1 de abril de 2017

Mil Soles Espléndidos - Perdonar


Mucha gente se me acerca preguntando sobre el perdón.  Me solicitan que hable o escriba sobre que flores ayudan con “eso”, algo mágico que borre amarguras - casi con un chasquido de dedos. Perdonar es un tema tan viejo como las sagradas escrituras, hay gente que pide perdón, otros que perdonan, hay culpas, culpables y así sigue la cadena.

Perdonar implica que nos sentimos víctimas de una circunstancia o de alguien. Se me ocurrió escribir sobre el tema después de haber visto una obra de teatro llamada A Thousand Splendid Suns (Mil Soles Espléndidos) la cual está basada en un libro titulado de igual manera. Laila, el personaje principal, tenía en su haber la cualidad de saber perdonar después de un montón de cosas horrorosas que le habían pasado.

Perdonar implica soltar, dejar ir eso que nos hace sentir víctimas y que nos carcome.  Hay un dicho en inglés que dice que no perdonar es como tomar veneno y pensar que es la otra persona quien va a fallecer…. Y es que el resentimiento es venenoso para quien lo siente.  El hecho de perdonar es lo que alivia el dolor del alma y nos permite tener el control de nuestras vidas. Sentir resentimiento, rencor, amargura no solamente nos afecta emocionalmente sino físicamente.  Hay montones de estudios que muestran como esas emociones afectan nuestro corazón, nuestro páncreas, nuestra piel y muchos otros órganos.

Perdonar no es un acto de la boca para afuera, tampoco implica que se condona al perpetrador.  Es hacer un esfuerzo consciente de despegarnos, literalmente, de la carga, el dolor y el estrés de arrastrar un resentimiento.  Para poder hacer esto tenemos que reconocer que la situación nos duele y que vamos a atrevernos a dejarlo ir, a no dejar que afecte nuestro presente.

Una vez que decidamos perdonar o desanclarnos de ese tema doloroso, es aconsejable bautizar las emociones que sentimos con nombre y apellido (culpa, bochorno, vergüenza, abatimiento, pena, las que sean).  Cuando nombramos las situaciones emocionales le bajamos el volumen a la amígdala y suplimos recursos a la corteza prefrontal de nuestros cerebros para que se ocupe de otras cosas y haga espacio para cosas realmente útiles.

Si nos sentimos muy heridos es importante hablarlo con alguien preferiblemente objetivo, que no alimente con más toxinas nuestros pensamientos. De esta manera, podremos sacar lo que tenemos embotellado; si somos introvertidos podemos escribirlo y luego rompemos  o quemamos esos escritos.

A veces la gente que nos hiere no se da cuenta de lo que está haciendo, otras veces sí.  A lo mejor es la manera como van por la vida, esas son sus herramientas, no saben ni tienen más  elementos para apalancarse.  De nuevo, no es condonar sino entender cuál es la perspectiva del otro.   Lo importante es soltar.  Se de personas que han escrito cartas a las personas quienes las han hecho sufrir, cartas que nunca son entregadas porque ya esas personas no están vivas, o están lejos, o simplemente no se quiere enfrentarlas.  Eso se llama escritura terapéutica.  Jane Fonda se escribió una carta a sí misma para poder soltar situaciones que la mantenían atada a un pasado doloroso.

¿Flores para los mil soles espléndidos?

Willow cuando sentimos amargura y nos sentimos víctimas de la situación.  Nos permitirá pasar la página y tener control de nuestro destino.

Holly si lo que sentimos es enojo con deseos de venganza e ira.  Nos ayudará a sentir compasión por el otro.

White Chestnut si pensamos en el tema todo el tiempo y no podemos concentrarnos en otra cosa.  Nos dará pensamientos productivos y la posibilidad de conectarnos con el presente.

Es importante saber que no somos los únicos a los que le ha pasado algo malo, que no somos los únicos que tenemos cargar con una cruz, que no somos los únicos que hemos sido heridos. Los errores y faltas son compartidos por todos los humanos de todas las culturas y partes del mundo.

Cuando escribo sobre esto no deseo dibujar unicornios o buscar el otro lado del arcoíris. La paz mundial, si, la paz mundial, comienza por nosotros mismos. La carga del resentimiento es pesada y no vale la pena arrastrarla. 

Imagen con Copyright de iStock
© 2017 Marielena Núñez

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