13 de noviembre de 2011

Momentos de Epifanía


De niña, como hasta los 10 años, asocié la Epifanía con los Reyes Magos.  En mi familia siempre se le celebró el 6 de enero y por alguna razón asumí que ese era el sobrenombre cariñoso de la Virgen María. A lo mejor porque lo confundía con Estefanía. Bueh… también confundía Asunción con Circuncisión. Se me parecían todos.  Me hice mi propia hipótesis; como el 24 de diciembre se celebra la llegada del Niño, la Epifanía debía una fiesta que le hacían esos señores del lejano oriente a esta dama tan sufrida que tuvo que viajar tortuosamente en burro hasta Belén buscando cupo en todas las posadas para poder alumbrar al niño más importante de la historia. Algo así como la ruta que deben sortear las damas caraqueñas que necesitan ir a la Maternidad Concepción Palacios. Así que por inferencia deductiva tipo silogismo yo infantilmente establecí una ecuación: Epifanía- Reyes Magos- apodo para la súper madre. 

Más tarde en la vida entendí que la Epifanía no solo estaba relacionada con la adoración de sus Majestades Reales sino también con el bautizo y el primer milagro del hijo de Papá Dios. Aquí se fue por el suelo mi teoría infantil del apodo de la mamá superpoderosa. Posteriormente me cayó la locha / el veinte/ se me prendió el bombillo y entendí el significado de Epifanía a través de aplicaciones directas en mi vida personal.

La epifanía es una revelación que se da en nuestra vida, no a manera de milagro sino  a manera de consciencia. Es el momento en que nosotros nos damos cuenta de situaciones y estas obtienen su sentido en relación a nuestros propósitos, es lo que nos hace apreciar lo que vivimos de manera muy diferente. Estoy segura que todos mis lectores han tenido un buen número de ellas. 

¿A qué viene todo este discurso?  Muy simple. Quiero compartir mi más reciente momento de revelación.  Por motivos involuntarios he tenido que estar de reposo, una cuestión de malos pasos… literalmente hablando. Tengo un amigo que puede ser mi hijo por el tema de la edad y del afecto que siento por él, hasta mis hijos lo llamaron “Tío Juancho” en algún momento de sus vidas.  Él se ha dado a la tarea de suplirme con retos, que a veces asumo y que otras veces “toreo”.

Pues bien a mi querido Juan Carlos se le ocurrió que en estos días de reposo podía usar mi reservorio de información estructurada para hacer diseño instruccional como lo hice durante mis años de vida corporativa.  Me consiguió una cita virtual con un potencial contratista.  El señor me citó por Skype conociendo mi situación de movilidad precaria, pero yo, enchapada a la antigua, insistí que fuese personalmente por creer en el impacto de las primeras impresiones.  Llegar al lugar fue una proeza china pues con muletas y yesos no es muy fácil la cosa (¿Qué más impacto que ese?¿Qué estabas pensando Marielena?).  Me invitaron a pasar, pronto llegaría el coordinador. Primera señal de alarma: el joven señor era oriundo de la India, su inglés estaba marcado con un fuerte acento de por allá… le entendí con mucha dificultad, váyase a saber si realmente le entendí. La segunda señal que se encendió fue la edad… él también podría ser mi hijo.  No hay nada peor que supervisar gente de la edad dorada. Hay un tema implícito de respeto y conmiseración hacia los mayorcitos.  Luego inició un examen oral de todos los conceptos teóricos que debía conocer…pan comido, un punto para mí.  Inmediatamente comenzó a hablarme de sistemas multimedia y de administración del aprendizaje de última generación…. se me desorbitaron los ojos, se me mezcló el acento de la India con el desconocimiento total del tema. Yo me había quedado en la versión Beta. En ese momento escuché las trompetas de ángeles y arcángeles además del  fuerte trote de los camellos de los reyes magos. Tuve una epifanía, un momento de revelación… honesto, real, demoledor, es así...el asunto no es sólo la partitura sino la ejecución.  Estaba en el sitio correcto…pero 12 años más tarde.  El conocimiento es el mismo, más no las maneras de empleo.  Como decimos en Venezuela. Marielena ‘tas ponchada!!!

¿Flores para mi sentimiento de epifanía tecnológica?

Honeysuckle para salir de la vivencia del pasado y surfear la ola del presente tecnológico.  Me ayudará a entender las diferencias de los tiempos y espacios sin añoranza.

Walnut para hacer los tránsitos de la vida fluidamente, sin roces.

Star of Bethlehem para el impacto que me produjo conocer de las nuevas tendencias, me ayudará a recuperarme de mi analfabetismo en cuanto a información se refiere.

Inmediatamente me comuniqué con Juan para contarle sobre el momento epifánico. Estaba frente al espejo del presente, aquí no vale ni el Botox ni el Juvederm tampoco el ácido hialurónico.  Gracias a él me percaté que me quedé en el pasado, viviendo en aplicaciones ya arcaicas y obsoletas más allá del Windows 7.  Desde ahora comenzaré mis cuentos con “hace muchos terabytes… existía… bla bla bla bla”. Definitivamente tengo que actualizar mi curriculum vitae.

1 comentario:

  1. Como siempre excelentes tus relatos. Enseñan y divierten un montón. Feliz día amiguita

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