25 de junio de 2011

Como en cuento de hadas

Cuando era niña me encantaban los cuentos, tanto leerlos como escucharlos.  Luego vinieron las películas de Disney que los recreaba en todo su esplendor.  Mi parte favorita era siempre el final feliz, justamente el pedacito antes del colorín colorado.   Muchas veces ese momento era sellado por  un beso que marcaría la felicidad para siempre. Por supuesto no soy yo sola en ese gusto literario específico.  Muchas mujeres luego de  leer esos cuentos quedamos programadas para toda la vida; siempre tenemos en nuestro chip o sim card el archivo permanente llamado ideal perfecto.  En esa carpeta de almacenamiento cerebral está alojado todo aquello que aspiramos y que solo se puede dar en nuestra fantasía. Por ejemplo, el prototipo de la pareja ideal, el trabajo fantástico que queremos tener, el billete de lotería que nos vamos a ganar, la familia en la cual queremos estar, los perfectos hijos que aspiramos, en fin todo aquello contra lo cual comparamos nuestra realidad cotidiana y lo que nos puede hacer realmente infelices.

Básicamente tenemos un modelo en nuestra cabeza que no se parece al cuerpito o cuerpitos de carne y huesos que conviven con nosotros. Nos gustaría tener unos muchachitos como los hijos de esa gente que aparece en la revista Hola, que no se mueven cuando les toman las fotos y que siempre salen limpiecitos, peinaditos y arregladitos. Nosotros a los nuestros tenemos que envolverlos en envoplast (el plástico transparente para los alimentos) de manera que no se ensucien antes de llegar a la piñata en tan solo 20 minutos.  También esperamos que nuestra pareja sea como los doctores de Grace’s Anatomy: Dr. Mc Dreamy and Dr. Mc Steamy, unos súper galanes cuando nuestra realidad es otra…. seleccionada por nosotras mismas.  Esto vale para los caballeros también.  Sueñan con una conejita de Playboy y se relacionan con muchachas normales y corrientes pertenecientes a la Cofradía de la Virgen del Carmen (algunas con sus toquecitos cosméticos de silicona para subirse la auto-estima).

Lo que quiero decir con esto es que Blanca Nieves, la Bella Durmiente, Cenicienta, La Bella (la novia de la Bestia), Pocahontas, Jazmín (de Aladino), Mulan,  Ariel La Sirenita, Piel de Asno, entre muchas divas,  solo viven allí en el país de la fantasía donde un beso es más importante que pasar una materia en la universidad, o que pagar el mercado, o que no saber cómo llegar al trabajo en las caóticas mañanas del trafico capitalino o que aguantarse a una pareja malgeniosa que llega cansada de la oficina.  Ellas no tienen que lavar calzoncillos, preparar comida todos los días, experimentar tensión pre-menstrual, o tener un día con el feo alborotado.

¿A qué viene todo esto? Simplemente  a que entré en un simposio mental de los míos  luego de leer una noticia sobre un beso de salvación.  Resulta que un joven asiático de 16 años, de país no identificado pues no tengo oído entrenado para entender el acento (aunque tengo la leve sospecha que puede ser chino)  se iba a suicidar.  Una joven transeúnte de edad no determinada pasaba por la zona y vio el despelote que estaba armado. Los bomberos estaban tratando de convencer al chico para que desistiera de lanzarse al vacío.  Ella, típica representante del sexo femenino con imaginación fértil y pilas puestas, habló con las autoridades y los convenció que era la novia del potencial suicida.  Por supuesto que la dejaron subir a hablar con el joven.  La chica cruzó unos tres ideogramas (expresión mínima del habla con sentido propio, soy lingüista de profesión!!), se le abalanzó encima y lo inmovilizó con un súper beso.  ¿A quién se le puede ocurrir algo así?  Solo a una fémina que ha leído cuentos orientales y occidentales que contengan finales felices.

Flores para el cuento?

Star of Bethlehem para el joven que quedó en shock después del beso y así pudo ser rescatado por el cuerpo de bomberos.

Clematis para la joven que estaba siguiendo el protocolo de La Cenicienta a ver si ese era su príncipe azul.

Walnut para la joven por las influencias de los cuentos en su vida para que pueda hacerse impermeable y vivir su realidad.

Luego de la entrevista, en ese idioma que desconozco, la muchacha con cara de “aquí no pasó nada” se mostró sin una pizca de pasión ni emoción, narrando cómo fue que se le ocurrió el asunto.  Mi inferencia es que el joven no pasó la prueba de la selección imperial pero fue salvado en nombre del amor ideal. Dice mi Wikileaks criollo que están buscando a está joven como negociadora para conflictos en varios gobiernos de la región.   Colorín colorado, esté cuento se ha acabado.

Foto tomada de internet, video cortesía de You Tube

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