28 de agosto de 2012

Desconectándonos

Tengo un amigo que, desde que salieron los celulares hace más de una década, es adicto a las “comunicaciones”. Tanto que donde ha trabajado le han regalado entre jocosidades y seriedad objetos alusivos a su dependencia…. pasteles, peluches, porcelanas y juguetes en forma de teléfonos móviles. Debo aclarar aquí que este personaje tiene 70 + años de edad y  es adicto enfermizo a su Blackberry de última generación.  A mis hijos les cuesta estar sin sus celulares y tabletas al lado; son acompañantes fijos a cualquier evento, desde los más familiares hasta los más públicos. A veces me he sentido totalmente ignorada y hasta celosa de tanta atención que le prestan a sus adminículos.

Ayer cambiando canales en la tele me sorprendió ver en las noticias locales como la alcaldía se lamentaba de  la baja asistencia a campamentos vacacionales, de esos al aire libre, debido a que los niños no quieren apartarse del Wii, Nintendo, DS, i Phone, i Pad, Blackberry  y demás elementos tecnológicos. Los organizadores de los campamentos entrevistados explicaban que les cuesta mucho motivar a los jóvenes para que se incorporen a la actividad física por periodos establecidos pues pareciera que los muchachitos sufrieran de un agudo síndrome de abstinencia digital. Los juegos tradicionales no tienen el encanto ni magnetismo que solían tener.

Todos los que somos padres bendecimos los mensajes de texto, los pings de Blackberry / Whatsup y las actualizaciones del Facebook/Twitter ya que brindan la posibilidad de saber si los seres amados están bien (¿control?) o cómo está la “temperatura” mundial, especialmente si se vive en una localidad venezolana donde no se sabe que puede pasar en fracciones de segundo… puede desbordarse un río, caerse un puente, explotar una tubería de gas, desaparecer el papel sanitario.  Yo misma cada vez que viajo y la conexión a internet es inexistente siento que estoy aislada completamente del mundo. Mi hijo me califica como señora mayor rara (para no decirme vieja) porque la tecnología forma parte de mi vida.  Utilizarla nos y me permite estar al día, en contacto. 

¿Cuántos de nosotros no conocemos a alguien cuya vida esté centrada en Facebook? esos que son corredores de bienes y raíces virtuales de algoville, tienen avatares, juegan, acosan, muestran fotos de todos sus paseos y actividades, escriben perfiles que solo ellos se creen. Son personas que a simple vista parecieran tener una vida perfecta.  Siempre están pasándola regiamente. ¿Verdad o ilusión? No lo sabemos, tampoco es de nuestra incumbencia. Ellos tienen una vida tecnológicamente centrada, no se despegan de la computadora.

¿A qué viene todo esto? Simple mi querido Watson. Indudablemente la tecnología es parte del espíritu del tiempo. Ignorarla es no entender como fluye la vida hoy día. Gracias a ella hemos sabido que ha pasado en el planeta, como el incendio de la Refinería en Amuay, la situación en Egipto y Siria, el tsunami en Japón y en Chile, la campaña política de Obama.  Lo importante es pensar que aunque nos encante, su exceso nos limita de experiencias físicas y emocionales, nos enclaustra y hasta nos puede llevar a la adicción. La necesidad de estar conectado en mayor o menor proporción se llama nomofobia.  A veces estamos en compañía pero estamos solos… todo el mundo está revisando su Smartphone, “guindando” fotos en Instagram, o revisando “actualizaciones”.  ¿Se ha percatado del bostezo colectivo  que se produce cada vez que alguien saca su celular en una mesa? ...todo el mundo saca el suyo casi de inmediato.  Como dice una conocida “el Blackberry nos acerca a quienes están lejos y nos aleja de los que están cerca”.

¿Flores para la nomofobia?

Red Chestnut Si estamos preocupados porque no hemos recibido un mensajito de texto de nuestros hijos que están de rumba. Nos permitirá ocuparnos en lugar de preocuparnos.

Cherry Plum si no podemos controlar la nerviosa revisadera del teléfono para saber si llego un mensaje o un correo electrónico. Nos permitirá mantenernos tranquilos y sin miedo a perder la razón.

Walnut si actuamos bajo el efecto del bostezo colectivo… si el otro saca el teléfono yo lo saco también. Nos ayudará a mantenernos en el camino sin perder nuestra ruta por influencias ajenas.

La nomofobia es ahora el gran tema de reflexión para las grandes compañías tecnológicas, para los filósofos de la educación y por supuesto para el público en general.  ¿Podrá la desconexión hacernos disfrutar más de la vida? ¡Quien sabe!! ahora me disculpo, debo cerrar esta entrada…no he revisado mi actualización en Twitter. 

Los invito a ver este elocuente comercial Tailandés sobre el tema

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