8 de abril de 2013

Una cuestión de actitud




Hoy estaba leyendo en Facebook un comentario de mi amigo Josué.  No pude dejar de pensar sobre su actitud positiva y activa en pro de los venezolanos en Calgary y en toda Canadá (me imagino un país de género femenino).  No importa si es un evento social, cultural o político.  Él siempre está allí, en la cabeza de la situación buscando sacar lo óptimo de cualquier circunstancia.  Parece el conejito de Energizer, en constante movimiento, nunca desmaya.  Él es lo que yo llamo un realista positivo. 

¿A qué viene todo esto?  Viene sobre el tema de cómo aprendemos a ver las cosas, a cómo aprendemos a ver la vida desde la infancia.  Por uso y costumbre en la cultura familiar, religiosa y escolar de mis años mozos, uno debía ser comedido y austero en las aspiraciones, esperar siempre lo peor para que cuando viniera lo mejor hubiese  una celebración por el éxito (sí, yo te aviso chirulí).  Por ejemplo, al finalizar un examen para el cual había estudiado yo no decía “Que bueno….salí cheverísimo  yo decía “no sé cómo salí, a lo mejor me reprobaron o no me fue tan bien”.  Nadie se imaginaba que el estado negativo del pensamiento producía estrés y alteraba la bioquímica corporal. En consecuencia, cuando aprendemos bajo la óptica negativa, a esperar lo peor, mientras pensamos o hablamos de esa manera nos estamos envenenando, generando internamente un coctel de toxinas que producen enfermedades. 

Las personas con tendencia positiva se economizan lo nocivo y perjudicial del pensamiento trágico. ¿Cómo? Ellos en general buscan estrategias para mejorar situaciones, tienen relaciones más efectivas basadas en confianza y cooperación, las situaciones negativas no dejan que su entendimiento se enturbie (son más objetivos), pueden rebotar de la crisis más eficientemente y con más energía. Todo esto en contraste con el desgate que le queda a las personas quienes anticipan catástrofes o son tremendistas ante las circunstancias. Por eso repito una y otra vez, la importancia de la palabra. Aprendemos de chiquitos un discurso que puede ahogar aspiraciones y hasta aniquilar personas. 

Por supuesto que las cosas pueden irles bien o mal tanto a los optimistas como a los pesimistas, la diferencia estriba la reacción de cada grupo.  Los optimistas tienden a sentirse mejor en cualquier circunstancia. Por eso pueden salir más rápido emocional y físicamente de cualquier situación no favorable.

¿Por qué comencé mi relato con el caso de Josué?  Porque él maneja las situaciones con un enfoque realista positivo; es decir, tiene un margen de ilusión en las circunstancias pero sin sobre-estimar las habilidades y posibilidades de éxito además evita comportamientos poco responsables o narcisistas. 

Hagamos como Josué, mantengámonos alerta sobre los elementos positivos de cualquier situación sin negar la existencia de los obstáculos, entendamos que hay desafíos mientras estamos aferrados a la esperanza y hagamos reality checks (revisiones de la realidad) en el transcurso.  Esta es justamente la diferencia entre un optimista y un realista positivo. Hay que tener metas, recursos conocidos y estrategias, no es solo un asunto de esperar a que algo pase o que la magia se manifieste. 

 ¿Flores para la actitud?
  
Clematis si estamos en ensoñación y no aterrizamos. Sin acción los sueños no se cumplen, no es un tema de solo desear.

Vervain si nuestro entusiasmo por convencer a otros nos lleva al fanatismo ciego, nos ayudará no sobre-estimarnos.

Gentian si vemos con incertidumbre los obstáculos, nos ayudará a sortearlos con actitud más firme.

Los optimistas ven los obstáculos como algo temporal con una causa externa, los pesimistas los ven de largo alcance y dominando la vida en muchas dimensiones. El optimismo y el realismo no necesariamente son excluyentes. El optimismo puede ser cultivado. Por eso hay que fijarse cómo nos expresamos sobre nuestra vida y nuestras circunstancias. Hay que enfocarse más en nuestros triunfos que en las adversidades. Lo positivo comienza con el ejercicio de la palabra y del pensamiento. Como dice Don Miguel Ruíz hay que ser impecables con el verbo….  todo invariablemente sazonado con realidad.  

Un obsequio de internet, Don Miguel Ruíz, un resumen de los Cuatro Acuerdos
 

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