22 de noviembre de 2011

En el ojo del huracán

Hago fisioterapia religiosamente con la esperanza de recuperar pronto mi libertad motriz. Entiéndase por libertad poderme valer autónomamente, sin la ayuda de bastón, andadera ni muletas. La técnica aquí es algo diferente a como la he recibido en mi país pero he entendido que nosotros somos demasiado regalados y consentidores, además  sazonamos nuestros discursos con diminutivos cariñosos. ¿Ejemplos? “A ver doñita dónde es que le duele” “Uyyy ¿cómo fue que le pasó eso en los deditos?” “¿Te duele mucho mamita?”.  

Aquí en contraste todo es antiséptica y racionalmente manejado, hasta las palabras. Las indicaciones rehabilitadoras se transmiten con exactitud, ni pensar en el cruzar información personal como sucedería en Venezuela. En mi país, por espontaneidad o por curiosidad, uno se enteraría del estado civil del terapeuta, cómo le va en la relación de pareja, si le pagan bien en el lugar, cómo es el jefe, si se siente explotada en esa clínica, si se va a cambiar a otro sitio (en este caso, por supuesto si a uno le gusta el servicio, inmediatamente le pide el pin del Blackberry para mantenerse en contacto y mudarse con ella (él) apenas se vaya de ese local).  En mi país, a pesar de que el protocolo terapéutico es similar al de aquí, uno se  entera con facilidad de la vida, obra y milagros de todos los pacientes de la sala de tratamiento: si tienen un uñero, si se cayó tomando fotografías, si llega solito al lugar, si lo lleva un familiar, si está afiliado a algún seguro, si pertenece a la farándula o a algún partido político. ¿La razón? Puede haber muchas pero se me ocurren dos. La primera es cultural. Los im-pacientes hablan en un tono tan alto que sin quererlo (¿!!!!?) todo el mundo se entera de su conversación tal cual como si fuésemos parte de una telenovela brasilera. La segunda es laboral. El terapeuta  debe atender a varios pacientes al mismo tiempo. Así que da las instrucciones “encima” de quien atiende mientras aplica una terapia y todos los demás seres vivientes que se encuentren en el lugar aprenden dónde es la afección del sujeto observado por el ojo experto,  y cómo se debería hacer la rehabilitación de la manera correcta.... Aprendizaje colectivo. ¿Ejemplo?  “Señora Núñez,  si usted, usted misma, no se haga la loca, no está haciendo el ejercicio como le dije, mueva ese pie ¡caramba!”, esto lo dice mientras le está haciendo una tracción de cuello al señor Pérez, y echándole un vistazo a la terapia de calor de la señora Martínez.  A veces en lugar de des-estresarse, uno termina más contracturado pues una sesión que debía durar unos cuarenta minutos se convierte en 80 debido a las múltiples actividades paralelas del experto en rehabilitarnos.  Lo digo con autoridad moral, me ha sucedido, no estoy inventando. 

Pero mi cuento es otro relacionado con mi actual rehabilitación. Acababa mi sesión de fisioterapia y estaba planificando llamar a un taxi para que me llevara de vuelta a casa. Antes de salir del consultorio volví a disfrazarme como la mujer Michelin (la versión femenina del hombre de los famosos neumáticos) para no pasar frío.  Llevaba tantas capas de ropa que no podía casi voltear el cuello, solo giraba sobre mi eje como el planeta Saturno, los anillos eran mis muletas. Me faltaban los guantes y el gorro que quedaron atrapados en el fondo de mi bolso. Mi integra atención estaba allí… en el recóndito interior de mi busaca. Se abrió el ascensor de par en par en la planta principal donde hay una farmacia.  Cuando levanté la cabeza vi a tres damas pegadas contra la pared con cara de shock, inmóviles.  Inmediatamente pensé que sus caras eran consecuencia del frío en la calle, debía estar muy baja la temperatura, estamos invierno por estos lares cercanos al Polo Norte. Cuando volteé 30° hacía el frente, en cámara lenta gracias a mi gruesa bufanda, vi a tres sujetos enmascarados.  Me llamó la atención la forma tan particular de usar el gorro invernal. Pensé “definitivamente el frío debe estar para pingüinos, a estos tres señores ni se les vea la cara”.  Me corrí unos centímetros hacia un ladito pues sentí apurados a los engorrados y no quería que me tropezaran.   Seguidamente moví la mirada otros 30° y vi a un señor de bata blanca con las manos suspendidas en el aire.  ¿Estaría haciendo ejercicios de calentamiento? Si hubiese sido en mi ciudad todas las claves me hubiesen llevado a pensar que se trataba de un asalto pero aquí nadie hablaba, era como en la fisioterapia, todo un silencio sepulcral. Mi inmediata reflexión fue que en mi país los pillos gritan, golpean, profanan, utilizan violencia parecida a las películas de acción, así que no podía ser nada de eso.  Mientras tanto en esos largos segundos yo estaba como estatua de las Tres Gracias, en el medio de mis muletas mientras seguía buscando los famosos guantes.  De repente percibí una mueca de una de las señoras pegadas a la pared, parecía estar señalando a los señores enmascarados.  Mmmm esto está raro, algo no está bien - pensé.  Como estaba en la puerta del ascensor me fui echando hacia atrás como quien no quiere la cosa, tipo turista gringa. Se abrió la puerta y entré de lado estilo cangrejo.  Toqué el primer botón que pude y apareció un vigilante que tenía toda la pinta de haber estado durmiendo una siesta.  Yo trataba de explicar que en la planta baja estaba sucediendo algo raro pero las palabras no me salían de la boca, y hacer señas con dos muletas no es fácil, se los aseguro.  El guardia no me entendía. Cuando bajamos el señor de la bata blanca había presionado el botón de pánico y la policía estaba entrando al edificio. Los tres enmascarados ya no estaban, eran asaltantes y yo sin imaginarlo estuve en el medio de todo el lío.  Definitivamente Dios sabe lo que hace… la vaina es que no explica.

¿Flores para el susto?

Rock Rose para el pánico que tenía a las señoras inmóviles contra la pared, las ayudará a recuperar la serenidad y poder actuar con valentía.

White Chestnut para mis discursos mentales en la búsqueda de los guantes que no me dejaban percatarme de lo que estaba sucediendo, me ayudará a estar en el presente.

Rescue Remedy para el señor de la bata blanca y los efectos post traumáticos de la crisis que vivió durante el silencioso asalto a mano armada.

Si esto hubiese sido en Caracas las damas hubiesen entrado en una crisis histérica (con razones de sobra!!), al señor de la bata blanca los cacos le hubiesen dado una tremenda paliza, y a mí me hubiesen llevado como rehén, pero con tanta ropa encima y muletas no hubiese cabido en el vehículo, me hubiesen dejado rodar colina abajo en caída libre hasta que encontrara mis guantes en el bolso.  Gracias Diosito por tus maneras milagrosas de actuar, por eso siempre digo que proteges a los inocentes, pero dame pistas mijito!!!!

13 de noviembre de 2011

Momentos de Epifanía


De niña, como hasta los 10 años, asocié la Epifanía con los Reyes Magos.  En mi familia siempre se le celebró el 6 de enero y por alguna razón asumí que ese era el sobrenombre cariñoso de la Virgen María. A lo mejor porque lo confundía con Estefanía. Bueh… también confundía Asunción con Circuncisión. Se me parecían todos.  Me hice mi propia hipótesis; como el 24 de diciembre se celebra la llegada del Niño, la Epifanía debía una fiesta que le hacían esos señores del lejano oriente a esta dama tan sufrida que tuvo que viajar tortuosamente en burro hasta Belén buscando cupo en todas las posadas para poder alumbrar al niño más importante de la historia. Algo así como la ruta que deben sortear las damas caraqueñas que necesitan ir a la Maternidad Concepción Palacios. Así que por inferencia deductiva tipo silogismo yo infantilmente establecí una ecuación: Epifanía- Reyes Magos- apodo para la súper madre. 

Más tarde en la vida entendí que la Epifanía no solo estaba relacionada con la adoración de sus Majestades Reales sino también con el bautizo y el primer milagro del hijo de Papá Dios. Aquí se fue por el suelo mi teoría infantil del apodo de la mamá superpoderosa. Posteriormente me cayó la locha / el veinte/ se me prendió el bombillo y entendí el significado de Epifanía a través de aplicaciones directas en mi vida personal.

La epifanía es una revelación que se da en nuestra vida, no a manera de milagro sino  a manera de consciencia. Es el momento en que nosotros nos damos cuenta de situaciones y estas obtienen su sentido en relación a nuestros propósitos, es lo que nos hace apreciar lo que vivimos de manera muy diferente. Estoy segura que todos mis lectores han tenido un buen número de ellas. 

¿A qué viene todo este discurso?  Muy simple. Quiero compartir mi más reciente momento de revelación.  Por motivos involuntarios he tenido que estar de reposo, una cuestión de malos pasos… literalmente hablando. Tengo un amigo que puede ser mi hijo por el tema de la edad y del afecto que siento por él, hasta mis hijos lo llamaron “Tío Juancho” en algún momento de sus vidas.  Él se ha dado a la tarea de suplirme con retos, que a veces asumo y que otras veces “toreo”.

Pues bien a mi querido Juan Carlos se le ocurrió que en estos días de reposo podía usar mi reservorio de información estructurada para hacer diseño instruccional como lo hice durante mis años de vida corporativa.  Me consiguió una cita virtual con un potencial contratista.  El señor me citó por Skype conociendo mi situación de movilidad precaria, pero yo, enchapada a la antigua, insistí que fuese personalmente por creer en el impacto de las primeras impresiones.  Llegar al lugar fue una proeza china pues con muletas y yesos no es muy fácil la cosa (¿Qué más impacto que ese?¿Qué estabas pensando Marielena?).  Me invitaron a pasar, pronto llegaría el coordinador. Primera señal de alarma: el joven señor era oriundo de la India, su inglés estaba marcado con un fuerte acento de por allá… le entendí con mucha dificultad, váyase a saber si realmente le entendí. La segunda señal que se encendió fue la edad… él también podría ser mi hijo.  No hay nada peor que supervisar gente de la edad dorada. Hay un tema implícito de respeto y conmiseración hacia los mayorcitos.  Luego inició un examen oral de todos los conceptos teóricos que debía conocer…pan comido, un punto para mí.  Inmediatamente comenzó a hablarme de sistemas multimedia y de administración del aprendizaje de última generación…. se me desorbitaron los ojos, se me mezcló el acento de la India con el desconocimiento total del tema. Yo me había quedado en la versión Beta. En ese momento escuché las trompetas de ángeles y arcángeles además del  fuerte trote de los camellos de los reyes magos. Tuve una epifanía, un momento de revelación… honesto, real, demoledor, es así...el asunto no es sólo la partitura sino la ejecución.  Estaba en el sitio correcto…pero 12 años más tarde.  El conocimiento es el mismo, más no las maneras de empleo.  Como decimos en Venezuela. Marielena ‘tas ponchada!!!

¿Flores para mi sentimiento de epifanía tecnológica?

Honeysuckle para salir de la vivencia del pasado y surfear la ola del presente tecnológico.  Me ayudará a entender las diferencias de los tiempos y espacios sin añoranza.

Walnut para hacer los tránsitos de la vida fluidamente, sin roces.

Star of Bethlehem para el impacto que me produjo conocer de las nuevas tendencias, me ayudará a recuperarme de mi analfabetismo en cuanto a información se refiere.

Inmediatamente me comuniqué con Juan para contarle sobre el momento epifánico. Estaba frente al espejo del presente, aquí no vale ni el Botox ni el Juvederm tampoco el ácido hialurónico.  Gracias a él me percaté que me quedé en el pasado, viviendo en aplicaciones ya arcaicas y obsoletas más allá del Windows 7.  Desde ahora comenzaré mis cuentos con “hace muchos terabytes… existía… bla bla bla bla”. Definitivamente tengo que actualizar mi curriculum vitae.

8 de noviembre de 2011

¿Corazones Apasionados?

Si, esos que motorizan alma y cuerpo cuando hay un ideal, esos que se agrandan como faja de spanx a pesar de que la estadística del destino indique poca o ninguna probabilidad de alcanzar meta alguna. 

Yo soy una de las que discurro sobre nuestro aprendizaje (¿femenino?) basado en las historias de fantasía. También a veces pienso que tenemos una programación particular en nuestra máquina de ilusiones esperando que se produzca un cuento similar al de cenicienta donde todo se da como zapato a la medida.  Sin embargo, reconozco que hay casos que me mueven el tapete y me dejan reflexionando sobre las posibilidades infinitas que ofrece la vida.  Hoy por ejemplo, tratando de convencer a la musa inspiradora para que me acompañara un rato en este reposo obligado, encontré tres sucesos cargados de mágico optimismo.

El primero de los casos es el de Ivian Lunasol Sarcos.  Ya sé, es del tema de belleza, los estereotipos. Venezuela vive de eso, ya el tema conforma parte de la idiosincrasia nacional…. las venezolanas no salimos desarregladas ni a la esquina no importa la edad. El verse glamorosas es el asunto sobre el cual gira cualquier conversación, bueh… aparte del Blackberry. Contamos hasta el momento con 6 Miss Universos, 6 Miss Mundos, 6 Miss Internacionales, el mayor número de cirujanos plásticos per cápita, cremas, tratamientos cosméticos y tipos de champú del globo terráqueo. Deberíamos ponernos a pensar cómo clonar a Osmel Sousa y cómo le podemos sacar provecho a éste nicho de negocio antes de que se nos acabe el petróleo a causa de otra alternativa energética más ecológica u otra predicción de Harold Camping, el señor mayor que no acierta ningún vaticinio. Pero volvamos al asunto que me motiva,  esta jovencita de 21 años ha luchado toda la vida contra la adversidad.  Desde los 9 años vivió con unas monjas en Guanare porque quedó huérfana de padre y madre,  casi se hizo novicia, trabajó como vendedora informal (buhonera en criollo) en el mercado del Cementerio y en El Valle de Caracas.  Siempre pensó que quería ser modelo… de convento, de pasarela, de lo que fuera.  Estaba clarita y luchó por lograrlo. Se empeñó con todas las fuerzas. Lo logró... tiene un corazón apasionado.

Mi segundo encuentro: Maickel Melamed.  Un joven señor de 36 años que nació con retraso motriz.  Tras 15 horas y 22 minutos hizo un recorrido de 42 Kilómetros en el maratón de Nueva York 2011.  Su lema es “nada es tan grande como para no intentarlo”. Esta carrera es tan solo uno de los maratones diarios que este joven ha recorrido durante su vida. Sobre todo si se toma en cuenta que vive en Venezuela, no en un país primer mundista donde puede haber todas las facilidades para una persona con necesidades especiales.  Su participación fue emblemática, y el cierre, cuando llegó, muy emotivo. Los corredores venezolanos asistentes lo esperaron en la meta y se colocaron sus respectivas medallas solo cuando él arribó muchas horas después. Esta era una carrera y un record diferente que cambió la percepción pública: lástima por admiración. Lo logró...tiene un corazón apasionado.

¿Mi tercero? Una joven norteamericana de 22 años que hace poco visitó esta ciudad, Bethany Hamilton.  Una surfista a quien un tiburón le arrancó un brazo completó y aún así siguió con sus entrenamientos, hizo trabajo social asistiendo a los más necesitados, ganó torneos internacionales de surf y no ha sido detenida por nada en lo que se refiere a ayudar a otros directamente o a través de su ejemplo.  Pudo quedarse sumida en el duelo de la pérdida, sin embargo siguió con entereza logrando los objetivos de la vida. Se dice que surfea sobre olas de almas.  Lo logró...tiene un corazón apasionado.

¿A qué vienen todos estos ejemplos? A veces la vida no es como queremos que sea, simplemente es como es.  Las cosas no siempre se dan como las imaginamos y las planeamos. Cambiar la perspectiva en la vida nos ayuda no solo a verla, escucharla y sentirla mejor sino a experimentarla de manera diferente. Nadie nos dijo que esta existencia iba a ser fácil pero les aseguro que si entretenida.  Si no hubiesen casos como los narrados no habría inspiración concreta para escritores famosos como Isabel Allende, García Márquez o Francisco Suniaga. Tampoco para la difunta Corín Tellado ni para los escritores de telenovelas latino americanas. Apuesto a que hay montones de historias de corazones apasionados que desconozco y que me harían vibrar de la emoción.

¿Flores para los corazones apasionados?

Oak si la lucha en la vida se hace por el sentido de responsabilidad a pesar del sufrimiento y cansancio que nos produce. Nos ayuda a entender nuestras necesidades personales.

Gorse si perdemos la esperanza en la lucha y tiramos la toalla, renunciamos.  Nos ayudará a recuperarla y seguir en el camino.

Gentian si nos frustramos y desilusionamos con los resultados que esperamos, nos ayudará a recuperar la fe y sortear los obstáculos que la vida a veces nos presenta.

¿La conexión particular entre Ivián, Maickel y Bethany? la resiliencia.  Esa capacidad de lucha a pesar de la adversidad que nos hace salir fortalecidos de situaciones adversas alcanzando un estado de excelencia personal. Ahora entiendo las miradas al cielo y persignándose de la nueva Miss Mundo….se estaba conectando con lo que cree. Si mi abuelita hubiese estado viva me diría: eso se llama entereza mijita, entereza. ¿Dónde la venderán para comprarme unas capsulitas?