pues muy equivocadas están. Yo soy humana, de carne y hueso, tengo cuatro litros de sangre corriendo por mis venas (no horchata ni chicha), trabajo y tengo familia. En otras palabras soy tan “normal” (ujum) como cualquiera de mis lectores. Después de escribir Waka Waka pasaron cosas que en un momento se hicieron sentir como agobiantes. La tos se incrementó, tuve hemorragia en ambos tímpanos, estaba en mis exámenes médicos de rutina, mi tío Martín falleció un día después de publicar mi entrada anterior, viajé a Montevideo a mi diplomado de Biocognición, di una conferencia en esa bella ciudad, dicté un curso de 16 horas seguidas, todo esto aderezado con innumerables noticias de corte financiero, político y social en mi país. Todo como para estar “tranquilita” casi eléctrica, al borde de un ataque de nervios como la película famosa de Almodóvar o para estar conectada con el espíritu de estos venezolanos tiempos a algún largo metraje de Oliver Stone (omito adjetivos a propósito).
En el avión de regreso había una expedición de chicas de la edad dorada emocionadísimas ante la idea de encontrar el calor tropical, pasaron desde las 2.50 AM hasta las 10.30 AM conversando, tomando vino y riéndose. En otras palabras, no había manera de pegar un ojo aunque lo quisiera. Además por alguna razón sentía que el espacio para las piernas se había encogido o yo había crecido repentinamente de ancho y de largo (no es que la comida de los aviones sea apetitosa!!). Las películas ya las había visto: The Proposal (La propuesta con Sandra Bullock, creo que ese es el nombre en español, los cambian de país en país para que uno caiga por inocente y las vea de nuevo) y Valentine’s Day (Día de San Valentín con un montón de actores famosos que aparecen por 5 minutos en escenas incomprensibles). Así que como había culminado con el libro que había llevado apelé por la revista del avión. Realmente no había nada que llamara mi atención hasta que llegué a un artículo sobre…… La Envidia publicado por Harvard Business School. Ante la imposibilidad de dormir, esa lectura era una opción somnífera entre los innumerables (¿interesantes?) artículos de futbol o contar ovejitas, pero recordé que no soy buena con los números. Los autores se lanzaron a dar explicaciones sobre lo universal de esa emoción, cómo evitar ser consumidos por ella e incluso cómo ponerla a trabajar a nuestro favor con un plan de acción para reconocerla y re direccionarla. Explicaban que las dos manifestaciones comunes del mencionado sentimiento son el descrédito y el distanciamiento. La intelectualización de los sentimientos es solo eso intelectualización, no mejora la envidia a mi parecer.
Comencé con mis reflexiones. Aja, ¿y las personas que dicen que tienen envidia de la buena o de la sana? ¿Dónde entran en las manifestaciones mencionadas por los autores de Harvard? ¿Existirá tal emoción o es simplemente un buen deseo? ¿Será un mal deseo disfrazado? ¿Qué será de las personas que se ponen verdes de la envidia? Pensé entonces que estaba dejando una ciudad tranquila, donde la gente camina por las calles de noche, donde no se habla de inseguridad, donde los jóvenes se juntan en las ramblas a conversar y a compartir el mate sin más preocupación que el transcurrir de los minutos diminutos. Comparé mí día a día y mí noche a noche. Mis pensamientos sobre las salidas nocturnas de mi primogénito rumbero cuando no se sabe a qué horas llegará, la paranoia con los motorizados capitalinos, mis idas al cine en horario matutino y vespertino para no correr riesgos o secuestros. Experimenté entonces….envidia de la sana.
Flores para la envidia de la sana?
Holly para que ante situaciones donde se nos produzca la envidia podamos detectar qué es lo que nos afecta, podamos enfocarnos en nosotros mismos y reafirmar nuestras fortalezas.
Willow para dejar de lamentarnos de nuestro destino y asumir el control de lo que nos pasa sin victimizarnos.
Elm para manejar el agobio por el montón de cosas a realizar en nuestra cotidianidad, jerarquizándolas, para resolverlas, sin perder confianza en nosotros mismos.
Como me gustaría que Caracas en lugar de estar de última en el listado de las ciudades con mayor calidad de vida estuviese en la mitad de esa clasificación por lo menos. Me tendría que preocupar menos por la seguridad y ocuparme más de variadas distracciones. Gooooooooool de Uruguay!!!! Cero envidia para esta venezolana, empate técnico en esperanzas de futuro por un mejor país.

Marielena Nuñez

Me encantaría ver este juego de futbol

11 de junio de 2010

Waka Waka

Anoche pasé la noche entre periodos de tos y de sueño gracias a unos palitos de incienso y humo de cigarrillo que respiré sin voluntaria intención. Me levanté como de costumbre. Sin ser el día de racionamiento de mi zona, al abrir la llave para ducharme encontré que no había agua. Rápidamente recurrí al plan B diseñado para esa situación “Operación Minalba”. Ya lista me dirigí a mi oficina, allí, pensé, tomaría el desayuno (no quería ensuciar platos bajo esas circunstancias de racionamiento). Me obligué a recordar un reciente discurso del presidente, de una de las 4 interminables cadenas de esta semana (bueh… hoy es viernes que dan dos días más). Estoy segurísima que dijo que ya no habría cortes de agua ni de luz, que ya Venezuela estaba resuelta (¿será que nadie de los que trabajan en esos menesteres se enteró de la noticia?). El hecho cierto es que me fui por la autopista, y no había mucha gente. ¿Será que me equivoqué de hora? pensé viendo mi reloj. Revisé la hora en mi celular, pero no…todo estaba bien en relación al tiempo. Llegué con 20 minutos adelantados a mi destino final (¿en Caracas? Ma, Non é possibile). Me dirigí a la panadería a buscar mi brebaje energético (léase café). Justamente en el medio del bebedizo, me di cuenta que había un televisor encendido y un grupo más o menos numeroso de gente aglutinada e hipnotizada viendo lo que estaban pasando. Inmediatamente pensé: ¿Caería el gobierno y ni me enteré? ¿Se desbordaría ahora el Guaire con la llovedera? ¿Llegarían ovnis y tomarían Caracas por sorpresa? Pues no, era la ceremonia de inauguración del Mundial de Futbol 2010 Sur África y yo ni me había enterado!!!!.


Pensé que los venezolanos somos muy particulares en el mejor sentido de la palabra, vamos como las mangas direccionales de las pistas de aterrizaje: por donde nos lleve el viento. Me refiero a la fiebre del mundial de futbol, o a la de las olimpiadas, o a la de los juegos de invierno (aquí la única nieve que existe está en la cima del Pico Bolívar de Mérida, y es de decoración, no se esquía!!) El futbol es una pasión reciente, no es como en Colombia, México, Uruguay o Argentina un deporte de tradición. La digna Vino Tinto no tiene la experiencia de Los Leones del Caracas o de Los Navegantes del Magallanes. Antes siempre fue beisbol y para los más mayorcitos/gorditos/panzones/mujeres era el softbol. La razón que siempre se me dio sobre nuestro deporte nacional (beisbol) es que somos caribeños (lo que eso implique o signifique, a lo mejor era para que dejara de preguntar y me callara!!). Aquí solo jugaban ese deporte del mundial las conocidas colonias. Había equipos de oriundos portugueses, españoles e italianos radicados en el país. El estadio universitario de futbol solo era para ellos. Mi tío Martín vino a estas tierras desde Zaragoza- España a jugar y se enamoró de mi tía Carmen, y aquí se quedó para siempre, tan tán! Es más, yo solo recuerdo el futbol a partir del año 1970 porque fue mi gran excusa para no estudiar para el examen final de física. Casi me reprueban pues yo me obligaba a ver partidos que ni entendía con tal de no agarrar el problemario de Camero y Crespo. De esas sesiones de trance únicamente recuerdo la ruedita de cambio de canales de televisor y que fue celebrado en México. Papá Dios que siempre juega en mi equipo (con shorts larguitos tipo Beckham y colita de caballo, le da un look muy deportivo; probablemente la túnica es algo incómoda para correr en el campo de juego) logró que pasara exitosamente el examen tanto teórico como práctico.

Pues desde hace unas dos décadas mis compatriotas se han llenado de la fiebre universal del deporte, mis hijos tuvieron los álbumes de Panini, mis amigos se compran las banderitas que colocan en sus automóviles, la gente hace quinielas y hablan en argot deportivo como expertos. Hasta existen aplicaciones made in Venezuela para el Black Berry con resultados de los partidos en tiempo real. Caracas se convierte en pueblo fantasma durante los juegos y en torbellino de alegría en Las Mercedes luego de los juegos. No hay un solo lugar que se respete donde se escape un aparatazo de alta definición / tercera dimensión / plasma encendido en los canales que trasmiten el gran evento (léase Televisor). Hoy estaba en la farmacia comprando mis remedios para la tos y frente a las cajas registradoras los clientes aprovechaban la interminable fila para ver a los franceses jugando contra los uruguayos. Buen plan para mantener a la gente calmada en la espera. Por supuesto que yo no sé nada, ni entiendo nada, ni me interesa pasar horas en ese frenesí. Lo respeto pero yo…..no tengo paciencia.

Flores para manejar el entusiasmo?

Vervain si quiero convencer y persuadir a otros sobre las cualidades y bondades de mi equipo. Podré pasar mis puntos de vista sin hacerme sentir como vendedor de resort en Margarita.

Vine si impongo mi criterio y todos en la familia tienen que apoyar a mi equipo, como un mandato. Me ayudará a manejar mi liderazgo y entender el patrocinio /decisiones de otros con respeto.

Escuchaba hoy a varias locutoras de radio que no van a analizar a las jugadas sino a los jugadores. Están haciendo todo un estudio demográfico comparativo de los buenos mozos y menos mozos, del tamaño de los chores (shorts en venezolano), de las piernas y un sinfín de atributos más. Voy a tener que buscarme un tema alterno para distraerme, esto va a ser para laaaargo, waka waka!!!

Nota:

Primera: Minalba es agua mineral que viene en prácticas botellitas de 250, 750 mililitros; yo utilizo para mi plan B botellas de 5 litros.

Segunda: mientras escribo esta entrada hay una persona desafinadísima pero súper inspirada cantando en karaoke una canción ininteligible. Seguro que a ese no le gusta el futbol, están transmitiendo un juego en esté momento.


Marielena Núñez



6 de junio de 2010

Hágalo usted mismo



Probablemente las personas contemporáneas conmigo (baby boomers) tuvieron la experiencia de conocer farmacias, casa de abastos, ferreterías donde se pedía directamente aquello que se iba a comprar: un litro de leche, una cajita de aspirinas, un kilo de cemento. Siempre había un dueño o dependiente que era un experto en su ramo y los vendedores asistentes quienes lo auxiliaban a él y a los compradores.
En Caracas esos tipos de expendios han sido transformados en cadenas comerciales. Quedan muy pocas de sus predecesoras. Yo no sé si es la influencia del Norte, irónicamente llamado por estas tierras el Imperio, pero ya las ferreterías del pasado han sido transformadas en unos inmensos galpones de innumerables pasillos llenos de especialidades que yo ni sabía existían. Esto ha hecho que limite mis visitas para evitar no solo perderme en esas sabanas inmensas de herrajes, llaves inglesas y brochas sino de verme como la mujer más ignorante del mundo en las tareas del bricolaje o como dicen en los países anglosajones del Do-it-Yourself. (¿Quién carrizo dijo que yo quería hacerlo yo misma?). Pero debo advertir que así como yo me paralizo ante la enorme variedad de adminículos expuestos hay otras personas quienes entran en momentos de clímax (casi gimen y se contorsionan) al ver martillos, serruchos y tuercas, toda una experiencia de placer.
Durante mi visita reciente a Calgary tuve la ingeniosa idea de visitar uno de estos centros ferreteros porque estaba buscando un organizador de closets y una puerta de malla para el balcón de manera de repeler los insectos voladores. Quise sorprender a mi hija comprándolas. Pues claro que la sorprendí, pero con un ataque de ansiedad. Estuve perdida dentro del local casi tres horas dando vueltas entre cantidades de sub-especies de bombillos, cables, enchufes y misceláneos. Tuve que llamarla por teléfono para que me rescatara porque los dependientes debían pensar que quería asaltar la tienda y estaba dibujando una estrategia de ataque terrorista.
Ya en mi terruño natal tuve que pasar por otro suplicio ferreteril. El plomero hizo una visita de emergencia a casa y me pidió que comprara unos repuestos. Me dije a mi misma: tranquila Marielena aquí todos hablan tu idioma, además los venezolanos somos muy regalados y alguien te va a prestar ayuda. Llegué con la pieza modelo en mano y cara de turista latina en mercado persa (perdidísima). Mi primer intento fue hacerlo yo misma (Do -it-yourself!), por supuesto no encontré nada…todo se parecía. Vi a un señor comprador con pinta de experto y me le acerqué tímidamente. Me imagino que muchas doñas como yo lo debían tener hasta el copete, ni habló, solo me hizo una seña con la boca (como apuntado con una flecha) hacia a la caja de pago donde estaban todos los auxiliares de los pasillos, agachados para que nadie los molestara (o estarían jugando metras?). Mientras me acercaba al famoso sitio me percaté como los “auxiliares” se perdían a la velocidad del rayo. Quedó uno que no pudo escapar porque tenía un yeso en el pie y renqueaba. Apuré el paso para alcanzarlo, ese era el mío!!. Le pregunté dónde podría encontrar el repuesto, y me dijo con voz de trueno solo dos palabras: pasillo 13. Allí fui y .....No encontré nada. Me devolví para preguntarle nuevamente pero ya no había ni rastros del susodicho. Vi un teléfono para casos de emergencia. Esa era una emergencia para mi, o no? Apareció un jovencito con cara de genio, me miró de arriba abajo en silencio, miró el tubito y me respondió como perdonándome la vida Pasillo 30. Sé que los hombres hablan monosilábicamente pero sospecho que este era un código secreto. Retorné a casa a buscar al señor Villalba, el plomero, demasiados pasillos y códigos para mi gusto.
Flores para mi Hágalo- Usted- Misma?
Holly para la sensación de querer matar a los pasilleros "auxiliares" y su actitud de ¿Cómo es posible que usted no lo sepa? Me permitirá sentir compasión y menos desconfianza de los vendedores de ferretería.
Willow para ese sentirme víctima de las canillas de cobre, cinta de teflón y llaves de paso de agua (entre otras muchas más piezas). En lugar de lamentarme amargamente, lograré celebrar que por lo menos existen (en Caracas no hay casi nada) y puedo comprarlas.
Pues que creen ustedes, Super-Villalba encontró la famosa pieza en un dos por tres. Siempre estuvo frente a mi nariz. Definitivamente... zapatero a sus zapatos. Creo que para personas que no se les dan las artes manuales, o tienen dos manos izquierdas en mi caso, las ferreterías de trato unipersonal son más convenientes, digo yo!!!.
Traducciones para mis lectores internacionales: Plomero es equivalente a fontanero, metras es equivalente a canicas. Yo no tengo equivalente, que se lo digan mis hijos...madre hay solo una.
Marielena Núñez

Para aquellos que deben hacer reparaciones interiores pueden ver el siguiente video que enseña como reparar un corazón partío

1 de junio de 2010

Deseos, Sueños, Ilusiones y Similares

Acabo de llegar a Caracas después de un merecido descanso. Estaba tan relajada, sin noticias ni perturbaciones de índole alguna que los días y las noches se me hacían extensas, lo cual favorecía mis caminatas y exploraciones. En esos estados casi meditativamente trascendentales recordé que la salvaje, que me ha acompañado desde siempre, me había traído en algún momento por estos lares para experimentar paisajes y cosas agradablemente desconocidas en algún momento de mis gloriosas ensoñaciones.

Recuerdo que cuando era pequeñita buscaba aislarme para fantasear sobre cualquier cosa; así mismo recuerdo la voz chillona de mi tía diciéndome “Bájate de esa nube mijita, o es que estás en la luna?”. En mis sueños despierta deseaba cosas inauditas. Por ejemplo, me acuerdo desear un robot portátil (lo veía como un BlackBerry!!) que corrigiera mis ejercicios de matemáticas durante los exámenes, o una maquinita exterminadora de dolores de cabeza, o una capa que me hiciera invisible para pasar inadvertida, o una varita mágica que con solo sacudirla concediera deseos ilimitados, o una lámpara tipo Aladino con un genio que me otorgara tres tarjeticas con sorpresas. La sofisticación era tal que llegué a tener mi propio Diosómetro (nada que ver con el ministro Diosdado de mi país). Este funcionaba en unidades hasta llegar al millar (del 1 al 1000 porque ese era el número máximo al cual alcanzaba mi imaginación infantil, aunque debo admitir que todavía después de los seis ceros se me confunden las cifras) y lo utilizaba en las noches antes de irme a dormir. Como siempre pensé que las oraciones eran una forma de poesía y mi memoria no era buena para recitar, prefería hablar directamente y sin preámbulos con el señor de la barba blanca y sandalias de tiritas (que le combinaban perfectamente con una tunica de lino blanco lavada impecablemente con Ariel baja espuma). Le pedía encarecidamente cuidar a mi mami 1000, a mi abuelita 999, a mi tía 500 (un salto cuántico), a mis primos 100 (más cuántico todavía) a mi maestra 50 (era medio maluca conmigo la Srta. Mouret), a mis amiguitos del colegio 10 (por lo menos les daba algo de numeritos, no me critiquen!!). Hacía un estructurado ejercicio mental de qué pedir específicamente en cada caso, sobre todo cuando se trataba de la varita y de la lámpara oriental.

Mi mamá pensaba que yo era un caso perdido y que eso me afectaría en mi vida de adulta. Pues sí, si me afectó. Desarrollé toneladas de esperanza y resistencia, llamada modernamente resiliencia, esa que hizo que algunas víctimas de los campos de concentración nazis salieran con vida a contar historias y a enfermos terminales a superar sus dificultades. Recuerdo en mi infancia que ante crisis familiares, principalmente financieras, en lugar de ponerme triste me decía "cuando sea grande y pase esto, yo voy a hacer esto otro". O cuando estudiaba en la universidad y tenía profesores grandiosos como Magaly Bello, Lila Flores de Pinto, Natalia de Vanegas, María Antonini, Luisa Martínez decirme " yo quiero ser un coctel de esos talentos, quiero ser tan buena profesional como ellas". Esos deseos/sueños me fueron llevando a buscar un espacio de paz conmigo misma, algo así como una auto- palmadita en la espalda asegurándome que todo iba a estar mejor, que todo pasa, que siempre hay salidas, que luego de la noche oscura siempre amanece.

Leyendo en estos días sobre el tema de la resiliencia me di cuenta que los iluminados, los meditadores , los sabios y los científicos lo dicen: son nuestros pensamientos los que en gran medida han creado y crean continuamente nuestro mundo. La confianza en uno mismo, el entusiasmo y la ilusión tienen la capacidad de favorecer las funciones superiores del cerebro. Allí se inventa nuestro futuro, es donde valoramos alternativas y estrategias para solucionar los problemas y tomar decisiones. Por eso, es que un minutico de discurso interno negativo deja el sistema inmunológico “machucado” durante varias horas. Y yo me pregunto de dónde salió el discursito interno mío, porque yo recuerdo situaciones tipo tragicomedias griegas en mi casa. Sería que la probabilística en mi caso apuntó azarosamente a ver la vida con humor y opti-realismo? ¿Será que a mí me recogieron? ¿Se confundirían en el retén de bebecitos y le entregaron a mi mamá otra muchachita? ¿Será por eso que todos en mi familia son morenitos y yo desteñida como lavada con lejía? ¿Será que por eso todo el mundo tiene cabello lacio (liso) en mi familia y yo lo tengo crespo apretado?

Flores para trabajar en los deseos?

Gentian si los obstáculos me tumban y tengo baja tolerancia a la frustración, para que me ayude a ver en cada dificultad una oportunidad.

Clematis para bajarme de la luna, las nubes y galaxia Andrómeda; me ayudará a darle estructura a mis deseos y a concretar mis ideas.

Larch si me siento insegura en relación a mi capacidad y habilidades; para así fortalecer mi auto-estima.

Hoy me dediqué a hacer una encuesta relámpago sobre deseos. Los resultados fueron los siguientes en la muestra consultada: dieta de un día para perder todos los kilos, un palestino-bomba para que acabe con los problemas del país (pocas palabras, buen entendedor), avenidas con cero tráfico en Caracas (jajaja esto sí es ilusión), una píldora de conocimiento para pasar los exámenes, vivir tanto como Rick Van Winkle, ser soltero otra vez, cirugía plástica accesible y sin bisturí, conseguir al Míster Perfecto, tener una esposa muda y no celosa, conseguir dólares oficiales sin tantos trámites (otra vez jajajaja).Aquí mi reflexión de cierre: una cosa es optimismo y otra realismo en positivo.

Marielena Núñez