24 de septiembre de 2010

*911 ¿Quién quiere ayuda?

Desde pequeñita vi a gente servicial muy cerca de mí.  Mi mamá era una ambulancia en el mejor sentido de la palabra, siempre estaba socorriendo a alguien en necesidad, tanto familiar como desconocido.  Se tomaba a pecho el ser enfermera, además era presidenta del club de fans de la difunta Florence Nightingale (no, no era una cantante de rock o de hip hop, fue una dama británica precursora de la enfermería que usaba capa y cofia, una suerte de súper heroína de esas de la Legión de la Justicia).  Mi madre era más buena que el pan, y  podía compartir lo suyo con quien lo necesitara.  Como casi me críe en la residencia médica (los dormitorios) del Hospital Vargas de Caracas, desde temprano en mi vida conocí a mucha gente buena que siempre estaba en onda de ayudar en el sufrimiento de otros.  De hecho casi estudié medicina.

Así que servir y apoyar es algo que está dentro de mi ADN. Esto me ha causado situaciones a veces conflictivas conmigo misma por no saber establecer límites y decir simplemente NO.    Me he encontrado en reuniones de Tupperware, de multiniveles (desde ventas de enciclopedias hasta cosméticos pasando por productos para adelgazar), religiosas, políticas, festivas, por no saber cómo decir que no estoy interesada o simplemente no herir susceptibilidades.  

También por ser servicial he podido meter la pata hasta la rodilla y luego tener que esconderme para no pasar vergüenza.  Ejemplos me sobran; ¿quieren algunos pocos? En mi regreso de Montevideo a Caracas vi a una pareja que me parecía de “edad dorada” o más bien doradísima, para no entrar en detalles.  Estaban esperando detrás de mí en la fila para abordar el avión. La aeromoza dijo que las personas mayores o con dificultad de movilización podían pasar a una fila más corta. ¿Qué hice yo? Pues abrí mi bocota y les dije que ellos podían pasar primero (creo que ellos no entendieron la razón).  Efectivamente los pasaron pero mi fila se movió más rápido!!!  Luego supe que no eran de esa edad sino que estaban atropellados por la vida, y creo que la doña estaba ofendida por mi falsa percepción. En ese mismo vuelo otro señor, del mismo rango de edad, se sentó a mi lado. Normalmente no doy chance a establecer una conversación (el sonido de las turbinas del avión me narcotizan) pero me agarró de imprevisto… se le cayeron los anteojos y yo fui a recogerlos. En pago por la buena acción.... me evangelizó por cinco horas y media del vuelo. Creo que ahora puedo ir al cielo con  vestidito y zapaticos blancos.  En otra ocasión, mientras hacía mi segunda maestría, tuve un encuentro cercano (y último) con una persona invidente: traté de ayudarlo a cruzar la calle (era la época de los años 80, no había mala intención, ni secuestros express).  Casi me agarró a bastonazos porque lo había sacado de su mapa de coordenadas sin preguntarle (le trastorné su GPS).  Otra vez en un supermercado del imperio (así le dicen algunos por estos lares a los Estados Unidos del Norte) vi a una señora tratando de sacar/cargar sus víveres  y se me ocurrió agarrarle las bolsas por amabilidad (¿qué estaba yo pensando? Ni se me ocurrió el estigma de los latinos en otros lados del mundo) y la señora como me vio hispana pensó que la quería robar (y eso que soy desteñida).

Esta cualidad de servicio también la heredaron mis hijos.  Mi primogénito tuvo una hermosa relación con sus abuelitas, así que es muy orientado a ayudar a las personas grandes, como dicen en México.  Me contaba en nuestro último encuentro que trató de ayudar a una señora que caminaba con una andadera en Toronto.  Inmediatamente se me humedecieron los ojos y pensé “tan bello mi muchachito, que corazón!!”.  Él se dio cuenta enseguida de mi conmoción y culminó la historia antes de que yo rompiera en llanto…. Me dijo que la doñita casi le parte su vehículo último modelo en la cabeza. En lugar de preguntarle si necesitaba ayuda le preguntó si estaba bien. Cosas del idioma!!!

Flores  para las ambulancias?

Centaury para establecer límites en relación al servicio, de manera de no someterme o relegar mis intereses por los de los demás.

Oak para darle la justa medida al sentido del deber y de la responsabilidad, respetando mis necesidades personales.

Red Chestnut para ocuparme en lugar de preocuparme y cuidar sin ansiedad a quienes amo.

De ahora en adelante voy a evitarme problemas, no me voy a meter en lo que no me incumbe solo por el afán de ayudar, no vaya a ser que empiece a beber merengadas dietéticas o a hacer cursos de lectura veloz sin ni siquiera plantearmelo como objetivo.

Seguro que todo va a salir bien como lo dice Roque Valero:

23 de septiembre de 2010

Para mis lectores en Colombia

Queridos Amigos,

Mi libro Gota a Gota 39 Pasos para una Salud Emocional con Flores de Bach editado por Ediciones B está a su disposición en la Librería Esotérica El Arcano Calle 56 No. 15 - 32  Bogotá,
Tel. 57 1 2 11 9032.  La persona contacto es la señora Nubia Pedroza.

Quiero aprovechar la ocasión de agradecer su cálida recepción a mi blog y escritos.  Pronto los estaré visitando para compartir con ustedes.  Nubia les puede dar más información.

Todo mi cariño,

Marielena

20 de septiembre de 2010

No quiero pasar por alto!!

Quisiera aprovechar esta oportunidad para agradecer la acogida y participación de los asistentes a la conferencia “From Goddesses to Witches: Womanhood for Dummies” realizada en Calgary el jueves 9 de Septiembre.  Prometo enviar el libro una vez salga en Venezuela.  Gracias Mariel Beatriz por ser tan persistente.
También agradecer a Sandra Rodiño por la organización de la Charla “Manejo del Estrés con Flores de Bach” en Montevideo y  a la cálida audiencia que me acompañó la noche del 17 de Septiembre.
En Octubre estaré en Guatemala y en Lima, en Noviembre estaré en Ciudad de México y en Guadalajara.  Más adelante anunciaré las fechas exactas.
Un abrazo a todos y mi agradecimiento,   Marielena

Síndrome del Nido Vacío

Hace una semana estaba pasando el final de mis vacaciones con mi primogénito quien se estaba estableciendo como adulto, ciudadano del mundo y en plenas facultades en otra ciudad y otro país. El pobre se aguantó estoicamente un listado de consejos que a lo mejor ni los recuerda ya.  Iban desde el lavado de la ropa hasta como evitar los ácaros del colchón. Soportó como un macho vernáculo la retahíla de “formas de hacer las cosas más fácil” (ujum!!).  ¿Qué estaba pensando yo? Ya no es un niñito.  Él va a hacer lo que quiera y a su mejor manera, cada quien aprende por experiencia propia no por la ajena.  Segurísimo que lo está haciendo bien como lo hace su hermana y yo no estoy alrededor para “asesorarla”.  
Al llegar a Caracas la gente conocida me miraba a los ojos esperando verme demacrada del llanto y de la tristeza, porque eso es lo que generalmente hacemos las mamás venezolanas cuando los muchachitos se nos van del nido (ya yo lo viví con mi mamá en mi época, es parte de nuestro drama).  No voy a negar en ningún momento que cuando mi secungénita se fue a otros lares tuve que re-aprender ciertas situaciones y re-adaptar ciertos rituales (no religiosos sino de vida) que teníamos todas las tardes, tales como unas buenas conversadas sobre cualquier cosa que hubiese pasado en el día compartiendo un whiskicito (una lata de pepsi light entre las dos, que ingeniosas!!) y nuestras salidas al cine aderezadas con una enorme bolsa de cotufas (palomitas de maíz o popcorn).  En esta ocasión cuando llegué sentí que el apartamento me quedaba grande, casi podía escuchar mi eco.  Fui a su cuarto (en algún momento fue el de su hermana) y lo revise en recuerdos: la ubicación de sus cunas, luego de sus camas, seguido por las mesas de dibujo e instrumentos musicales.  Pude incluso percibir sus aromas de niños y de adultos.  Ya crecieron y volaron los azulejos,están aprendiendo de sus propias experiencias, con satisfacción.
No había pasado dos días y ya tenía que salir a Montevideo.  Como siempre es glorioso estar de visita en esa ciudad, todo arregladito, la gente tiene otro ritmo, hay tiempo para el tiempo, el cariño que recibo es generoso, puedo caminar en la calle sola y de noche sin temores. Se me ocurrió esta vez darme un paseo por un centro comercial cercano para ver las tiendas y el supermercado.  Siempre he pensado que así se sabe la salud económica y social de un país.  Realmente no lo podía creer, parecía navidad del gentío y el movimiento.  Cuando entré al supermercado la mandíbula me cayó al suelo….había de todo como en México y como en Canadá, seguro que como en Colombia, Perú, Brasil, Panamá y Guatemala como lista mínima de países.  Yo había ido a comprar unas víveres cuando llegué a mi ciudad pues mi refrigerador estaba vacío y tuve que hacer arte de magia para combinar dos factores: mi escasa disposición culinaria (necesitaba algo que me diera el menor trabajo posible) y  la poca variedad de productos. Ya mis conocidos comenzaron a anunciarme que había que comprar comida antes de las elecciones del próximo fin de semana.  Pues me niego a comprar cosas que no me voy a comer.  Siempre termino comprando lo que queda en las peladas alacenas del supermercado  y que normalmente no me gustan.
Ahora no tengo excusa para bajar de peso, puedo vivir sin las golosinas que compraba “para Julián”  mi chivo expiatorio.  Y yo que llevo la maleta repleta de alfajores!!!
Flores para el nido vacío?
Honeysuckle para que viva el aquí y el ahora en lugar de vivir de añoranzas y recuerdos, entendiendo también lo maravilloso del presente.
Walnut para adaptarme a las nuevas situaciones de vida y salir triunfante en ese proceso.
Larch para fortalecer la confianza en mí misma en esta nueva etapa de mi vida.
Y yo que creía que la menopausia era lo más revolucionario que iba pasar por mi vida en esta fase de mi historia. A lo mejor falta más de lo que he imaginado porque yo pienso ser centenaria. ¿Estará todo ésto escrito en mi capricorniano destino?  ¿Tendré que hacer un safari para conseguir pasta dental y papel higiénico otra vez?

7 de septiembre de 2010

Calgary infiltrada

Si estás por casualidad en Calgary te invito a una charla sobre lo femenino, las féminas, nuestros rollos, la forma cómo abordamos la vida, todo con mucho humor.

Los datos:

Miércoles 8 de septiembre 2010.
Hora 6 PM a 8 PM
Lugar : Central Meeting Room #1 De la Biblioteca Central (Downtown)
Título en Inglés: From Goddesses to Ladies: Womanhood for Dummies
Título en Venezolano: ¿Diosas o Bichas? Antimanual para potenciales cuaimas

Esta conferencia interactiva está basada en mi próximo libro el cual estará fuera de imprenta este trimestre.
Les aseguro que nos va a ayudar a auto-motivarnos como lo hace genialmente la pequeñita Jessica:



Jessica's "Daily Affirmation"
- Watch more Videos at Vodpod.

6 de septiembre de 2010

Puntos Cardinales


Cuando ando por estos lados del globo terráqueo utilizo como medio de transporte el bus, autobús, guagua, ómnibus o como lo llamemos en español.  Mi razón es muy simple...aquí no tengo automóvil y si lo tuviese no creo que lo manejaría ni en verano ni en invierno.   Mis razones son sencillas: por un lado no conozco las regulaciones para conducir (no me entra en la cabeza como se puede cruzar a la izquierda con luz roja!!) y por otro lado mi direccionalidad es inexistente (sin embargo, y para sorpresa de muchos, soy un “as” de la ubicación en las calles de Caracas). 

Todavía a esta edad tengo que verme las manos para saber cuál es la izquierda y cuál es la derecha. En Venezuela nos “sonamos” las manos, es decir, las movemos como abanicos en verano (dependiendo si se es diestro o zurdo, por supuesto), la muñeca (el hueso, no la Barbie) más los dedos índices y medio producen un sonido indescriptible.  Esa es una de las formas de reconocer a una  dama venezolana de pura cepa. Resulta que aquí esa técnica no me funciona pues la gente  se mueve a través de los puntos cardinales: norte, sur, este y oeste. 

Esta mañana debía hacer unas compras y le dije a mi hija que por favor me ubicara.  Así lo hizo: “Mami, tomas el autobús y te bajas en la Bahía (The Bay) y caminas hacia el norte dos cuadras y luego cruzas al este una cuadra”.  Diligentemente seguí sus instrucciones con mi mapa mental-geográfico.  Me bajé en la parada reglamentaria, y seguí mis instintos de orientación. Llegué al sitio opuesto sin encontrar por supuesto el edificio (eso si hubiese sido increíble); había dado más vueltas que perro en autopista.  Me di por vencida y la llamé.  Le dije que había seguido las instrucciones y allí donde estaba parada no había edificios ni nada similar.  Como buena planificadora urbana me pidió ubicación (tipo Matrix la película, casi podía escuchar los sonidos de la computadora): “¿qué hiciste cuando te bajaste del autobús? Caminé según las instrucciones, le respondí. Estaba totalmente desviada de mis coordenadas originales.     

Luego de una nueva explicación, reoriente el rumbo y tuve que desaprender para aprender los puntos cardinales. Hasta ese momento de mi vida…el este era mi derecha y el oeste mi mano izquierda. Para mí  el norte hacia arriba y el sur hacia abajo… he circulado por la vida erróneamente; ahora comprendo porque los mapas y yo tenemos una pésima relación.  He descifrado accidentalmente que mi relación espacial y mi percepción de lo abstracto son casi nulas, ¿o sea que ni utilizando el astrolabio ni el GPS llegaré a orientarme en esta ciudad? Mientras más me explican más me confundo, lo único que sé es que el río divide a la ciudad,  las avenidas y calles son por números y dividen la ciudad en cuadrantes (¿ah? ¿Cómo?).  ¿Fácil? no para mí!!! Yo soy caraqueña y las referencias son importantísimas para poderme ubicar en contexto, necesito puntos de referencia…. Además los números no son mi fuerte, ni siquiera los de las edificaciones.  A mí me gusta que las avenidas tengan nombres, se me hacen más personales, intimas y cálidas.  ¿Será que lo concreto para mí es abstracto para otros y viceversa?

 Flores para los puntos cardinales?

White Chestnut detener la pensadera que hace que no me fije por donde voy y me pierda.  Me ayudará a focalizarme en el aquí y en el ahora.

Aspen para el temor ansioso que  puedo sentir cuando me pierdo, ese que me produce susto a no sé qué.  Me ayudará a identificar a qué le estoy temiendo.

Yo que pensaba que mis extravíos en esta ciudad eran producto de la ecuación edad/ memoria, y resulta que es falta de competencia en el manejo del sistema de dirección cartesiano para representar puntos geográficos.  ¿Será porque Venezuela está ubicada al norte de la América del Sur y lo que es mi sur es el norte de Brasil? ¿Será que debo utilizar un GPS mientras camino por la ciudad?