15 de julio de 2010

¿Cola feliz?


Me sorprendo de ver que todo en mi ciudad se está haciendo con base a colas (filas). Ya pareciera que las tenemos dentro del disco duro mental. Antes era solo para el banco o para ir al cine o algún espectáculo, pues ahora hasta para la frutería (¿joyería? Los aguacates que se dan solitos cuestan casi como piedras preciosas). Si uno entra a algún sitio, y ve un grupo medio desorganizado de gente, pregunta casi de inmediato “cuál es el último de la fila’”… instantáneamente la gente endereza el entuerto y se ponen derechitos, hasta hacen posición de distancia medida con brazo como en el colegio. He visto filas tipo Disneyworld (con tiempo de espera) para montarse en el ascensor de las clínicas, para buscar papel sanitaro o leche de larga duración, para subir a los tribunales de la esquina de Pajaritos (hervideros de gente peleando y en fila!!), para sacar documentos, para vacunarse o sacarse el certificado médico en Sanidad, para pedir el pasaporte, para que el médico atienda, en la farmacia para que me vendan una medicina, para preguntar algo a lo cual nadie responde. Últimamente he hecho filas para que me digan que no saben que necesito, para comprar mi desayuno, para entrar a un restaurante, y para estacionar mi carro en un centro comercial. Algunas de estas formaciones vienen secuenciadas gracias a los distribuidores de números que pueden ser de papelito, digitales de última generación o con un señor/señorita que los reparte entre comentarios de la dinámica nacional (porque ya no hay futbol, waka waka).

Siempre había hecho la correspondiente colita (o colota) en mi banco. Nunca había querido cambiarme de él, a pesar de muchas ofertas de otras modernas instituciones financieras, pues aunque su servicio era leeeeeento y las filas laaaaaaargas, a mi me entraba un fresquito cuando podía contar las personas que tenía delante de mí (eso me daba una pista de cuánto tiempo me tomaría para ser atendida). Tenían un sistema que yo llamaba de discriminación clientelar (los titulares y no titulares), algo así como apartheid financiero. Los otros bancos ya tenían tiempo utilizando dispensadores de números automáticos. Una colocaba la tarjeta de débito en una cajita “mágica”, presionaba un botón, y voilá salía un número que normalmente me generaba desespero colosal. Invariablemente eran series de tres números, y distribuidos de cien en cien. Siempre me preguntaba cosas como: dónde estaba ese gentío si habían repartido tantas series, dónde cabían 900 personas en cien metros cuadrados de agencia bancaria (siempre me tocaban números así como 978), cuál era la razón que al cajero que me tocaba salía a comer o al baño cuando casi era mi turno, porqué llamaban a todos los demás números menos el mío. Así que aunque con anticuado sistema, mi banco me daba cierto sosiego.

Hoy fui a hacer una transacción y adivinen qué… alguien tuvo una inspiración divina en mi entidad financiera. Colocaron un dispensador automático de tickets numerados. La gente estaba enardecida, querían su cola como siempre, se quejaban de la incertidumbre producida por el nuevo gerente digital. Ay mamá!!! ¿Y entonces? Yo aproveché la conmoción y puse cara de turista checoslovaca. Vi a una de las gestoras del banco mal ubicada y zúas!! Me aproximé y le dije con cara de perdida ”Señorita por favor explíqueme el sistema”. Seguro que nadie le había hecho tal pregunta en su vida por la cara asombro mostrada. Ella confundida me explicó y sin intención más que esclarecer….realizó mi operación. Me salvé de la cola, ventajas de la tercera edad. Creo que ahora haré todo por internet.

¿Flores para la novedad?

Walnut para cortar con mi viejo hábito y adaptarme a la modernidad del gerente digital, ese de los números rojos titilantes.

Chestnut Bud para desaprender y aprender una nueva rutina bancaria.

Honeysuckle para vivir el presente y no tener la nostalgia de los buenos viejos tiempos de mi banco.

A lo mejor se podría jugar bingo o la lotería mientras se espera con tantos números, sería una manera de mantener a los clientes calmados y evitar la toma de la Bastilla o de la pastilla para los nervios (Rescue Pastilles).

Marielena Núñez

Vieja y simpática canción ¿Último de la fila?

1 comentario:

  1. Jeje, ahora además de las filas hay una modalidad enternecedora que me recuerda a los juegos de la niñez. Uno tiene que ir cambiándose de silla a medida que la fila avanza. Ayer en una de esas instituciones financieras donde no te dan ningún numerito, salí con los músculos de las piernas tan fortalecidos (de tanto levantarme y sentarme para avanzar en la fila) que después de eso no fui a gimnasio!!!

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