31 de agosto de 2017

Baño de Bosque

Cuando escuché la expresión pensé, como venezolana que soy, un bosque con un río u otra fuente de agua donde se baña la gente.  ¡Cuan equivocada estaba!

Llegué a la isla de Vancouver a una población llamada Parksville, aunque aquí se le llama ciudad (tiene 14000 habitantes). Vine solo de trabajo por tres días. Lo primero que observé es que todo parecía estar en una burbuja de tiempo.  Las personas sin apuros, se toman su tiempo, nada de correderas. Caminando hacia el centro de la ciudad, me encontré una tienda de alquiler de DVDs, no quemados o piratas por que las leyes de propiedad intelectual y derechos de autor en Canadá son súper estrictas. Algo parecido a lo que era Blockbusters, aquella cadena de alquiler de videos que funcionaba en algunos países latino americanos por los años 80.  En otra tienda había alquiler de Sega Génesis, Nintendo y Atari, en boga cuando mis hijos tenían entre 6 y 8 años. Muchas granjas, muchos bosques, playas muy diferentes a las del Atlántico y Pacifico ubicadas más abajo de California.

Se me ocurrió buscar qué hacer y llamé a una pareja de personas locales que hacían turismo en la zona, me dijeron iban a hacer un baño de bosque.  Al no tener nada que hacer decidí unirme a la experiencia, dejar cualquier juicio de lado y disfrutar el paisaje ¿qué era lo peor que podría pasarme? Simplemente que no me gustara. 

Resulta que el mencionado baño de bosque consistía en una caminata, en silencio, entre árboles coníferos inmensos con centenares de años de existencia, que casi tocan el cielo. Uno queda inmerso entre las sombras que producen sus copas, los aromas de coníferas de todo tipo, las gotas de la sabia resinosa en forma de diamantes que cuelgan de los tallos, el sonido de los riachuelos dándole paso a los salmones que vienen del mar al río a poner los huevos en una lucha contra la corriente, los pájaros carpinteros picoteando ruidosamente los tallos de los árboles para construir sus nidos.  Me sentí en un momento como Blanca Nieves, la bella durmiente y Pocahontas, por lo del bosque me refiero y sin canciones pegajosas.

En un momento nos detuvimos frente a un gran árbol de haya, o Beech en el sistema floral de Bach.  La guía nos explicó que ese árbol se protegía de los insectos emitiendo un aroma especifico y avisándole a sus congéneres Beech sobre un posible ataque.  Nos contó que en ese bosque había familias completas de árboles, y sobre la forma cómo se apoyaban para subsistir y protegerse.

Caminamos por tres horas ininterrumpidas entre los diferentes aromas de los pinos y la temperatura cambiante producida por el sol luchando por abrirse espacio entre los árboles. Me pregunté ante la inmensidad de aquellos tallos cuánto tiempo habrían estado de pie, cuántos siglos o eras geológicas, qué cosas habrían visto, qué querrían compartir con nosotros. Al finalizar la caminata el otro guía había recogido hojitas, bayas, y preparó una infusión, cerramos con una ceremonia de agradecimiento al bosque Heritage.

¿Flores para el baño de bosque?

Wild Rose – para la falta de temperatura emocional, para las personas que todo les da igual.  Nos dará gusto por la vida, la posibilidad de sentir la alegría de vivir.  Por eso es el emblema del sistema floral de Bach.

Beech – para las personas que tienen momentos de crítica e intolerancia. Nos permite entender otros pareceres y pensares.

El baño de bosque es muy popular en Japón. Entre sus beneficios está el incremento de células NK, reducción de la hipertensión arterial, reducción de estrés, habilidad para enfocarse, incremento de energía, mejoría en personas con insomnio, descenso en niveles de cortisol.

Mi experiencia resultó en una maravillosa conexión de todos los sentidos aunque admito que jamás me lo hubiese imaginado.  El ritmo citadino es diferente.  Ahora entiendo porque los celtas, los druidas y los japoneses hacían y hacen baños de bosque, porque a los caraqueños les encanta subir al Ávila y a los canadienses les fascina hacer montañismo y camping. La naturaleza nos lleva al equilibrio.




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© 2017 Marielena Núñez

23 de agosto de 2017

Vida luego del eclipse solar



Durante la preparación para el eclipse un montón de personas buscaban ver un espectáculo natural, la luna opacando al sol.  Transacciones por Amazon buscando los lentes protectores, perenigraje de un lugar a otro para ver el fenómeno, fiestas para celebrar el evento, predicciones, horóscopos, transmisiones radiales, televisivas y por redes sociales ocuparon nuestras vidas en el hemisferio norte por un buen número de días.

La preparación duró más que los 150 segundos de observación. Ya la vida volvió a la normalidad cualquiera que sea nuestra normalidad, por lo menos hasta el 2024 cuando se produzca nuevamente.  Hoy, un día luego del eclipse, algunas personas manifiestan ganas de llorar, sensación de vacío, ansiedad, tristeza y algunas córneas afectadas por imprudencias.

Por favor, no se asuste si se siente tristón.  Su cuerpo está entrando en homeostasis, es decir, al nivel que estaba antes de la preparación para el eclipse.   Esta es la misma sensación que nos inunda cuando se acaban las vacaciones o el domingo en la noche al pensar que hay que ir a trabajar. En inglés se llama tristeza post adrenalina. En la preparación para este evento emocionante nuestros cuerpos produjeron endorfinas que nos hicieron sentir bien. Luego del evento esa alteración fisiológica va perdiendo el efecto llevándonos a la vida real.

Podemos hacer varias cosas para sentirnos mejor: 
  • Tratar de racionalizar que nuestros cuerpos disparan neuroquímicos ante un evento estimulante y positivo, a pesar de nuestras realidades personales.
  • Pensar en los placeres que pudo haberle traído la experiencia; a lo mejor aprendió algo nuevo de astrofísica, conoció a alguien súper interesante o estuvo en un lugar magnífico para ver el encuentro entre la luna y el sol.  
  • Pasar la página; planifique otras actividades que le gusten o traigan sensación de goce.
  • Tomar Rescue Remedy si quedó estresado y no puede identificar la causa.  Le ayudará con los altibajos de la cotidianidad.
Nos queda esperar al 2024 y consolarnos pensando que sin lluvia no hay arcoíris, o en este caso sin sol no hay eclipses solares.

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© 2017 Marielena Núñez


22 de agosto de 2017

El poder del NO



NO es una de las palabras más cortas en nuestro idioma.  Tan sólo una silaba, sólo dos letras.  Sin embargo, a veces es muy difícil decirla, nada que ver con su pronunciación sino por la intención y la emocionalidad que conlleva.

Cuando tenemos que expresar ese NO a una persona amada, a un amigo, a un compañero de trabajo… el solo hecho de hacerlo puede hacernos sentir culpables.  La verdad es que a algunas personas les cuesta más decirlo que a otras. Si pensaramos la carga que implica decir lo contrario,  decir SI todo el tiempo, nos daríamos cuenta del desgaste por sobrecarga que esa palabra y sus consecuencias implican.

A veces negarse o no tiene que ver con un tema de autoridad (mis padres, mi jefe), de compromiso (la maestra de mi hijo, el decano de la facultad), de visión a futuro (la persona que tiene el control de los préstamos en el banco, la secretaria de la oficina) , de no herir sentimientos (mis hijos, mi esposo, la tía), a veces incluso de temor (mi jefe, el gobierno, el médico); ustedes pueden colocar los personajes a los cuales nos cuesta decirles la famosa silaba. 

En algunas partes del mundo no es no; nadie trata de negociar esas dos letras por las dos del SI. No me imagino a un sueco o a un alemán insistiendo ante un no rotundo. Punto final es punto final.  Sin embargo, en nuestras culturas latinoamericanas hay una especie de regateo verbal y emocional que hace que aún habiendo dicho que no volvamos a caer en el ciclo que creíamos superado hacia un instante, y hasta podamos llegar a cambiar una decisión casi sin darnos cuenta, arrepintiéndonos amargamente luego de haber caído.

Decir NO puede ser saludable y necesario.  Puedo recordar a mi mamá diciéndome “no es no, y no insistas”, sin más discusión… igualita al alemán que mencioné en el párrafo anterior.  Según ella, ese NO iba a ayudarme a manejar con serenidad y seguridad las situaciones difíciles de la vida.  Mi conclusión es que esas negaciones fueron buenas para ella y, en consecuencia, buenas para mí. A las pruebas me remito.

Sin duda alguna, existen personas que pueden “leer” o predecir nuestra dificultad con la palabrita y abusan de nuestra sincera disposición. Como resultado sufrimos consecuencias  físicas y emocionales.  Podemos quedar agotados y sin fuerza,  o podemos sentirnos victimas del abuso de ese otro que encontró un salvavidas en nosotros.

¿Flores para contrarestar el poder del NO?

Mimulus – si nos da miedo la persona a quien nos queremos negar, nos dará valentía serena y la capacidad de no temer a la posible reacción/consecuencia.

Centaury – si somos muy serviciales sin pensar en nosotros mismos, nos dará la capacidad de decir no…cómodamente. 

Agrimony – si lo nuestro es evitar peleas o transitar las situaciones sin enfrentamientos o choques. Nos ayudara enfrentar situaciones de la mejor manera posible, sin disfrazar nuestras emociones.

Pine - Si negarnos nos produce culpa, nos dará el entendimiento de nuestra responsabilidad real.  Nos ayudará a sentirnos livianos de equipaje. 

Mi abuelita decía en su inmensa sabiduría “todos los días sale un tonto a la calle, quien lo agarre lo hará suyo”. Amigo lector, por su propia salud mental y física, comience a practicar el NO.


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10 de agosto de 2017

Ver para Creer


Estaba leyendo sobre la teoría social de cultivo.  Esta teoría propone que mientras más tiempo la gente esté expuesta a la televisión más fácil es que crean que la realidad social que los rodea se parezca a esa realidad que ven por la tele.  Yo pienso que ahora en la era digital, la teoría de cultivo transciende la televisión y pasó a las redes sociales también.

¿A qué viene todo esto? Dos ejemplos que se vinieron a mi mente. Si usted amigo lector es venezolano residenciado en Venezuela, o si es venezolano en cualquier rincón del mundo estará probablemente pegado al teléfono o a la computadora tratando de ver qué es lo que pasa o está pasando en el terruño amado.  Algunas de las informaciones son ciertas; sin embargo, algunas cosas que se escriben o envían pueden ser no verdaderas o exageradas.  Los que las leemos las magnificamos en nuestras mentes y sentimos pensamientos catastróficos y/o angustiantes. Se dispara en nosotros la reacción de lucha o huida y como consecuencia somos víctimas del estrés, real o imaginario.  

El segundo ejemplo que se me ocurrió basado en la teoría mencionada, fue la vida que se crean algunas personas gracias a lo que ven en los reality shows, Facebook, Instagram, Twitter, Snapchat, WhatsApp, YouTube, Pinterest y paremos de contar para no aburrir. Las damas de cuerpos perfectos dictaminan el estándar a seguir, las dietas a seguir, cómo delienarse las cejas con o sin microblading, cómo alisarse el cabello, cómo vestirse, cuál es la casa ideal, la receta ideal, y así mil cosas más. En este caso el tema son las expectativas que se crean, cómo influyen en jóvenes y no tan jóvenes gracias a largas y cumulativas exposiciones ante esos medios.

De acuerdo a George Gerbner, el autor de la teoría,  los humanos somos la única especie que vive en un mundo construido por las historias que contamos.  Cuando yo era niña me encantaba escuchar las historias artesanales de mi abuelita, historias basadas en su comunidad, en su entorno. En la edad media los juglares y los trovadores narraban las hazañas de héroes, de un pueblo o  de una colectividad, y así se creaban modelos a seguir o no seguir.  ¡Ahora pareciera que lo que hacemos, o creemos que debemos hacer, es un efecto del cultivo de las Kardashians, Survivor, Big Brother, Beyoncé, Tasty, Tasty de Mais, y  Bien Tasty!

¿Flores para ver y no creer?

Clematis – si lo nuestro es fantasear e imaginarnos el mundo de Alicia en el país de las maravillas.  Nos ayudará a poner los pies en la tierra y a movernos al presente.

Larch – si pensamos que no tenemos la capacidad, nos comparamos con otros y sentimos que no vamos a lograrlo. Nos dará la capacidad para intentar.

Crab Apple – si sentimos que nos somos el ideal de belleza que promueven las modelos de Victoria Secret u otra personalidad admirada.  Nos ayudara a querernos y a trabajar objetivamente en nuestra belleza natural.

Una amiga me comentaba que su hija acababa de llegar de Kuala Lumpur, en Malasia.  Lo primero que le pidió fue encender la tele porque no quería perderse el episodio de la Bachelorette, quería saber con quién se quedaba Rachel. De acuerdo a la teoría, la utilidad de ver la televisión, y yo digo que también las redes sociales, está definida por la aplicabilidad de las lecciones “aprendidas” a nuestras vidas.  Me pregunto, cómo querrá Desiré -que esta próxima a dar a luz-  aplicar el drama de la Bachelorette y cómo voy a aplicar yo la cantidad de páginas de manualidades que sigo en Facebook si ni siquiera tengo las destrezas…. ¡Solo temas de conversación!

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