17 de agosto de 2012

Auto estima en cero


Me invitaron a una fiesta de cumpleaños hace dos noches.  En uno de los intercambios con los anfitriones  la hija menor me comentó que no sabía que estudiar una vez culminara su último año de bachillerato. Por muchas vías  sé que es una excelente estudiante, es una muchachita buena moza, hace modelaje y es simpática, sin embargo su discurso mostraba todo lo contrario.  Sus comentarios hacia su “look”, sus posibilidades de estudios, el novio que todos íbamos a conocer, no eran congruentes con la información que yo tenía ni las impresiones que recibo de sus poses y fotos de Facebook / Twitter/ Instagram. ¿Será que la cambiaron y nunca me di cuenta?  ¿Estoy en la fiesta correcta pero en una dimensión paralela? ¿El alemán estará haciendo de las suyas,  a Alzheimer me refiero?

La inseguridad reinaba en cada una de las frases de la joven.  Le pregunté si había hecho pruebas vocacionales para averiguar su tendencia profesional.  Pero mientras más me explicaba más nerviosa  y confusa se ponía.  En eso un tío aserti- sabiondo, de esos infaltables en cualquier familia venezolana que se precie de su gentilicio,  se acercó y le dijo que esperaba que no fuese a estudiar psicología pues se iba a morir de hambre, justamente cuando ella acababa de confesarme que era una carrera que le llamaba la atención… ¡plop! escuché imaginariamente.  Había un maremoto de negatividad en las expresiones que provenían de sus labios, me refiero a ambos al tío y a la sobrina...cada uno en su circunstancia.

No pude dejar de recordar al momento un artículo de la Sociedad de Psicología Social Norte Americana que había leído recientemente.  En él se menciona que la actitud es más importante que el talento cuando se refiere a alcanzar un status más alto en la vida de los individuos.  Cuando la gente cree que está “sobrada” esa actitud los coloca en una situación de ventaja sobre aquellos (inteligentes) que piensan que todo es difícil o que nunca tendrán un chance u oportunidad. Eso no significa que lo hagan bien, o que no cometan errores, por supuesto que los hacen y tal vez en mayor número que cualquier otra persona;  pero en el momento de haber selecciones para proyectos, promociones y hasta ser objeto de admiración esos, los que se creen la mamá de Tarzán o la última Coca-Cola del desierto, tienen más posibilidades que los más talentosos.

La confianza en sí mismo, la auto-estima, es una especie de profecía que se auto cumple a favor de los incompetentes inconscientes, esos que no saben que no saben!!!  

¿Flores para llenar el tanque de auto estima?

Larch  para darnos la oportunidad de intentar, de creer en nuestra capacidad aunque tengamos un tío “mata sueños”.

Wild Oat para ayudarnos a esclarecer el rumbo de nuestras vidas.  Para colocar el GPS que nos lleve al destino correcto.

Rock Water para que no nos latigueemos y evaluemos tanto, para que disfrutemos las cosas que hacemos.

La lección a aprender para la joven y para todos nosotros es  que la confianza es un estado mental.  Hay que bajarle dos al volumen de la guerrilla mental (alias pensamientos negativos)  y enfocarse más en lo positivo. Ya sé, me van a decir ilusa… qué es una raya más para una tigresa (no la del oriente por si acaso, no me lucen las uñas postizas).  Pues deme la oportunidad. Pruebe fingir ante otros que usted cree en sí mismo por un buen rato todos los días.  Esa farsa puede llevarle a lograr situaciones exitosas.  A su vez  ese éxito estimulará la confianza en sí mismo. Es un círculo virtuoso, en lugar del círculo vicioso de pensamiento nocivo que lo lleva a auto compadecerse.  Aquí si vale fingir, fingir y fingir.  No perdemos nada. Es cuestión de decidir ver el vaso medio lleno o medio vacío.

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