21 de julio de 2011

De color Vino Tinto

Desde que me conozco el beisbol (baseball) ha sido la pasión deportiva venezolana. Para muestra un botón o varios…montones de grandes ligas criollos como Bob Abreu, Luis Aparicio, el Gato Galarraga, David Concepción, entre muchos, en los mejores equipos de la liga nacional, americana y hasta japonesa. Pero en estos días la Vino Tinto nos ha robado el corazón a todos los ciudadanos locales. Esos futbolistas han ido patada a patada hacia su éxito, resilientes a pesar de la adversidad y la poca credibilidad de muchos de sus compatriotas y por supuesto de los sazonados equipos latinoamericanos.

Creo, sin saber mucho de estos temas deportivos, que el equipo se había “rayado” por alguna noción de apoyo del gobierno actual. Haciendo historia, esta oncena (si mi memoria no me traiciona) nació en el año 2001 pero como en el país nos manejamos por ahora en bandos, el equipo había recibido los embates de las bajas pasiones de la fanaticada. Solo hinchas leales, como mi querido joven amigo Hans Graf, han sido seguidores fervorosos desde su comienzo. Imagínense como será su admiración que hasta escribió un libro sobre esa selección nacional hace ya varios años.

Desde que comenzó la Copa América las calles de las ciudades venezolanas han estado vacías. La gente se ha congregado en lugares para aupar desde la distancia y telepáticamente al equipo, con variaciones que van desde  masculinas observaciones expertas hasta femeninas cadenas de oración y de pensamientos positivos. Este fenómeno se replicó en el parque de la calle 93 en Bogotá, en el Schooners pub de Calgary y segurísimo en muchos otros sitios donde hay gente de esta tierra de Bolívar.

El punto que quiero hacer es que hacía tiempo que los venezolanos no nos uníamos por un fin común. Gracias a la Vino Tinto volvimos a ser como antes, como lo que yo siempre viví en mi país, gente unida sin importar credo, situación, educación…se nos olvidó la política y volvimos a ser hermanos, recuperamos temporalmente la unidad, la esperanza y la alegría.

Por supuesto que nos hubiese encantado llegar a la final y ahora vamos por un tercer lugar. Sin embargo, hay varias lecciones que aprender de todo esto. Una, que la perseverancia y esfuerzo dirigido hacia un fin común lleva al logro exitoso. Otra, basada en la fábula de la liebre y la tortuga, que vale ser lento y seguro aunque los demás vayan rapidito. Una antepenúltima, que los sueños pueden hacerse realidad. La penúltima, que nada ni nadie nos puede robar la felicidad de estar y trabajar unidos, ni quitarnos lo bailado.  La última…. no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista. 

Flores para la fanaticada Vino Tinto?

Vervain para tener un entusiasmo desbordante sin fanatismo por la selección que ha logrado algo que ningún partido político había logrado en trece años

Me imagino que nos prepararemos para darle un recibimiento especial a estos magos que sin ser productores de Disney nos permitieron soñar un país mejor en dos tiempos de 45 minutos cada uno.

Aclaratoria para lectores fuera de Venezuela:  un evento futbolístico pueder ser algo normal en otras latitudes. Dadas las circunstancias de lo reciente en términos de longitud vida de la selección, para nosotros es un hito sin medida.  Aunque estamos acostumbrados a los éxitos del Miss Universo y Miss Mundo, pero ese es otro tema. El segundo punto es que desde una historia reciente, los venezolanos vivimos en dos segmentos de pensamiento y este equipo de jóvenes nos unió por una causa común...la esperanza de un país unido en tolerancia.  De allí la conmmoción afectiva.

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