25 de marzo de 2012

¿Cómo puedo cambiar mi vida dramáticamente?

Esta es la pregunta de los 64.000 dólares, pesos, soles, quetzales, bolívares, liras, libras esterlinas, euros… coloque aquí usted su moneda nacional.  Mucha gente viene a mi consulta preguntándome que pueden hacer con sus vidas para mantenerse motivados, para sazonarla o cambiarla drásticamente.  Si yo lo supiera a ciencia cierta me llamarían la bruja de Caracas (¡que puedo serlo sin necesidad de cambiar su vida!!).  Cada existencia es diferente y yo no tengo todos los pormenores de cada uno de ustedes para decirles qué hacer; además no es mi estilo.  Sin embargo, hay algo que sé. Cuando no hay motivación nos costará lograr nuestros objetivos, podremos salirnos del camino trazado, nunca empezaremos nada, o simplemente postergaremos lo que tengamos que hacer. Esto aplica a niños y adultos, a damas y caballeros, a nacionales del primer mundo y del tercer mundo (¿cuál será el segundo?).

Recuerdo claramente una experiencia en mi tiempo de vida corporativa. Estaba de moda el curso Los 7 hábitos de las personas altamente efectivas de Stephen Covey. Yo asistí como parte de mi entrenamiento. Una de las prácticas era pensar que estábamos en nuestro funeral y había que leer nuestro epitafio.  El instructor nos decía que pensáramos qué querríamos que dijera esa lápida.  Por supuesto a mí el tema de la muerte y especialmente la mía no me agradaba en lo absoluto.   Pero luché contra mi ansiedad y me dispuse al ejercicio.  Tuve que pensarlo un buen raaaato,  luego procedí a colocar mis cosas y pasos en perspectiva, limpié la basura alrededor de mi meta personal, me di cuenta de los obstáculos que habían (establecidos por mí y por mi ambiente) y las preocupaciones generadas alrededor de mis propósitos. ¡Fácil no fue!  Aunque parezca una medida imaginariamente radical, estoy convencida que la actividad ayuda a centrarse en lo que realmente queremos.

El otro elemento que puede ayudarnos a encender la chispa de la motivación es atacar la tarea tan pronto aparece.  A veces postergamos porque nos da pereza o fastidio. En lugar de concentrarnos nos dispersamos en cualquier cosa y dilatamos el comenzar la faena. Cuando nos damos cuenta, la demora ha llegado a tal nivel que ni que comencemos podremos cumplir con nuestro cometido.  Lo digo con autoridad moral, conozco la situación de primera mano, soy tutora de metodología para estudiantes de postgrado en proceso de tesis.  Muchos dejan todo para el último momento y la tarea se hace cuesta arriba. Terminan sintiéndose culpables por no haber aprovechado el tiempo cuando lo tenían o no haber entregado sus proyectos en el período estipulado.  A lo mejor lo suyo no es una tesis sino una decisión de vida, o una labor por cumplir, o bajar de peso, o cambiarse de trabajo, o comenzar a hacer ejercicio.  En estos casos hay algo que decía mi abuelita y repetía mi mamá: hay que empezar con el sapo más gordo y feo a primera hora del día.  Lo que querían decir era que había que acabar tempranamente con la tarea menos agradable para liberarnos mentalmente del suplicio… ser los soberanos de nuestro día y nuestra vida.  

Resumidamente, si primero nos ubicamos en el contexto de lo que queremos a través del famoso epitafio y luego empezamos a besar los sapos gordos para liberarnos podremos realmente dedicarnos a lo que nos gusta plenamente, logrando nuestra(s) meta(s) de vida.

¿Flores para activar nuestra motivación?

Hornbeam si padecemos del sentimiento del lunes por la mañana, es decir flojera por kilogramos.  Nos ayudará a manejar la incertidumbre y a encender nuestra batería.

Wild Rose si nos sentimos letárgicos y apáticos, si nada nos motiva.  Nos ayudará a sentir pasión por la vida.

Mimulus si tenemos temores concretos en la vida que no nos ayudan a iniciar nuestros proyectos, nos dará valentía serena ante esos miedos.

Larch si sentimos que nos falta seguridad en nuestra capacidad, nos ayudará a darle un impulso a nuestra auto-estima.

Las matemáticas no son mi fuerte.  Los números que mejor manejo son los de mi cédula de identidad, mi número telefónico y los celulares de mis hijos,  pero hay una operación que realizo cuando me cuesta “prender” el motorcito personal para realizar algo. Voy a compartirlo con ustedes: réstele su edad a la cifra 75, el resultado multiplíquelo por 52. El número que le dará es el número de días viernes que le quedan aproximadamente por vivir de acuerdo a las medias de longevidad…. ¡ups!!  Corolario: nuestros días no son ilimitados, tampoco las oportunidades… a besar sapitos antes de que sea tarde. Se sorprenderá de cómo cambia dramáticamente su vida.  Ujum ¿Cuántos viernes le salieron?


Nota:  No hay nada mejor que tener amigos sabios.  Mi querido Martín me explica sobre el segundo mundo:
Por segundo mundo se entendían aquellos países que estaban bajo la influencia de la URSS, aquellos que siempre votaban en la ONU junto con La Meca socialista y que reclamaban en aquel entonces una metodología especial pues a ellos no los motivaba la ganancia, no había desempleo, ni recesiones, ni inflación pues todos esas situaciones incómodas eran producto de la perversión del capitalismo decadente;   exhibían logros sociales que superaban a los países que estaban entregados a la "lógica del dinero".
Gracias primo por la explicación!!!

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