24 de junio de 2011

Champús Caleño

 
En mi reciente visita a Cali pude experimentar la influencia del día más largo y cálido del año en esa ciudad. Llegué al aeropuerto y estaba un taxista del hotel esperándome para llevarme a mi hospedaje.  El señor hablaba más que radio sin botón de off, no paraba.  En el carro no podía usar mi truco del avión de hacerme la dormida por riesgo de ser trasladada a cualquier otro paradero.  Bueno, realmente esa es la paranoia de cualquier venezolano que viaja, trasladamos nuestras vivencias cotidianas a cualquier lugar que visitamos.   El hecho cierto es que el señor me habló de la situación política-económica de mi país como experto de CNN. Yo “inteligentemente” para romper con el tema, pues es suficiente vivirlo, tuve una brillante idea…. preguntarle si hacía tours de la ciudad.

El señor se tomó mi pregunta a pecho .  Me dijo que con gusto me daría una vueltica de tres horas por la ciudad por un módico precio (ujum!!).  Hice lo que tenía que resolver antes de mi periplo turístico.  El señor Javier estaba esperándome en la puerta del hotel para comenzar la aventura tal como había sido acordado (¿qué estaba yo pensando?).  Efectivamente recorrió en su taxi los ejes de la ciudad los cuales me hicieron recordar a la seductora (Caracas) por ser un valle.  Después de dar más vueltas que carrusel en feria, el señor en gesto de amabilidad compró un “champús” (si, singular pero con s al final) para que yo me deleitara, una exquisitez Caleña.   Yo, por cortesía elemental, lo acepté.  Era una bebida de maíz fermentada con fruta.  Cuando vi el brebaje inmediatamente retrocedí a mi infancia en las celebraciones del día de Reyes. Mi familia materna, por ser originaria de los Andes Venezolanos,  bebía un néctar similar llamado chicha andina de la cual nunca pasaba más de un trago pues era una especie de licuado espeso de Alka Seltzer. Cuando bebía, la sentía salirse de mi cuerpo por los oídos, reproduciéndose  espontáneamente dentro de mi ser en forma de una espuma incontenible tipo ectoplasma (descripción que sirve para explicar que no me gustaba en lo absoluto, a lo mejor por eso tampoco disfrutaba la festividad).   

Volviendo al champús, justo cuando pensaba cómo me iba a deshacer del medio litro del preciado líquido contenido en el vaso que se me había obsequiado, comenzó un ruido parecido a fuegos artificiales.  Yo como buena turista curiosamente intenté mirar por la ventana del vehículo cuando  Don Javier gritó que me lanzara al suelo del taxi.  Eran disparos de verdad!!  Lo primero que pensé en el instante  fue en un titular de prensa “Señora Venezolana disfrutando de Champús experimentó tiroteo entre bandas porque no les gustó la textura, temperatura y  densidad de la tradicional bebida”.

Flores para la experiencia champusística?

Centaury para poder decir cómodamente no sin perder la gracia y la decencia.
Walnut para manejar las influencias de las personas y no dejar que me afecten, incluyendo aceptar bebidas que no me gustan.
Agrimony para ser más asertiva y manejar conflictos confortablemente.

¿En que terminó el asunto?  El champús en el piso del carro, yo más mareada que perro en ascensor de tantas vueltas que dimos en el tour de la ciudad y  mi anfitriona asustadísima por mi bienestar. El tiroteo era un ajuste de cuentas!! Salió en el noticiero de la tarde. Todo fue el efecto del solsticio de verano.

Nota sobre el ectoplasma:  El susodicho es una supuesta emanación de un médium durante una sesión de espiritismo, con la que se forman apariencias de seres vivos u objetos. La chicha andina tenía vida propia según mis creencias de niña y las narraciones de mi querida madre que está en el cielo.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario