20 de septiembre de 2011

Amores que acosan

Dicen que las mujeres somos más tercas que cabras montañesas; a veces eso puede ser cierto, otras veces puede ser simplemente “exageración” para describir nuestro género. Toda insistencia femenina dependerá de qué se quiere obtener con ella o las características del objetivo perseguido.

Basada en esa tenacidad intensa quisiera compartir una historia reciente, no mía afortunadamente sino de otra fémina en territorio europeo.  Hubo un caso hace algunos dias de una señora holandesa de 42 años de edad que se lució con el manejo de un pensamiento incontrolable dentro de su carrusel mental. Lo de lucirse  no es necesariamente un halago.  Menciono la edad y el gentilicio de la dama porque siempre dicen que las latinas somos las reinas del drama, pero aquí se acabo esa leyenda urbana…. Tenemos competencia en otros lugares de la bolita del mundo.

La famosa señora se dispuso a lanzarle la caballería armada (quiero decir conquistar) a un señor de 62 años de edad; es decir, el susodicho le llevaba 20 añitos y podía ser su papá.  Al parecer a él no le gustaba mucho la damisela pero ella ni corta ni perezosa como buena holandesa de tradición estaba dispuesta a ganar su atención (¿y afecto?).  La señora en cuestión se dio a la tarea de llamar al sexagenario 65.000 veces (si, sesenta y cinco mil, leyó bien) en un año.  Eso significa que la doña marcó ese número telefónico 178 veces al día, algo así como unas 8 veces por hora, 24 horas al día (sin descanso) en siete días que tiene una semana… y el señor no le prestaba ni pizca de interés. Me imagino que ni comería, ni iría al baño, ni dormiría, tampoco dejaría que el otro hiciera algo productivo con su vida.  El hidalgo caballero atormentado de tanta llamadera e insistencia para que le diera una oportunidad llegó al tope de su tolerancia y la denunció al tribunal internacional de la Haya donde se llevan hasta juicios de guerra.  No aguantaba más la situación.

¿Por qué planteo este tema? Porque a veces no tenemos medida cuando queremos cautivar a ese otro y en lugar de hacerlo atosigamos con nuestra insistencia.  Como resultado, el objeto de nuestra persecución no cae rendido a nuestros píes sino que huye despavoridamente. Pero ni cuenta nos damos en el proceso. Este tipo de hostigamiento no es exclusivamente femenino debo aclarar, por si acaso!!

Yo tengo una hipótesis…. La dama oriunda de los Países Bajos de esta historia debía ser poco agraciada y cualquier oportunidad que hubiese tenido con el señor de sus sueños la perdió con tanto empecinamiento, a lo mejor hasta generó el desagrado del sesentón.  ¿Sería que el señor tenía bienes de fortuna?¿No tendría ni una gotita de curiosidad por la señora?

Flores para el acoso?

Cherry Plum ayudaría a la señora con los pensamientos descontrolados y temerosos de perder  al objeto de su deseo.

White Chestnut para la obsesión con el señor y con el teléfono, le permitirá parar el carrusel mental obteniendo paz a nivel de pensamientos.

Rescue Remedy para el señor que debió tener una crisis con toda la persecución a la cual fue sometido, para que recupere su foco y tranquilidad. A lo mejor pensaba que le había tocado una loca como la de Obsesión Fatal con Glen Close.

Si esto hubiese sido en Venezuela les aseguro que el viejecito no perdía la oportunidad brindada, que va!!! Bastante curiosidad le hubiese despertado el acoso.  Probablemente hasta le hubiese subido la auto-estima.  Aunque después se lamentara amargamente. Dicen las malas lenguas que la señora está siendo contactada por varias firmas de multinivel para que dicte talleres de persuasión. ¿En cuánto saldría esa cuenta telefónica?

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