19 de septiembre de 2011

Iniciando el año escolar

Hoy comenzaron las clases en Venezuela y hace dos semanas comenzaron en Canadá.  Luego de las vacaciones escolares llegan los días de entusiasmo por los uniformes o vestuario nuevo, útiles escolares que huelen a muñecos recién salidos de las cajas,  maestros que van a sazonar varios meses de la existencia de los niños y jóvenes, la nueva ruta del transporte escolar será un misterio para algunos, para otros la caminata de ida y regreso del colegio será una aventura, sobre todo si se vive en Caracas u otra ciudad venezolana.

He visto programas de televisión haciendo recomendaciones a los padres sobre los niños, las mejores meriendas y almuerzos para mantenerlos saludables, actividades extra curriculares para mantenerlos distraídos, en fin montones de cosas para alegrarles la vida a los querubines. Lo esencial para que todo salga a la perfección.  Si, ujum  yo les aviso.  Yo pienso que todo esto es bastante lejano al estrés y la ansiedad que se producen  en todos los bandos involucrados (estudiantes, padres y docentes).    A mí por ejemplo me daba una angustia terrible cuando niña solo de saber que se acercaba septiembre, simplemente no me gustaba el colegio, ni la maestra, ni las asignaturas y menos educación física. No, no, no, no me gustaba nada.  Cuando escuchaba a mis primos hablar de la nueva “señorita” me daban bajas de presión sanguínea, ¿qué placer podía tener eso?  Ni se diga cuando había que presentarse públicamente ante todos los muchachitos, casi siempre unos treinta. Quedaba congelada en el sitio.  Dígame cuando era clase de matemáticas, vivía en el piso buscando la goma de borrar para que la maestra no me pasara a la pizarra. No me quiero acordar de las clases de gimnasia y mi falta de coordinación.  Estaba convencida que yo era un ser mutante que no disfrutaba del nuevo comienzo que se haría para mí un laaaargo trayecto en los meses por venir. 

Para mi mamá, y seguro que para otras muchas de ayer (¿y de hoy?), era toda una tarea titánica ver en qué actividad se iba a colocar a los polluelos en las tardes.  No solamente por el tema de gustos o relevancia  del aprendizaje sino por el del presupuesto y coincidencia de la hora de la salida del trabajo con la de la actividad de los muchachitos.  Siempre llegaba despeinada y agitada como si viniera en moto y sin casco, tratando de no perder la compostura.  Justo en la raya para recogernos.

Ni se diga los pobres docentes, aguantar a un salón completo de muchachitos y adolescentes que ni siquiera podían ser controlados en sus casas, repetidos como por el milagro Xerox. Esos pobres señores y señoras debían hacer circo y maromas para poder contener a las jaurías.  Yo era invisible, del tipo tímido, pero mis compañeritos eran aguerridos y parecía que tomaban Red Bull en lugar de agua, nunca paraban. 

Hoy respiré profundo y pensé “Gracias Diosito que esa tortura ya es prueba superada”, se acabó esa pesadilla. No era que no me gustara estudiar, era que no me agradaba la escuela.  Por esa razón me licencié en educación… para entender qué era lo que no me gustaba y cómo podría cambiarlo. Por supuesto, yo soy un caso aislado. Seguro nadie es igual que yo. Pobrecita mi señora madre!!!

¿Flores para el inicio de clases?

Walnut para ayudar a la adaptación del nuevo ambiente, amiguitos, maestros; también para hacerlos impermeables a la susceptibilidad de otros niños de personalidades más fuertes.

Mimulus para la timidez y los temores concretos relacionados a la escolaridad, los ayudará a manejar una valentía serena.

Chestnut Bud para ayudar a los estudiantes cuando tienen problemas en fijar la atención y por ende cometen siempre los mismos errores.  Les ayudará a establecer patrones de atención.

Mis hijos son otra historia, a ellos les encantó el colegio y la universidad…  ¿Saldrían a su papá o me los cambiarían en la clínica? 

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