10 de febrero de 2017

La-la land


Estamos en plena época de los premios la televisión y del cine norteamericanos. Por lo menos algo diferente y variado para salir de los temas de la presidencia de los EEUU.  Tuve la oportunidad de ver el fin de semana una película llamada La la land con Emma Stone y Ryan Gosling. Es una historia de amor musical, si se puede llamar de esa manera; algo parecido a las películas de la época de oro de los musicales de Hollywood pero a lo moderno.
La la land se traduce como un estado mental caracterizado por expectativas poco realistas, fantaseo, soñar despierto. Leí en alguna parte que tiene que ver con LA (Los Ángeles, California) y la manera cómo la gente vive sus sueños de ser artistas en esa ciudad.  La película tiene tres elementos que me gustan: baile, música y una historia de amor.   ¿Y a qué mujer no le gusta una historia de amor? Nos gustan desde que  somos chiquitas, desde el momento cuando vimos alguna o todas las películas de las princesas de Disney. Lo interesante de esta historia es que no termina con el colorín colorado al cual  estamos acostumbrados.  De hecho, cuando culminó sentí una especie de hueco nostálgico en el pecho que vino y se fue sin ton ni son.  Me cuestioné si ese era el final.  Por supuesto, no es lo que yo atávicamente me esperaba.
Decidí revisar en mi mente el argumento de la película y sus canciones. ¿Qué era eso que no me cuadraba? Pues bien, tengo dos lecturas que me explican el final aunque no les voy a contar la historia para no estropearles la ida al cine. 
La primera, la vida es como el Eclesiastés. Todo tiene su momento y su estación. Conocemos a personas que nos acompañan en las diferentes épocas de nuestras vidas. En esos periodos perseguimos sueños que requieren esfuerzos y sacrificios.  A veces, alcanzado esos sueños, se presentan oportunidades únicas que cambian nuestras vidas para siempre, y  en ese cambio perdemos amigos, gente que amamos, relaciones y otras cosas que son importantes.
La segunda, basada en esa  especie de melancolía que sentí, es que el final de la historia es una celebración por aquellos que persiguen sus sueños y mantienen sus convicciones a cualquier costo. Es sobre la importancia del no abandonar la esperanza ni tirar la toalla, de la electricidad que se produce en nosotros cuando perseguimos aquello que nos produce felicidad.
Definitivamente los finales felices no son los mismos finales felices que solían ser, porque han sido reemplazados por las hermosas y confusas situaciones/condiciones que nosotros mismos creamos sin pensarlo o pensándolo mucho.    
¿Flores para La la land?
Mustard para ese sentimiento de melancolía que llega de repente y se va como vino.  Nos ayudará a sentirnos otra vez bien y a identificar qué nos hizo sentir tristes.
Walnut para la incomodidad con el nuevo tipo de finales felices; nos ayudará a adaptarnos más fácilmente a las nuevas circunstancias y a estos nuevos  e inesperados cierres.
Honeysuckle si añoramos los finales felices de las épocas doradas de Hollywood.  Nos ayudará a entender que aquellos eran buenos pero estos se adaptan al espíritu de estos tiempos.
No tengo la menor idea si esta película ganará un Oscar o no.  No sé si será tomada como simplona para muchos.  Lo importante es que ayuda a los soñadores de oficio a salir de situaciones estereotipadas y plantearse otros escenarios no tradicionales.  Les dejo el tráiler oficial.  La música y las letras de las canciones son hermosas, y los personajes son como cualquiera de nosotros, bueh! sin los camerinos, entrenadores personales, chefs particulares, tratamientos de spa, trajes y otras menudencias.



©  2017 Marielena Núñez

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