17 de junio de 2011

Mi coloquio mental Panameño

Redescubrí  a Ciudad de Panamá. Es simplemente otra urbe,  bastante diferente de la que conocí en mi época moza… esta nueva es una metrópolis, inmensa, llena de rascacielos y activo comercio, hasta Donald Trump tiene su huella en el paisaje del istmo.

Como siempre, una visita obligada  es ir al súper mercado.  Ya venía empapada de asombro como resultado de mi reciente visita a los supers de Guatemala y San José, segurísimo que pasará lo mismo con Cali y Bogotá.  He pensado seriamente en abrir una nueva línea de negocios para viajeros venezolanos, ya estoy madurando ideas de cómo contactar a agencias de turismo. Me explico: así como hay vueltas guiadas a Europa visitando circuitos de ciudades, yo voy a hacer uno de circuitos de mercados y súper mercados en las capitales de América Latina.  De esta manera, mis compatriotas podrán ver todo lo que nosotros no tenemos en nuestro país incluyendo también explicaciones sobre cómo funcionan los refrigeradores cuando no hay apagones ni bajadas de luz frecuentes como en nuestro terruño amado.  En lugar de mostrar monumentos, se puede mostrar  los depósitos  de carne de res con todos los cortes posibles, aceite vegetal, leche, papel sanitario y otros productos escasos en Venezuela. También mostraré productos autóctonos de cada país  en comparación con lo inexistente o ya en peligro de extinción en el mío.  Esto creo que sería un mango bajito (un exitazo sin esfuerzo, en argot venezolano).

Otra fórmula de negocios se me ocurrió gracias la falla del roaming de mi BlackBerry.  Mi suplidor de servicios en Venezuela jura y perjura que lo tengo activado, pero no hay manera que pueda comunicarme desde mi artefacto inteligente (¿será que el mío no es smart phone si no que tiene un coeficiente intelectual deficiente?).  El hecho cierto es que debido a este fenómeno que me desune de la gente, cada vez que voy al mismo operario que tengo en Venezuela (pero en el país visitado) me dicen que debo desbloquear el teléfono y me toma un montón de tiempo y dinero. Para ahorrarme las frustraciones,  porque ya tengo el umbral bajo de recibir las mismas respuestas, siempre termino comprándome un aparato en cada lugar visitado.  Ya tengo en mi haber uno canadiense, uno jalisciense, un chilango, un chapin, y mi última adquisición… uno panameño. El caleño me  está guiñando el ojo para que lo adquiera, pero me estoy haciendo la dura de convencer.  Todos ellos se unirán a la familia de mis teléfonos venezolanos de generaciones arcaicas (de menos de cinco años) que conforman mi tesoro de chatarra tecnológica.  Ahora todos esos instrumentos digitales podrán compartir como primitos hermanos dentro de la gaveta de mi escritorio e intercambiar los acentos de sus respectivos países.  Seguro se estarán preguntando las razones de la existencia de estos artefactos pre-históricos.  Simplemente no se cómo deshacerme ecológicamente de ellos, nunca  he obtenido una orientación verdemente responsable y… regreso con ellos en mi bolso. Así  surgió la segunda idea para un negocio venezolano:  “adopte un celular” ¿qué tal? Podrían usarse como mascotas virtuales, casi como el tamaguchi (tamagotchi en caraqueño) de los años 80.

Antes de partir y asi concluir con mi coloquio mental, tenía que cerrar con broche de oro, ¿cuándo no?. Mi despertador no ha querido funcionar desde que llegue aquí.  Seguro que extraña su casa.  Le pedí a la señorita de la recepción que por favor me llamara a las 5 de la mañana para venirme al aeropuerto. ¿Qué creen que pasó?  La joven se quedó dormida.  Pero no solamente pasó eso sino que cerró con llave todas las puertas de acceso a la calle y yo no podía salir de la posada (Bed and Breakfast, como se llaman ahora en español!!).  Afortunadamente por alguna razón premonitoria, accidentalmente grabé el teléfono del taxista en mi celular panameño.  Le envié una clave Morse de S.O.S. El señor llamó a la posada para que me abrieran la puerta y me dejaran salir!!!  Menos mal que ya había pagado; les aseguro que no me estaba escapando.  De este si no se que negocio montar; a lo mejor de polizas de seguro,  de ambulancias o rompecabezas de 2000 piezas para distraerse en situaciones de tensión.

Flores para mi coloquio?

Clematis para concretar mis nuevas ideas sobre negocios.  Me ayudara a puntualizar mi fértil imaginación a ver si me hago millonaria.
Gentian para mejorar mí bajo umbral de frustración.  Me ayudará a  ver con optimismo a mi suplidor de servicio cada vez que salgo de mi patria.
Chestnut Bud para dejar de repetir el argumento comunicacional y parar de adoptar más potenciales tamagotchis con auriculares.

Si me comparo con personajes mediáticos me parezco a Angelina Jolie y a Madonna con el tema de la adopción, no con lo del físico ni de la fama.  Cada vez que salgo de gira regreso con un muchachito nuevo.

Imagen cortesía de internet

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