9 de agosto de 2011

Señales

 Ver a mis hijos es una de las alegrías más grandes que puedo experimentar.  Siempre ha sido así y ahora más aún pues están fuera del terruño amado y de mi perímetro de acción.  Ellos comparten un gusto muy particular conmigo: somos cinéfilos.  Esa no es una enfermedad, tampoco un rotavirus o algo contagioso, simplemente somos amantes del séptimo arte.

Yo he variado mis gustos con los años. Recuerdo de niña que las películas de Disney conformaban mi mundo favorito, aunque en esos momentos no se estrenaban cada año como ahora.  De Bambi a Blanca Nieves hubo un buen trecho y esta última a Cenicienta otro, ni se diga para llegar a la Bella Durmiente. No había dibujos animados computarizados, todos eran realizados a mano durante meses. Luego mis gustos se orientaron a la épica greco-romana.  Me encantaban las películas de Cecil B DeMille, las de Charlton Heston, todo lo de gladiadores, historias e imperios.  Pasé a la adolescencia y con ella mi gusto favoreció todo el género del terror y  de las catástrofes aunque pasara la mitad de la película con los ojos cerrados o bajo el asiento.  De ese tiempo recuerdo el Exorcista, Terremoto, películas con animales gigantes como conejos que se comían al mundo, y por supuesto, la saga del Planeta de los Simios.  Ya universitaria me convertí en seguidora de lo ininteligible, lo complejo, lo surrealista.  Pasé por Ingmar Bergman, Carlos Saura, Woody Allen.  ¿Ahora?  Pues veo comedias para  reír y generar endorfinas que sanen mi cuerpo y mi mente. Ya me dejé de películas de acción y de ciencia ficción, demasiado estrés adicional, suficiente con el del día a día.

Justamente en esta visita a mi primogénito compartimos nuestro gusto común por el cine  y por un director: Woody Allen.  Vimos Media Noche en Paris la cual disfruté muchísimo  no solo por la trama sino por la compañía (mi hijo).  Por supuesto que no les voy a contar los detalles para que la vean, pero si quiero contarles algo que me pareció genial: la moraleja y las señales.  La moraleja es entendible por ella misma: el hubiera no existe, no podemos intervenir el pasado.  Podemos aprender de él solamente si así nos disponemos.  Sobre las señales: a veces nos pasan situaciones y no leemos los mensajes que están presentes. A veces porque son implícitos, otras veces porque son muy explícitos para creerlos. 

Cuando llegué a Toronto pasaron cosas que parecían sacadas de la película… señales.  Yo había escrito en mi muro de Facebook que el calor  allí era más intenso que en Caracas.  Recibí de la nada una nota de una pareja de amigos con quienes compartí en Montreal cuando estudié allí hace un montón de años.  Los he encontrado en los sitios más insólitos a través de mi vida.  Inmediatamente me pregunté qué me quería decir esta coincidencia a mí.  Luego, bajo la misma tónica, mi profesora de francés de esa misma época me encontró a través de Google, me dijo que quería verme nuevamente luego de más de veinte años ¿o treinta? De igual manera, me habló del mismo tema que los amigos mencionados: el reencuentro.  Más tarde encontré a la Coordinadora del Programa Internacional Bach de Chile a quien nunca había conocido en persona…. en una ciudad de 7 millones de habitantes!!! Para finalizar este artículo, estaba parada esperando el tranvía y me encontré un letrero que decía  “¿Sientes que has encontrado el sentido de tu vida?”  Aja!! Están pensando qué quiere decir esta mujer con todo esto, cómo está todo encadenado ¿cierto?  Pues yo no lo sé aún, pero estoy inspirándome en Woody Allen a ver qué pasa.  Como diría mi profesor de Biocognición: recorriendo el empuje de mi misma corriente.

Flores para este devenir?

White Chestnut para mi argumentación mental  y generación de patrones inter conexos.  Me ayudará a tener una mente quieta y más productiva.

Aspen para las premoniciones, el miedo inexplicable a lo desconocido, a ese más allá.  Me dará serenidad y ayudará a reconocer la fuente de mis temores.

Si las conexiones me salen bien podría escribir un cuento o una novela, pura ficción.  Si no pasa así, habré invertido tiempo en un acertijo mental de enlaces útil para prevenir el Alzheimer, aunque la próxima vez utilizaré el Sudoku para no asustar a mis allegados.  ¿Qué habría hecho el Maestro Allen con mis señales?

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