31 de enero de 2013

Para culminar el mes de Enero

La felicidad es un estado mental, nadie nos la da, la producimos nosotros desde nosotros mismos. Feliz culminación de mes y feliz comienzo de Febrero

29 de enero de 2013

Pensamiento del día

Así que si hay que cambiar algo, este podría ser el momento.
Imagen tomada de internet.

28 de enero de 2013

¿Cómo lidiar con personas díficiles?



Mucha gente se acerca para preguntarme cómo pueden hacer para manejar a las personas problemáticas en sus vidas.  Los "difíciles" pueden variar en rango de afinidad o grado de relación; pueden ser familiares, hijos, pareja, padres hasta compañeros de trabajo, escuela, amigos, servidores públicos como el vendedor de hortalizas en su supermercado.

Lo que hago personalmente es tener en claro dos cosas: la primera, darme cuenta en qué específicamente consiste lo difícil de la persona objeto de mi atención.  No es lo mismo que una persona sea dificultosa porque no expresa sus emociones por timidez y debo “adivinar” que está pasando por su mente, que en contraste tener que lidiar con una persona difícil porque es explosiva (cada vez que hay que decirle algo grita histéricamente).  ¿Es algo temporal o siempre reacciona así esa persona? Esto me dará la posibilidad de entender cómo voy a dirigirne al susodicho.

Ajá, ahora viene mi segunda claridad; cuáles son las razones por las cuáles debo manejar o lidiar con ese personaje. ¿Es un tema fuera de mi control o es una situación que desearía controlar?.  Vamos a hacerlo más gráfico; si usted es maestra y tiene un pequeñín en su salón de clases que alborota a todos los demás conviertiendo el aula en un pandemónium será una cosa diferente a estar hablando de su jefe que se expresa con gritos y sarcasmos dentro del predio de la oficina. Aquí estamos presentando situaciones donde los personajes difíciles son ajenos a su vida personal, forman parte del ámbito laboral. Pudiese intervenir más no controlarlos. Otra situación sería tener que batallar, buscando cierto tipo de injerencia, con personajes difíciles en su vida de pareja o maternal. Por ejemplo, el hijo adolescente que quiere hacer lo que le gusta y no acata normas, o la pareja que no tiene observación del tiempo y gracias a esa costumbre le hace pasar por momentos incómodos cada vez que van tarde a una reunión social.   En estos dos últimos ejemplos, las áreas cambian y la posibilidad de control también.... repito, solo posibilidad

Se preguntarán algunos de mis lectores ¿Para qué Marielena buscaría tener claro esos dos puntos?  Muy sencillo.  Yo no puedo cambiar a nadie ni a sus circunstancias sin embargo si puedo cambiar mi actitud sobre ellos.

Tengo una historia personal de mis años mozos. Trabajé a finales de mi década de los 20 en Londres, Inglaterra en un despacho venezolano en esa ciudad.  Todas las personas veían mi trabajo como glamoroso, menos yo que lo veía como un infierno. Mi jefe era un Almirante de la Armada con temperamento y carácter únicos (imagínese lo que usted quiera pero del lado malo). Yo no sabía que esperar cada mañana a mi llegada a la oficina.  Solo tenía una palabra para describir a ese ser:  H-O-R-R-I-B-L-E.  Mi mamá que era un ángel en todo el sentido de la palabra me regaló un librito de La Palabra Diaria de Unity. Yo no creía en nada ni en nadie, estaba en mis plenos veinte y tantos.  Pero tal era mi desesperación que llamé a la línea de oración Unity (una suerte de línea caliente donde rezan por los afectados) buscando ayuda directa del cielo. En mi cabeza se produjo la ecuación: mamá ángel + Palabra Diaria = Papá Dios me salvará de esta tortura.

Recibí a vuelta de correo un panfleto cuya frase inicial decía: Cuando nos encontramos ante gente problemática lo primero que tenemos que hacer es cambiar nosotros.  Yo me dije ¿Yo? Pero si es este monstruo que me hace la vida de cuadritos. Luego de calmarme, recapacité y cambié mi actitud hacia la dificultad, hacia el personaje y hacia mi forma de combate de la situación.  Mágicamente, de la nada… me cambiaron al jefe.  

¿Flores para la brega?

Gentian si se frustra y desilusiona ante los obstáculos reales o imaginarios producidos por las situaciones y personas problemáticas.  Nos ayuda a entender que no hay montaña suficientemente alta.

Rock Rose si se paraliza de terror cada vez que tiene que enfrentarse a esa persona “especial”.  Nos ayuda a tener serenidad ante el pavor.

Sweet Chestnut si entra en estados de angustia mental extrema tratando de solucionar la situación difícil.  Le ayudará a manejar el tormento y buscar soluciones apropiadas al momento.

No estoy diciendo que la ecuación fue mágica o que Unity transformó mi vida.  No hay sortilegios instantáneos y menos con esa organización tan respetada. Pero como me lo planteaba el folleto recibido, mi actitud era clave para parar de sufrir y no quejarme tanto de lo que estaba viviendo laboralmente.

Para cerrar voy a compartir una pequeña “receta” que aplico cuando me acerco a situaciones complejas.

  • Analizo la situación y cómo respondo a ella (¿me pongo chiquita, me quejo, me retiro, me exacerbo, me siento víctima, me convierto en Súperniña la prima hermana de Súperman?).

  • Evito cambiar a la persona, reviso mi actitud (culparle y frustrarme no van a cambiar nada).

  • Trato de ver la circunstancia lo más objetivamente posible (¡arduo pero factible!!).

  • Me programo de acuerdo a la problemática y acciono (Si la persona es explosiva y gritona, evito intervenir en el medio de la descarga; si la persona es criticona y protestona, escucho primero todo el argumento sin interrumpir y luego, cuando se ha descargado yo expongo mis puntos).

  • Cuando he revisado mi actitud, estoy clarita y nada de lo anterior me ha resultado…hago mutis al foro.  No vale la pena gastar pólvora en zamuros. Es preferible retirarse, no dispararle un tiro al otro y salir en el noticiaro estelar, ni tanto como divorciarse o cambiar de trabajo, a menos que la situación realmente lo amerite (¡menos el disparo por favor!!).  Es mejor vestirse de teflón*.   
 * Puede leer para más información ese artículo en esta página Efecto Teflón, septiembre 2012.

21 de enero de 2013

El Arte de Decidir



Cuando somos muy pequeños nuestras madres o adultos significativos a cargo deciden por nosotros; deciden qué comemos, nuestros atuendos, nuestra escuela, nuestros juguetes, a veces hasta “nuestros” gustos.

Cuando crecemos un poquito en edad, madurez y experiencias, comenzamos los procesos decisorios autónomos.  Las interacciones con otras personas en la familia, la escuela y otras redes sociales como los scouts, la iglesia, los juegos, los deportes nos enfrentan y a veces hasta nos empujan a tomar decisiones de diferentes índoles.  Allí no vale mamá, ni tía, ni abuela que lo hagan por nosotros… estamos solos en el arte de decidir.

La vida es un hilo infinito de decisiones ¿Crédito o débito? ¿Cabello corto o largo? ¿Rubia o morena? ¿Pedro o Juan? ¿Me voy del país o me quedo? ¿Me divorcio o aguanto estoicamente? ¿Me cambio de trabajo o sigo sufriendo en esta tortura china? ¿Le digo o no le digo? ¿Compro esta marca de mayonesa o la otra que está más económica? ¿Pido un préstamo o hago un tercer trabajo? ¿Twitter o Facebook? ¿Me coloco la banda gástrica o hago dieta?

Las decisiones en nuestro día a día pueden estar relacionadas con situaciones triviales o complejas, eventos marcadores de rumbo de vida, circunstancias donde nos debatimos con nosotros mismos sobre cual alternativa tomar, contextos en los cuales no confiamos en nuestro propio juicio y necesitamos las opiniones de los demás para validar nuestra selección. Esto, mis estimados lectores, es asunto de todos, tanto niños como adultos, y la complejidad de nuestras selecciones será directamente proporcional a la etapa de la vida en la cual nos encontremos.

Quisiéramos a veces que el árbol de escogencias de la vida se pareciera a las ramas de los flujogramas que hacen los expertos en informática y en las disciplinas gerenciales “si es vaya hasta el punto C, si es no vaya al punto X”.  En la vida real no es así.  Puede ser tormentoso pensar que hay una sola opción correcta para lograr esa satisfacción momentánea o de largo alcance que estamos buscando.  No importa el análisis racional que se le dé, una decisión siempre acarrea consecuencias con las cuales tendremos que cargar. 

Mientras más agonicemos en tomar una decisión más nos paralizaremos y mayor será el potencial de insatisfacción posterior.  La razón es simple; los pros y los contras de una situación específica no pesan igual.  Ejemplos me sobran. ¿Se ha encontrado usted apreciada lectora ante la situación de comprar ropa para ir a trabajar? Llega a la tienda y ve un fabuloso vestido largo. A lo mejor piensa “está a buen precio, me encanta, me veo regia” y ¡zúas¡¡  decidió y se compró un vestido que nunca usará o muy rara vez lo hará porque su vida social no es muy activa, no sale de noche, o todas las anteriores.  Su festiva decisión, basada en el pro relacionado con precio, hace que siga asistiendo a su labor con la misma ropita; no refrescó su vestuario pero tiene un maravilloso atuendo que probablemente pase bastante tiempo en el armario.  Otro ejemplo, siente que no debe seguir en una relación sentimental como la tercera del juego.  Pero cree en lo más profundo de su ser que en algún momento el galán va a dejar a la segunda de la partida.  Usted sabe que está una relación disfuncional. Decide quedarse como tercera porque quién sabe, a lo mejor le toca la lotería y él se decide. Pero… él nunca se divorcia, usted pierde todas las oportunidades que le presenta la vida, y encima, de la amargura y rabia, usted desarrolla toda clase de enfermedades. Su decisión tiene consecuencias tanto con el vestido como con el escenario de pareja.  Nuevamente este tema de incertidumbres aplica a todos los géneros, edades y condiciones sociales, nadie está exento.

Decidir no es fácil, no existen fórmulas pre-fabricadas, ni se compra en cajas ni sobres en los supermercados, tampoco es igual en todas las situaciones.  Afortunadamente para cada proceso hay un remedio floral de Bach que puede apoyarnos en esa tarea.

¿Flores para ayudarnos en la incertidumbre?

Scleranthus si nos debatimos entre dos alternativas y nos cuesta decidir; nos permitirá vacilar menos y sentirnos seguros.

Cerato si sabemos los que queremos pero buscamos la opinión de otros para confirmar nuestro juicio, nos ayudará a valorar nuestra intuición.

Wild Oat si nos encontramos insatisfechos con lo que hacemos, queremos un cambio pero no sabemos qué camino seguir; nos ayudará a seleccionar el mejor rumbo para ese momento en nuestras vidas.

A veces  a nuestras expectativas les falta realismo o son muy altas / difíciles de alcanzar. La experiencia nos enseña que antes de cualquier proceso de decisión es bueno preguntarse qué es lo que realmente queremos. Una vez que decidamos es mejor evitar la revisión torturantemente analítica de lo hecho. La razón es simple, podemos sentirnos insatisfechos con  la medida tomada y comenzar a martirizarnos dándole vueltas al tema sin parar. No hay recetas únicas para la infalibilidad. El norte u objetivo final es equivocarse lo menos frecuentemente posible. Solo así aprenderemos a tomar nuestras mejores decisiones. Como decía mi mamá  apliquemos el “mucho juicio”.



13 de enero de 2013

Entre palabras



En estos días estaba en una reunión y como siempre me puse a observar las interacciones que ocurrían entre los invitados a la misma. Prontamente mi mente comenzó manejar argumentaciones, no porque estaba aburrida, no señor… Solo para evitar el Alzheimer. Entre muchas cosas pude prestar atención a dos tipos de situaciones comunes: cómo aceptamos halagos y cómo tomamos las críticas.  Me gustaría referirme a ellos en esta entrada pues creo que podemos aprender algo a nivel emocional sobre ambos. Así que comencemos con mis hallazgos.

Una señora le comentaba a otra lo bien que cantaban sus hijas, la dama objeto del halago inmediatamente desvío el tema hacia otra situación.  Pensé que podían estar pasando tres cosas.  La primera, la señora receptora del gentil comentario podría haber pensado que su suerte cambiaría por efectos de “mal de ojo”, de una invitación a la mala suerte o de la envidia solapada de la otra doña, así que más rápido que inmediatamente viró la conversación 180 grados. Esto es algo cultural no importa si se está en el primer o tercer mundo. He visto europeos que escupen tres veces ante un elogio, así que no es un tema venezolano… por si acaso. Segundo escenario, a través de la escuela de la vida y de la familia hemos aprendido a ser humildes, a recibir con modestia y recato los cumplidos. Bueh!! Con la excepción de personas que aparecen en los reality shows o las que colocan todos sus bienestares en Facebook.  Recibir halagos nos cuesta, no es tan natural y fácil como debería ser.  Tercero, la señora actúo de esa manera por protección. Me explico, nos encanta sentirnos apreciados y reconocidos, sin embargo eso nos hace sentir vulnerables en algunas oportunidades.  Así que a veces nos cuesta dejarnos querer.   

Lección ante los halagos: es complejo controlar las fuerzas del destino, la cultura, la crianza o nuestros temores más profundos; pero eso no debería impedir que cuando alguien nos diga algo apreciativo como un elogio podamos esbozar una sonrisa y dar las gracias.  Después de unas mil repeticiones (de sonrisas y de gratitudes) nos sentiremos cómodos y tal vez nos consideremos más merecedores.

En otro momento de la reunión un caballero opinó sobre la forma como otro jugaba baseball. De acuerdo al emisor del comentario, el receptor estaba realizando un pésimo trabajo.  Ambos participaban del mismo equipo y compartían su tiempo recreativo en esa actividad.  El joven criticado se transformó físicamente. Su cara cambió, sudó, se puso verde como Hulk sin romper la camisa, presionó sus manos contra el vaso.  Yo pensé que le podía dar un golpe al otro y dejarlo tendido en el suelo.  Pero no fue así, quedó en un modo catatónico.  Mis reflexiones fueron: primera, podría estar experimentando un estado de  racionalizaciónno es mi culpa que el equipo sea una basura, seguro que yo no te debo caer bien, ni que tu jugaras excelentemente”.  Segunda,  podría estar experimentando un estado de auto-recriminaciónEs todo mi falta, no sirvo para nada, ni siquiera debería estar en el equipo”.  

Lección ante la crítica: responder impulsivamente puede ser tomado como un acto defensivo que no ayuda mucho, es preferible organizar los pensamientos antes de actuar/responder.  Los juicios y opiniones de otros pueden golpearnos duramente.  Es importante identificar en qué parte del cuerpo lo sentimos, dónde nos lastima (excluyendo el orgullo).  Seguro que en este momento usted debe estar pensando que estoy chiflada. Pues no, no lo estoy.  Al identificar donde nos dolió, movemos el enfoque y evitamos el pensamiento circulante tipo disco rayado. Es más fácil diferir la atención a un punto del cuerpo por un momento que pasar cinco horas (o más) dándole vueltas a un tema sin parar.  Una vez en calma y con cordura, podemos considerar lo que se nos dijo objetivamente. ¿Hay algo que se pueda aprender de ese juicio o consideración? No es un tema de sentirnos víctimas sino de asumir responsabilidades en el asunto si hay que tomarlas.  Tampoco de hacernos los locos pues sería evadir la realidad, no somos perfectos y siempre hay algo que podemos “ganar” de cualquier evento.

¿Flores para el manejo de las palabras?

Walnut nos ayuda cuando somos hipersensibles ante los demás y sus opiniones, también es beneficioso cuando nos dejamos influenciar por otros (o sus energías).  Nos permite sentirnos protegidos.

Beech si somos “ligeros de lengua” cuando opinamos sobre los demás, este remedio floral nos ayuda a elaborar nuestras opiniones sin erosionar a los otros.

Larch si creemos que no tenemos capacidad para realizar lo que nos proponemos y no servimos para nada.  Nos ayudará a subir nuestra auto-estima aún ante las opiniones de los demás.

Por supuesto que en ambos casos relatados mis suposiciones jugaron para crear los escenarios presentados.  En mi consulta es otra cosa;  yo les hubiese preguntado directamente a ambos personajes que sintieron ante las expresiones de sus interlocutores en la fiesta.  Nuestras vidas se mueven sobre autopistas de palabras. A veces esas vías están bien pavimentadas y se transita fácilmente, otras veces tienen huecos, baches e irregularidades.  La existencia está llena de situaciones complejas, afortunadamente podemos resolverlas a medida que estamos conscientes de ellas.  Por mi parte seguiré con las antenas puestas cada vez que me inviten.

6 de enero de 2013

Cero lamentos



A mí el tema de la muerte no se me da fácilmente.  Por supuesto que no nací para semilla, eso lo entiendo clarito y sé que el tiempo es inexorable, es decir que algún día me va a tocar a mí “apagar la luz”, como le va a tocar a todo el mundo.

Recientemente ha habido pérdidas importantes a mi alrededor, gente muy querida que por lógica cronológica o por salud les tocaba su hora.  También gente que sorpresivamente llegó a su fin en los momentos más brillantes de sus vidas.   Hubo una de este último grupo que marcó a toda mi familia y nos dejó reflexionando mucho sobre el tema de la vida.  Probablemente porque era una joven madre, hija única, con una carrera profesional exitosa, sin dificultades financieras, con hijos, esposo y padres perfectos.  La vida que todos aspiran tener y, sin ton ni son, un dolor de pecho repentino en su oficina no dejó que la volviéramos a ver jamás entre nosotros.  Se apagó para siempre.

Mi mamá se enfermó repentinamente a la edad que tengo yo hoy, duró tres meses.  Durante esos noventa días en mi afán por brindarle calidad de vida contacté a una fundación para el buen morir, una suerte de tanatólogos que había en Londres, Inglaterra.  Por supuesto que cuando lo hice la gente pensó que estaba loca y hasta mi misma madre evitaba esa desagradable situación. Lo que yo buscaba en ese momento sin saberlo, con un profundo amor y respeto, era generar confianza, paz y seguridad para ayudarla a tener una muerte digna y en paz con ella, conmigo, con nosotras.  Teníamos que hablar sobre cosas y  algunas situaciones incómodas, no por negativas sino por lo que implicaban para un futuro sin una de las partes.   

¿A qué viene todo esto? Pues bien, leí accidentalmente un artículo que me llamó a la reflexión y que podría bien convertirse en una resolución para iniciar un ciclo liviano de existencia plena.   Una enfermera australiana que trabajó en cuidados de pacientes terminales en su país se tomó la tarea de escribir los arrepentimientos más notorios de esas personas.  Pensé que si los escribía aquí podríamos tomarlos en cuenta para tener una guía de vida más colmada de armonía y con menos arrepentimientos. Aquí van:


  • Hubiese querido ser más autentico y llevar la vida que quería, no vivir las expectativas de los demás sobre mí. Le pregunto a usted: ¿Sueños no realizados? ¿Metas no cumplidas? ¿Escogencias no hechas? Hasta Steve Jobs, el genio detrás de Apple concordó con esto.

  • Hubiese trabajado menos y disfrutado más. Otras preguntas para usted: ¿Tiempo de familia? ¿Mucha oficina/ ejercicio y poco contacto? ¿Decimos con frecuencia que amamos, admiramos?

  • Hubiese querido ser más valiente y asertivo para expresar mis deseos. Piense otra vez: ¿Me callo para estar en paz? ¿Me callo para evadir? ¿Me callo para no enfrentar y sobrellevar?

  • Hubiese mantenido más contacto con mis amistades.  Preguntas a hacerse: ¿La vida me secuestra y me aísla? ¿Me  enclaustro en mi núcleo y no comparto? ¿Se que pasa a mi alrededor?

  • Hubiese sido más feliz. Piense: La felicidad es una escogencia personal y viene desde adentro de nosotros mismos, nadie nos la da.  El pretender, el esperar demasiado, el no haber reído y disfrutado es algo que hacemos por voluntad. La contentura la producimos nosotros, nadie más.Cada quien produce la suya.

¿Flores para trabajar nuestros lamentos antes de que sea muy tarde?

Pine si nos sentimos culpables por lo que hicimos o dejamos de hacer.  Nos ayudará a tener una perspectiva objetiva de la situación o situaciones.

Star of Bethlehem si sentimos un profundo desconsuelo o inmensa tristeza por eventos en nuestra vida, nos ayudará a sobrepasar la situación y a reflexionar sobre ella.

Willow si nos sentimos víctimas de la vida y de lo que nos ha tocado, nos ayudará a pasar la página sin amargura.

Estoy segura que cada quien tendrá sus propias conclusiones sobre el tema.  Yo por ejemplo, por principio elemental de vida, no me acuesto molesta ni enojada con nadie.  Tampoco me gusta sentirme culpable, así que si debo pedir disculpas por algo…. simplemente lo hago.  Les digo a mis hijos en cada oportunidad que tengo que los adoro y los admiro objetivamente. Cada vez que abro los ojos en la mañana le doy las gracias a Papa Dios. 

Aquí no se trata de hacer un debate para saber si la enfermera estaba o no en lo correcto, o si los pacientes que le tocaron eran unos amargados o de criticar la lista.  Lo que se trata es de pensar si realmente, en ese día final, nos podemos ir tranquilos y satisfechos con la vida que tuvimos y lo que dejamos a nuestro paso.  

Aquí les dejo una gaita zuliana, para cero rencores...