1 de junio de 2010

Deseos, Sueños, Ilusiones y Similares

Acabo de llegar a Caracas después de un merecido descanso. Estaba tan relajada, sin noticias ni perturbaciones de índole alguna que los días y las noches se me hacían extensas, lo cual favorecía mis caminatas y exploraciones. En esos estados casi meditativamente trascendentales recordé que la salvaje, que me ha acompañado desde siempre, me había traído en algún momento por estos lares para experimentar paisajes y cosas agradablemente desconocidas en algún momento de mis gloriosas ensoñaciones.

Recuerdo que cuando era pequeñita buscaba aislarme para fantasear sobre cualquier cosa; así mismo recuerdo la voz chillona de mi tía diciéndome “Bájate de esa nube mijita, o es que estás en la luna?”. En mis sueños despierta deseaba cosas inauditas. Por ejemplo, me acuerdo desear un robot portátil (lo veía como un BlackBerry!!) que corrigiera mis ejercicios de matemáticas durante los exámenes, o una maquinita exterminadora de dolores de cabeza, o una capa que me hiciera invisible para pasar inadvertida, o una varita mágica que con solo sacudirla concediera deseos ilimitados, o una lámpara tipo Aladino con un genio que me otorgara tres tarjeticas con sorpresas. La sofisticación era tal que llegué a tener mi propio Diosómetro (nada que ver con el ministro Diosdado de mi país). Este funcionaba en unidades hasta llegar al millar (del 1 al 1000 porque ese era el número máximo al cual alcanzaba mi imaginación infantil, aunque debo admitir que todavía después de los seis ceros se me confunden las cifras) y lo utilizaba en las noches antes de irme a dormir. Como siempre pensé que las oraciones eran una forma de poesía y mi memoria no era buena para recitar, prefería hablar directamente y sin preámbulos con el señor de la barba blanca y sandalias de tiritas (que le combinaban perfectamente con una tunica de lino blanco lavada impecablemente con Ariel baja espuma). Le pedía encarecidamente cuidar a mi mami 1000, a mi abuelita 999, a mi tía 500 (un salto cuántico), a mis primos 100 (más cuántico todavía) a mi maestra 50 (era medio maluca conmigo la Srta. Mouret), a mis amiguitos del colegio 10 (por lo menos les daba algo de numeritos, no me critiquen!!). Hacía un estructurado ejercicio mental de qué pedir específicamente en cada caso, sobre todo cuando se trataba de la varita y de la lámpara oriental.

Mi mamá pensaba que yo era un caso perdido y que eso me afectaría en mi vida de adulta. Pues sí, si me afectó. Desarrollé toneladas de esperanza y resistencia, llamada modernamente resiliencia, esa que hizo que algunas víctimas de los campos de concentración nazis salieran con vida a contar historias y a enfermos terminales a superar sus dificultades. Recuerdo en mi infancia que ante crisis familiares, principalmente financieras, en lugar de ponerme triste me decía "cuando sea grande y pase esto, yo voy a hacer esto otro". O cuando estudiaba en la universidad y tenía profesores grandiosos como Magaly Bello, Lila Flores de Pinto, Natalia de Vanegas, María Antonini, Luisa Martínez decirme " yo quiero ser un coctel de esos talentos, quiero ser tan buena profesional como ellas". Esos deseos/sueños me fueron llevando a buscar un espacio de paz conmigo misma, algo así como una auto- palmadita en la espalda asegurándome que todo iba a estar mejor, que todo pasa, que siempre hay salidas, que luego de la noche oscura siempre amanece.

Leyendo en estos días sobre el tema de la resiliencia me di cuenta que los iluminados, los meditadores , los sabios y los científicos lo dicen: son nuestros pensamientos los que en gran medida han creado y crean continuamente nuestro mundo. La confianza en uno mismo, el entusiasmo y la ilusión tienen la capacidad de favorecer las funciones superiores del cerebro. Allí se inventa nuestro futuro, es donde valoramos alternativas y estrategias para solucionar los problemas y tomar decisiones. Por eso, es que un minutico de discurso interno negativo deja el sistema inmunológico “machucado” durante varias horas. Y yo me pregunto de dónde salió el discursito interno mío, porque yo recuerdo situaciones tipo tragicomedias griegas en mi casa. Sería que la probabilística en mi caso apuntó azarosamente a ver la vida con humor y opti-realismo? ¿Será que a mí me recogieron? ¿Se confundirían en el retén de bebecitos y le entregaron a mi mamá otra muchachita? ¿Será por eso que todos en mi familia son morenitos y yo desteñida como lavada con lejía? ¿Será que por eso todo el mundo tiene cabello lacio (liso) en mi familia y yo lo tengo crespo apretado?

Flores para trabajar en los deseos?

Gentian si los obstáculos me tumban y tengo baja tolerancia a la frustración, para que me ayude a ver en cada dificultad una oportunidad.

Clematis para bajarme de la luna, las nubes y galaxia Andrómeda; me ayudará a darle estructura a mis deseos y a concretar mis ideas.

Larch si me siento insegura en relación a mi capacidad y habilidades; para así fortalecer mi auto-estima.

Hoy me dediqué a hacer una encuesta relámpago sobre deseos. Los resultados fueron los siguientes en la muestra consultada: dieta de un día para perder todos los kilos, un palestino-bomba para que acabe con los problemas del país (pocas palabras, buen entendedor), avenidas con cero tráfico en Caracas (jajaja esto sí es ilusión), una píldora de conocimiento para pasar los exámenes, vivir tanto como Rick Van Winkle, ser soltero otra vez, cirugía plástica accesible y sin bisturí, conseguir al Míster Perfecto, tener una esposa muda y no celosa, conseguir dólares oficiales sin tantos trámites (otra vez jajajaja).Aquí mi reflexión de cierre: una cosa es optimismo y otra realismo en positivo.

Marielena Núñez


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