21 de mayo de 2011

La Parranda Surrealista

Eran casi las 2 de la madrugada y no había terminado mi equipaje, di más vueltas que un perro en autopista. Resolvía un poquito aquí, otro más allá, dispersa en mil cosas. Esta es mi historia de siempre; mis queridas comadre e hija se estresan de pensarme en esto de hacer el equipaje. Es una suerte de lucha libre entre Cronos y Horus, a ver si pueden más que yo. Repito esta historia una y otra vez, el mismo guión con diferente maleta y diferente país. A las cuatro y media de la madrugada llegaba el taxi, así que luego de terminar de arreglar la valija tuve una larga hora para descansar. Recorría el plan en mi mente: el avión saldría a las 7 AM, dormiría cual morsa durante todas las horas que pudiese hasta llegar a Guatemala. No me despertaría ni porque la aeromoza me sacudiera en mi silla para que me deleitara con el suculento desayuno gourmet (ujum!!) de aerolínea.

LLegué al aeropuerto y me dirigí a la puerta de embarque (literalmente apropiada para todo lo que vendría desde el segundo siguiente en ese punto… E M B A R Q U E). Pasaban las horas y no llamaban para abordar el avión. La gente (venezolana) reventó en un estallido patriótico: Pero bueno, aquí nadie responde ¿Qué pasa que no abordamos? La histeria colectiva se encendió como mecha de fuego artificial navideño. No había un alma quieta en esa sala, hasta los chiquitos en coches comenzaron sus chillidos de guerra. Los pasajeros de otros países, habían unos cinco mexicanos, unos cuantos panameños, y una pareja de dominicanos, aprovecharon el impulso para sumarse a esta movida reclamadora de derechos del consumidor. Yo, abobada por el sueño, veía el espectáculo en tercera dimensión. Cada vez gritaban más fuerte y desenfrenadamente. Mientras esta explosión de venezolanismo sucedía, los dos pobres jóvenes que atendían el despacho de la aerolínea recibían los comentarios (para no llamarlos reclamos o amenazas). Me imaginaba a Bolívar, el padre de la patria, poniendo de acuerdo a los llaneros, los mantuanos, los irlandeses, los negros y los indios contra los realistas españoles de la época colonial: una sola gritadera, cada quien queriendo tener la razón, todos con el mejor argumento hablando al unísono, algunos parados sin respetar el espacio privado de otros, otros tratando de pescar en el río revuelto, los caballos por un lado, el reguero de cosas por otro….un espéctaculo. De repente llegó la tripulación y cuando vieron aquel zafarrancho armado huyeron por la derecha, se montaron en el avión y zúas!!! se fueron a Panamá sin pasajeros (así como lo leen). La gente se enfureció aún más (¿quién no?) A todas estas yo con mi estado interno ommmmmmm, producto del sueño que tenía, estaba tranquilísima.

Luego de negociaciones intensas por parte de los pasajeros y el susto magnificado de los dos jóvenes que temían por su vida, comenzaron a organizar los próximos vuelos. Yo, afortunada, logré salir a las 4 de la tarde justo a tiempo para montarme en un avión que iría a Costa Rica y luego traerme a Guatemala. Llegué a mi destino final casi a las doce de la noche. Para cerrar con broche de oro, me paré en la banda transportadora de equipaje esperando mi maleta…… que nunca llegaría. Menos mal que llevo siempre conmigo mi cepillo dental ¡!!

Flores para la parranda surrealista?

Hornbeam para la pereza que me da el pensar que debo hacer mi equipaje, me ayudará a tener mayor motivación.

Chestnut Bud para dejar de repetir el mismo guión cada vez que viajo, me ayudará enfocarme y aprender de las situaciones.

Cherry Plum para rociar con manguera a todos los pasajeros enardecidos en la sala de espera, los ayudará a recuperar el control.

Olive para mi cansancio físico y mental, me ayudará a recuperar la energía vital.

A las 8 de la mañana del día sábado comencé mi clase vestidita como había salido de mi casa el día anterior. A pesar de tener pensamiento positivo…. mi maleta llegó a las 2 de la tarde. Fin de la parranda...espero!!

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