7 de agosto de 2010

¿Como pelusa en pata de pollito?

Pues no, no me he olvidado de escribir, no señor. Lo que ha pasado es que estos días han estado llenos de agites personales y de país, esos que hacen que los minutos se me hagan diminutos. Me he enredado bastante en mis normales quehaceres, más de lo que quisiera. No me han servido listas, ni reglas nemotécnicas, ni cambio de pulseras de un lado para el otro, ni cordel amarado en dedo, ni letrero en la frente, ni papelitos adheribles ubicados estratégicamente, ni siquiera la famosa agenda de Franklin-Covey esa que organiza vidas. Probablemente no seré la única que sienta eso en esta vida de Dios, sin embargo hay un factor clave para que me sienta así……estoy en Caracas y las cosas pueden ser particularmente más inteeeensas. Me explico, se podría pensar que es lo mismo en todas las grandes ciudades del mundo, la diferencia la hace la alteración y zarandeo autóctono nacional, ese toque tan criollo que hace que nuestras vidas parezcan batidas en coctelera de discoteca.

De repente me he sentido llena de cosas, actividades y pendientes. He transitado desde la impresión del libro de los niños al desfallecimiento de los frenos de mi automóvil, de los arreglos de la partida de mi primogénito a otras tierras a interminables colas para sellar documentos, de la solicitud de divisas extranjeras (si, los venezolanos tenemos control de cambio…aunque nadie lo crea) a tiempos ilimitados para que me expliquen los nuevos planes de roaming de mi operadora telefónica o me atiendan en la ex - Electricidad de Caracas. Me pregunto siempre las razones por las cuales hacer las “diligencias” cuesta tanto aquí, aunque debo confesar que yo soy una de esas poquísimas personas que no se quejan (mucho???) pues tengo la fortuna de que puedo resolver prontamente (eso que mi abuelita llamaba ángel). Me sorprendo de los cambios de los nombres en las instituciones, y todavía más de la utilización de acrónimos para casi todo. Por ejemplo, tengo tres días asistiendo religiosamente a dos instituciones bancarias para solucionar unos detalles menores, que parecieran mayores porque no doy pie con bola. Ayer en una de ellas, un señor malgenioso me había dado cortésmente un listado de cosas para llevar, que iban desde documentos simples hasta una cantimplora, una linterna, un yoyo rueda libre y casi me dijo que llevara un corta uñas. Al día siguiente me aparecí con todos los recaudos. Me senté a esperar, aquí no valía lo de la tercera edad, que va! Pacientemente y que me puse a leer un libro, cosa que nunca conseguí porque estaba pendiente de los números en la pantalla electrónica que brincaban de serie en serie sin ninguna lógica (y yo brincaba eléctricamente con ellos). Cuando vi que mi número se acercaba, comencé a pedirle a Papá Dios que no me tocara el señor del día anterior pues iba a creer que yo tenía algún tipo de disfunción cognitiva y me iba a pedir un tomo de la enciclopedia Británica, una estrella de mar o bombillo ahorrador de luz. En esos minutos la salvaje parecía apostador en hipódromo, ligando a su caballo. Efectivamente el Poderoso juega en mi equipo, me tocó la señorita de al lado. Respiré profundo y le guiñé el ojo (al Poderoso, no a la joven; figuradamente, no realmente. ¿Si no que hubiese pensado ella? Mínimo que yo estaba loca). Me senté en su cubículo y ella comenzó como ametralladora a pedir recaudos y yo al unísono a sacarlos del sobre de manila (uff, uff). La batalla estaba pareja, estábamos tablas, cual vaqueros en duelo. De repente comenzó a emitir sonidos incomprensibles: rusad, cadivi, rif, sitme, bcv, cipc, minpopop, ¿qué me decía? ¿categorías aristotélicas? No, no me asusté….ya me los sabía, había pasado el examen el día anterior con su vecino. Gracias Google y Wikipedia!!!

Flores para la pelusa?

White Chestnut para aplacar el discursito mental de manera de desconectarme de las cataratas de información que circulan en mi cabeza, me dará paz mental.

Gentian para la sensación de desilusión que se produjo en mí luego que hablé con el señor del banco, me ayudará a sobreponerme de los obstáculos y surfearlos con optimismo.

Me pregunto qué pasará ahora que mi primogénito no será mi excusa. Todo nuevo de nuevo, aprenderé a desaprender. ¿Será todo esto la tiranía del destino?

¿Una canción me traería hasta aquí como a mi favorito Jorge Drexler?

1 comentario:

  1. Que comico, ironia.. una satira de cualquier venezolano en Caracas...
    Bella la cancion!!!

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