6 de junio de 2010

Hágalo usted mismo



Probablemente las personas contemporáneas conmigo (baby boomers) tuvieron la experiencia de conocer farmacias, casa de abastos, ferreterías donde se pedía directamente aquello que se iba a comprar: un litro de leche, una cajita de aspirinas, un kilo de cemento. Siempre había un dueño o dependiente que era un experto en su ramo y los vendedores asistentes quienes lo auxiliaban a él y a los compradores.
En Caracas esos tipos de expendios han sido transformados en cadenas comerciales. Quedan muy pocas de sus predecesoras. Yo no sé si es la influencia del Norte, irónicamente llamado por estas tierras el Imperio, pero ya las ferreterías del pasado han sido transformadas en unos inmensos galpones de innumerables pasillos llenos de especialidades que yo ni sabía existían. Esto ha hecho que limite mis visitas para evitar no solo perderme en esas sabanas inmensas de herrajes, llaves inglesas y brochas sino de verme como la mujer más ignorante del mundo en las tareas del bricolaje o como dicen en los países anglosajones del Do-it-Yourself. (¿Quién carrizo dijo que yo quería hacerlo yo misma?). Pero debo advertir que así como yo me paralizo ante la enorme variedad de adminículos expuestos hay otras personas quienes entran en momentos de clímax (casi gimen y se contorsionan) al ver martillos, serruchos y tuercas, toda una experiencia de placer.
Durante mi visita reciente a Calgary tuve la ingeniosa idea de visitar uno de estos centros ferreteros porque estaba buscando un organizador de closets y una puerta de malla para el balcón de manera de repeler los insectos voladores. Quise sorprender a mi hija comprándolas. Pues claro que la sorprendí, pero con un ataque de ansiedad. Estuve perdida dentro del local casi tres horas dando vueltas entre cantidades de sub-especies de bombillos, cables, enchufes y misceláneos. Tuve que llamarla por teléfono para que me rescatara porque los dependientes debían pensar que quería asaltar la tienda y estaba dibujando una estrategia de ataque terrorista.
Ya en mi terruño natal tuve que pasar por otro suplicio ferreteril. El plomero hizo una visita de emergencia a casa y me pidió que comprara unos repuestos. Me dije a mi misma: tranquila Marielena aquí todos hablan tu idioma, además los venezolanos somos muy regalados y alguien te va a prestar ayuda. Llegué con la pieza modelo en mano y cara de turista latina en mercado persa (perdidísima). Mi primer intento fue hacerlo yo misma (Do -it-yourself!), por supuesto no encontré nada…todo se parecía. Vi a un señor comprador con pinta de experto y me le acerqué tímidamente. Me imagino que muchas doñas como yo lo debían tener hasta el copete, ni habló, solo me hizo una seña con la boca (como apuntado con una flecha) hacia a la caja de pago donde estaban todos los auxiliares de los pasillos, agachados para que nadie los molestara (o estarían jugando metras?). Mientras me acercaba al famoso sitio me percaté como los “auxiliares” se perdían a la velocidad del rayo. Quedó uno que no pudo escapar porque tenía un yeso en el pie y renqueaba. Apuré el paso para alcanzarlo, ese era el mío!!. Le pregunté dónde podría encontrar el repuesto, y me dijo con voz de trueno solo dos palabras: pasillo 13. Allí fui y .....No encontré nada. Me devolví para preguntarle nuevamente pero ya no había ni rastros del susodicho. Vi un teléfono para casos de emergencia. Esa era una emergencia para mi, o no? Apareció un jovencito con cara de genio, me miró de arriba abajo en silencio, miró el tubito y me respondió como perdonándome la vida Pasillo 30. Sé que los hombres hablan monosilábicamente pero sospecho que este era un código secreto. Retorné a casa a buscar al señor Villalba, el plomero, demasiados pasillos y códigos para mi gusto.
Flores para mi Hágalo- Usted- Misma?
Holly para la sensación de querer matar a los pasilleros "auxiliares" y su actitud de ¿Cómo es posible que usted no lo sepa? Me permitirá sentir compasión y menos desconfianza de los vendedores de ferretería.
Willow para ese sentirme víctima de las canillas de cobre, cinta de teflón y llaves de paso de agua (entre otras muchas más piezas). En lugar de lamentarme amargamente, lograré celebrar que por lo menos existen (en Caracas no hay casi nada) y puedo comprarlas.
Pues que creen ustedes, Super-Villalba encontró la famosa pieza en un dos por tres. Siempre estuvo frente a mi nariz. Definitivamente... zapatero a sus zapatos. Creo que para personas que no se les dan las artes manuales, o tienen dos manos izquierdas en mi caso, las ferreterías de trato unipersonal son más convenientes, digo yo!!!.
Traducciones para mis lectores internacionales: Plomero es equivalente a fontanero, metras es equivalente a canicas. Yo no tengo equivalente, que se lo digan mis hijos...madre hay solo una.
Marielena Núñez

Para aquellos que deben hacer reparaciones interiores pueden ver el siguiente video que enseña como reparar un corazón partío

1 comentario:

  1. seguramente esto es más comprensible que lo que me pasó a mí en una oportunidad: comprar alcachofas jurando que eran coles de bruselas.

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