13 de enero de 2013

Entre palabras



En estos días estaba en una reunión y como siempre me puse a observar las interacciones que ocurrían entre los invitados a la misma. Prontamente mi mente comenzó manejar argumentaciones, no porque estaba aburrida, no señor… Solo para evitar el Alzheimer. Entre muchas cosas pude prestar atención a dos tipos de situaciones comunes: cómo aceptamos halagos y cómo tomamos las críticas.  Me gustaría referirme a ellos en esta entrada pues creo que podemos aprender algo a nivel emocional sobre ambos. Así que comencemos con mis hallazgos.

Una señora le comentaba a otra lo bien que cantaban sus hijas, la dama objeto del halago inmediatamente desvío el tema hacia otra situación.  Pensé que podían estar pasando tres cosas.  La primera, la señora receptora del gentil comentario podría haber pensado que su suerte cambiaría por efectos de “mal de ojo”, de una invitación a la mala suerte o de la envidia solapada de la otra doña, así que más rápido que inmediatamente viró la conversación 180 grados. Esto es algo cultural no importa si se está en el primer o tercer mundo. He visto europeos que escupen tres veces ante un elogio, así que no es un tema venezolano… por si acaso. Segundo escenario, a través de la escuela de la vida y de la familia hemos aprendido a ser humildes, a recibir con modestia y recato los cumplidos. Bueh!! Con la excepción de personas que aparecen en los reality shows o las que colocan todos sus bienestares en Facebook.  Recibir halagos nos cuesta, no es tan natural y fácil como debería ser.  Tercero, la señora actúo de esa manera por protección. Me explico, nos encanta sentirnos apreciados y reconocidos, sin embargo eso nos hace sentir vulnerables en algunas oportunidades.  Así que a veces nos cuesta dejarnos querer.   

Lección ante los halagos: es complejo controlar las fuerzas del destino, la cultura, la crianza o nuestros temores más profundos; pero eso no debería impedir que cuando alguien nos diga algo apreciativo como un elogio podamos esbozar una sonrisa y dar las gracias.  Después de unas mil repeticiones (de sonrisas y de gratitudes) nos sentiremos cómodos y tal vez nos consideremos más merecedores.

En otro momento de la reunión un caballero opinó sobre la forma como otro jugaba baseball. De acuerdo al emisor del comentario, el receptor estaba realizando un pésimo trabajo.  Ambos participaban del mismo equipo y compartían su tiempo recreativo en esa actividad.  El joven criticado se transformó físicamente. Su cara cambió, sudó, se puso verde como Hulk sin romper la camisa, presionó sus manos contra el vaso.  Yo pensé que le podía dar un golpe al otro y dejarlo tendido en el suelo.  Pero no fue así, quedó en un modo catatónico.  Mis reflexiones fueron: primera, podría estar experimentando un estado de  racionalizaciónno es mi culpa que el equipo sea una basura, seguro que yo no te debo caer bien, ni que tu jugaras excelentemente”.  Segunda,  podría estar experimentando un estado de auto-recriminaciónEs todo mi falta, no sirvo para nada, ni siquiera debería estar en el equipo”.  

Lección ante la crítica: responder impulsivamente puede ser tomado como un acto defensivo que no ayuda mucho, es preferible organizar los pensamientos antes de actuar/responder.  Los juicios y opiniones de otros pueden golpearnos duramente.  Es importante identificar en qué parte del cuerpo lo sentimos, dónde nos lastima (excluyendo el orgullo).  Seguro que en este momento usted debe estar pensando que estoy chiflada. Pues no, no lo estoy.  Al identificar donde nos dolió, movemos el enfoque y evitamos el pensamiento circulante tipo disco rayado. Es más fácil diferir la atención a un punto del cuerpo por un momento que pasar cinco horas (o más) dándole vueltas a un tema sin parar.  Una vez en calma y con cordura, podemos considerar lo que se nos dijo objetivamente. ¿Hay algo que se pueda aprender de ese juicio o consideración? No es un tema de sentirnos víctimas sino de asumir responsabilidades en el asunto si hay que tomarlas.  Tampoco de hacernos los locos pues sería evadir la realidad, no somos perfectos y siempre hay algo que podemos “ganar” de cualquier evento.

¿Flores para el manejo de las palabras?

Walnut nos ayuda cuando somos hipersensibles ante los demás y sus opiniones, también es beneficioso cuando nos dejamos influenciar por otros (o sus energías).  Nos permite sentirnos protegidos.

Beech si somos “ligeros de lengua” cuando opinamos sobre los demás, este remedio floral nos ayuda a elaborar nuestras opiniones sin erosionar a los otros.

Larch si creemos que no tenemos capacidad para realizar lo que nos proponemos y no servimos para nada.  Nos ayudará a subir nuestra auto-estima aún ante las opiniones de los demás.

Por supuesto que en ambos casos relatados mis suposiciones jugaron para crear los escenarios presentados.  En mi consulta es otra cosa;  yo les hubiese preguntado directamente a ambos personajes que sintieron ante las expresiones de sus interlocutores en la fiesta.  Nuestras vidas se mueven sobre autopistas de palabras. A veces esas vías están bien pavimentadas y se transita fácilmente, otras veces tienen huecos, baches e irregularidades.  La existencia está llena de situaciones complejas, afortunadamente podemos resolverlas a medida que estamos conscientes de ellas.  Por mi parte seguiré con las antenas puestas cada vez que me inviten.

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