6 de mayo de 2011

Reflexiones maternales

El 8 de Mayo es el día de la madre en Venezuela, y probablemente en otros países. En la radio, en la prensa y la tele hay montones de ofertas para hacer muy felices a las progenitoras en su día.

Gracias a un artículo de una revista dominical me enteré sobre los obsequios que a las mamás nos encantaría recibir. Debo confesar que jamás se me hubiese ocurrido que me gustaría aceptarlos. Había una gran gama de artículos para sorprender a las madres en su día (yep, a mi si me asombrarían y muchos no gratamente!!). Las sugerencias iban desde granola (si, granola!!) hasta joyas de diseñadores vanguardistas pasando por masajes, zapatos de plataforma de Alexander McQueen (tipo Lady Gaga), clases de pole dancing (¿baile del tubo?), cirugía de glúteos, tatuaje de cejas, sartenes eléctricos, batas goajiras, planchas de vapor, patinetas, entre los más destacados por su originalidad (¡!!). Si, ya se, es que soy mamá baby boomer, es decir cincuentona, probablemente a las más jóvenes les guste la granola o la sartén eléctrica. Había innumerables anuncios de restaurantes con menúes(*) exóticos que segurísimo van a implicar filas más largas que las del día de la secretaria o las de los damnificados para que le den su maqueta, susto!! Los menos tradicionales pueden beneficiarse de las empresas de catering que ofrecían llevar la comida a domicilio de manera de mantener a las rehenes (llámense madres) en sus casas, sometidas como de costumbre, con el gentío alrededor, para que ni una siestecita puedan tomar en ese día de merecido descanso y así puedan felizmente culminar su agasajo bien eléctricas, como debe ser.

Desde ya es imposible entrar a ningún centro comercial; todo está abarrotado de gente buscando a última hora algo para que mamá sepa que no nos olvidamos de ella (ujum!!). Las pobres madres tendrán que utilizar eso originalísimo que fue comprado en el último momento y que solo usará probablemente una sola vez porque lo compraron una talla más pequeña o más grande o de un color rarísimo porque era lo que quedaba (¿patineta fucsia? ¿bata goajira color nazareno casi para pagar promesas de semana santa? que considerados!!).

Recordé entonces los regalos que le hacía yo a mi pobre madre: zarcillos cuando ni siquiera tenía los agujeritos en las orejas, juegos completos de Tupperware y ella detestaba la cocina, unas porcelanas horrorosas que por alguna razón yo compraba en cantidades industriales (debían ser muy económicas y mi presupuesto muy ajustado), maquillaje y ella solo usaba lápiz labial…. Mamá aceptaba todo aquello sin un gesto de desprecio ¿Dios, dónde tenía yo el sentido común y el gusto? Definitivamente madre solo hay una.

Flores para las madres?

Chicory: si queremos que los hijos nos expresen su afecto como nosotras queremos que lo hagan, nos permitirá amar sin condiciones.

Centaury: si no sabemos poner límites a nuestro servicio, nos ayudará a decir no tranquilamente.

Red Chestnut: si siempre nos imaginamos que lo peor les puede suceder a los muchachos (ya adultos o todavía niños); nos ayudará a ocuparnos y no preocuparnos.

Por lo menos mis hijos fueron más creativos que yo con eso de los obsequios. Creo que el año próximo voy a sacar mi propia línea de obsequios clasificados por categorías de edad e intereses….. ¿granola? ¿yo?

(*) Por si acaso, el plural de menú es menúes no menús, a menos que la RAE lo haya cambiado recientemente sin avisarme.

1 comentario:

  1. Eso es correcto Madre solo hay Una...y a la mia la amo con toda mi alma :)

    ResponderEliminar