20 de septiembre de 2010

Síndrome del Nido Vacío

Hace una semana estaba pasando el final de mis vacaciones con mi primogénito quien se estaba estableciendo como adulto, ciudadano del mundo y en plenas facultades en otra ciudad y otro país. El pobre se aguantó estoicamente un listado de consejos que a lo mejor ni los recuerda ya.  Iban desde el lavado de la ropa hasta como evitar los ácaros del colchón. Soportó como un macho vernáculo la retahíla de “formas de hacer las cosas más fácil” (ujum!!).  ¿Qué estaba pensando yo? Ya no es un niñito.  Él va a hacer lo que quiera y a su mejor manera, cada quien aprende por experiencia propia no por la ajena.  Segurísimo que lo está haciendo bien como lo hace su hermana y yo no estoy alrededor para “asesorarla”.  
Al llegar a Caracas la gente conocida me miraba a los ojos esperando verme demacrada del llanto y de la tristeza, porque eso es lo que generalmente hacemos las mamás venezolanas cuando los muchachitos se nos van del nido (ya yo lo viví con mi mamá en mi época, es parte de nuestro drama).  No voy a negar en ningún momento que cuando mi secungénita se fue a otros lares tuve que re-aprender ciertas situaciones y re-adaptar ciertos rituales (no religiosos sino de vida) que teníamos todas las tardes, tales como unas buenas conversadas sobre cualquier cosa que hubiese pasado en el día compartiendo un whiskicito (una lata de pepsi light entre las dos, que ingeniosas!!) y nuestras salidas al cine aderezadas con una enorme bolsa de cotufas (palomitas de maíz o popcorn).  En esta ocasión cuando llegué sentí que el apartamento me quedaba grande, casi podía escuchar mi eco.  Fui a su cuarto (en algún momento fue el de su hermana) y lo revise en recuerdos: la ubicación de sus cunas, luego de sus camas, seguido por las mesas de dibujo e instrumentos musicales.  Pude incluso percibir sus aromas de niños y de adultos.  Ya crecieron y volaron los azulejos,están aprendiendo de sus propias experiencias, con satisfacción.
No había pasado dos días y ya tenía que salir a Montevideo.  Como siempre es glorioso estar de visita en esa ciudad, todo arregladito, la gente tiene otro ritmo, hay tiempo para el tiempo, el cariño que recibo es generoso, puedo caminar en la calle sola y de noche sin temores. Se me ocurrió esta vez darme un paseo por un centro comercial cercano para ver las tiendas y el supermercado.  Siempre he pensado que así se sabe la salud económica y social de un país.  Realmente no lo podía creer, parecía navidad del gentío y el movimiento.  Cuando entré al supermercado la mandíbula me cayó al suelo….había de todo como en México y como en Canadá, seguro que como en Colombia, Perú, Brasil, Panamá y Guatemala como lista mínima de países.  Yo había ido a comprar unas víveres cuando llegué a mi ciudad pues mi refrigerador estaba vacío y tuve que hacer arte de magia para combinar dos factores: mi escasa disposición culinaria (necesitaba algo que me diera el menor trabajo posible) y  la poca variedad de productos. Ya mis conocidos comenzaron a anunciarme que había que comprar comida antes de las elecciones del próximo fin de semana.  Pues me niego a comprar cosas que no me voy a comer.  Siempre termino comprando lo que queda en las peladas alacenas del supermercado  y que normalmente no me gustan.
Ahora no tengo excusa para bajar de peso, puedo vivir sin las golosinas que compraba “para Julián”  mi chivo expiatorio.  Y yo que llevo la maleta repleta de alfajores!!!
Flores para el nido vacío?
Honeysuckle para que viva el aquí y el ahora en lugar de vivir de añoranzas y recuerdos, entendiendo también lo maravilloso del presente.
Walnut para adaptarme a las nuevas situaciones de vida y salir triunfante en ese proceso.
Larch para fortalecer la confianza en mí misma en esta nueva etapa de mi vida.
Y yo que creía que la menopausia era lo más revolucionario que iba pasar por mi vida en esta fase de mi historia. A lo mejor falta más de lo que he imaginado porque yo pienso ser centenaria. ¿Estará todo ésto escrito en mi capricorniano destino?  ¿Tendré que hacer un safari para conseguir pasta dental y papel higiénico otra vez?

2 comentarios:

  1. Estoy pasando x un proceso de pre-nido vacio ya q mi hija ira a estudiar a otra ciudad y eso me tiene melancolica y triste, sobre todo en los momentos que me quedo sola en casa, me abruman los pensamientos sobre tantas cosas :(,

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  2. Estimada lectora,
    Te comprendo perfectamente porque he estado allí. Se me ocrren varias flores que podrían ayudarte:
    Las tres que menciono en este escrito del nido vacío (Walnut, Honeysuckle, Larch). También se me ocurre Chicory si sientes que puedes perder el cariño de ella o que ella cambie contigo.
    Mustard si entras en periodos de nostalgías repentinas.

    Después de dos años ahora en un nuevo estado de vida te puedo decir que tu actitud será muy importante para que te sientas bien. Los pensamientos de tristeza no nos ayudan y nos enferman.

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