21 de enero de 2013

El Arte de Decidir



Cuando somos muy pequeños nuestras madres o adultos significativos a cargo deciden por nosotros; deciden qué comemos, nuestros atuendos, nuestra escuela, nuestros juguetes, a veces hasta “nuestros” gustos.

Cuando crecemos un poquito en edad, madurez y experiencias, comenzamos los procesos decisorios autónomos.  Las interacciones con otras personas en la familia, la escuela y otras redes sociales como los scouts, la iglesia, los juegos, los deportes nos enfrentan y a veces hasta nos empujan a tomar decisiones de diferentes índoles.  Allí no vale mamá, ni tía, ni abuela que lo hagan por nosotros… estamos solos en el arte de decidir.

La vida es un hilo infinito de decisiones ¿Crédito o débito? ¿Cabello corto o largo? ¿Rubia o morena? ¿Pedro o Juan? ¿Me voy del país o me quedo? ¿Me divorcio o aguanto estoicamente? ¿Me cambio de trabajo o sigo sufriendo en esta tortura china? ¿Le digo o no le digo? ¿Compro esta marca de mayonesa o la otra que está más económica? ¿Pido un préstamo o hago un tercer trabajo? ¿Twitter o Facebook? ¿Me coloco la banda gástrica o hago dieta?

Las decisiones en nuestro día a día pueden estar relacionadas con situaciones triviales o complejas, eventos marcadores de rumbo de vida, circunstancias donde nos debatimos con nosotros mismos sobre cual alternativa tomar, contextos en los cuales no confiamos en nuestro propio juicio y necesitamos las opiniones de los demás para validar nuestra selección. Esto, mis estimados lectores, es asunto de todos, tanto niños como adultos, y la complejidad de nuestras selecciones será directamente proporcional a la etapa de la vida en la cual nos encontremos.

Quisiéramos a veces que el árbol de escogencias de la vida se pareciera a las ramas de los flujogramas que hacen los expertos en informática y en las disciplinas gerenciales “si es vaya hasta el punto C, si es no vaya al punto X”.  En la vida real no es así.  Puede ser tormentoso pensar que hay una sola opción correcta para lograr esa satisfacción momentánea o de largo alcance que estamos buscando.  No importa el análisis racional que se le dé, una decisión siempre acarrea consecuencias con las cuales tendremos que cargar. 

Mientras más agonicemos en tomar una decisión más nos paralizaremos y mayor será el potencial de insatisfacción posterior.  La razón es simple; los pros y los contras de una situación específica no pesan igual.  Ejemplos me sobran. ¿Se ha encontrado usted apreciada lectora ante la situación de comprar ropa para ir a trabajar? Llega a la tienda y ve un fabuloso vestido largo. A lo mejor piensa “está a buen precio, me encanta, me veo regia” y ¡zúas¡¡  decidió y se compró un vestido que nunca usará o muy rara vez lo hará porque su vida social no es muy activa, no sale de noche, o todas las anteriores.  Su festiva decisión, basada en el pro relacionado con precio, hace que siga asistiendo a su labor con la misma ropita; no refrescó su vestuario pero tiene un maravilloso atuendo que probablemente pase bastante tiempo en el armario.  Otro ejemplo, siente que no debe seguir en una relación sentimental como la tercera del juego.  Pero cree en lo más profundo de su ser que en algún momento el galán va a dejar a la segunda de la partida.  Usted sabe que está una relación disfuncional. Decide quedarse como tercera porque quién sabe, a lo mejor le toca la lotería y él se decide. Pero… él nunca se divorcia, usted pierde todas las oportunidades que le presenta la vida, y encima, de la amargura y rabia, usted desarrolla toda clase de enfermedades. Su decisión tiene consecuencias tanto con el vestido como con el escenario de pareja.  Nuevamente este tema de incertidumbres aplica a todos los géneros, edades y condiciones sociales, nadie está exento.

Decidir no es fácil, no existen fórmulas pre-fabricadas, ni se compra en cajas ni sobres en los supermercados, tampoco es igual en todas las situaciones.  Afortunadamente para cada proceso hay un remedio floral de Bach que puede apoyarnos en esa tarea.

¿Flores para ayudarnos en la incertidumbre?

Scleranthus si nos debatimos entre dos alternativas y nos cuesta decidir; nos permitirá vacilar menos y sentirnos seguros.

Cerato si sabemos los que queremos pero buscamos la opinión de otros para confirmar nuestro juicio, nos ayudará a valorar nuestra intuición.

Wild Oat si nos encontramos insatisfechos con lo que hacemos, queremos un cambio pero no sabemos qué camino seguir; nos ayudará a seleccionar el mejor rumbo para ese momento en nuestras vidas.

A veces  a nuestras expectativas les falta realismo o son muy altas / difíciles de alcanzar. La experiencia nos enseña que antes de cualquier proceso de decisión es bueno preguntarse qué es lo que realmente queremos. Una vez que decidamos es mejor evitar la revisión torturantemente analítica de lo hecho. La razón es simple, podemos sentirnos insatisfechos con  la medida tomada y comenzar a martirizarnos dándole vueltas al tema sin parar. No hay recetas únicas para la infalibilidad. El norte u objetivo final es equivocarse lo menos frecuentemente posible. Solo así aprenderemos a tomar nuestras mejores decisiones. Como decía mi mamá  apliquemos el “mucho juicio”.



1 comentario: