3 de julio de 2017

El Reflejo en el Espejo.... nuestra percepción



Es un poco difícil para mí escribir sobre bienestar cuando se por lo que está atravesando mi país en estos momentos. Desde abril he estado luchando conmigo misma buscando una manera de ser consecuente con mis lectores y al mismo tiempo con los momentos que viven mis paisanos. Sin embargo, retomo ‘la pluma’ buscando brindar un poco de alivio en momentos difíciles.

Mi tema de hoy es nuestra percepción de nosotros mismos.  Esto aplica a cómo nos percibimos cotidianamente, bien al compararnos con otros, o cuando pensamos sobre la felicidad como objetivo. Una especie de autoanálisis no basado en lo que otros publican en Facebook.  Eso sería, respetuosamente, una forma de utopía.

Mis hijos sostenían un diálogo recientemente sobre el tema de la satisfacción en el trabajo y en sus respectivos trabajos, sobre si lo hacían bien o si lo podían hacer mejor. Si estaban contentos o no con las condiciones, y todas esas cosas que uno se plantea que hacen que nos sintamos miserables o en éxtasis por momentos. Yo me vi yo misma en el espejo de esa conversación, desde la distancia, en el momento presente y en otras épocas.  Esas reflexiones sobre el trabajo y sobre la felicidad son aplicables a muchas áreas de nuestras vidas.

Pues resulta que todas esas cosas que pensamos que hacemos mal, o en las cuales nos sentimos impostores (hay un síndrome estudiado sobre esto), no somos tan malos como creemos.  Cuantas veces nos preguntamos si somos buenos padres, buenas parejas, buenos amantes, buenos estudiantes, buenos amigos, buenos ciudadanos.  Tememos no dar la talla, estar a la altura de la situación.  Nos evaluamos y podemos hasta castigarnos con nuestras auto-apreciaciones. De esto hemos hablado en otras oportunidades.

Sin embargo, hay áreas en nuestras vidas que pensamos que estamos de lo mejor, donde creemos que no necesitamos revisar lo que hacemos (estamos sobrados, como se dice en Venezuela), que sabemos todo lo que tenemos que saber y sobre eso no hacemos nada. Creemos que dominamos todo lo necesario y hacemos todo lo a la perfección. No nos preocupamos en hacer cambio alguno.  Creemos que no tenemos que mejorar nuestra relación de pareja (él me quiere así), nuestra relación país (algo va a pasar a mi favor), la relación con nuestros hijos (ellos no saben lo que necesitan, yo si), somos excelentes cocineros (todo el mundo está pasando hambre), excelentes negociando conflictos (nadie se habla dentro del departamento donde estoy a cargo), excelentes escuchas (hablo, pero nadie interviene en mis conversaciones y termino haciendo lo que me parece), excelentes personas (no tengo amigos, ni participo en nada, solo critico lo que los demás hacen o dejan de hacer). No nos damos la oportunidad de crecer en esas áreas. Entonces cuando algo nos sale mal, o no va de acuerdo con lo que pensamos nos preguntamos ¿Porqué a mí? ¿Qué he hecho para merecerme esto?

Nos castigamos mucho en las áreas equivocadas, y al mismo tiempo, no trabajamos sobre las áreas que pudiesen estar débiles o precarias; preferimos redoblar la crítica en los lugares donde estamos más blindados o somos más competentes. Abandonamos la posibilidad de mejorar y estar en paz con nosotros mismos en las areas que lo requieren. No logramos ver el reflejo del espejo.

¿Flores para el reflejo del espejo?

Rock Water si estamos en la búsqueda de la perfección propia y ,en esa búsqueda, no disfrutamos el recorrido ni encontramos placer en las pequeñas y grandes victorias. Esta flor nos permite lograr y apreciarnos sin juzgarnos.

Larch si creemos que no tenemos la capacidad y por eso no intentamos.  Esta flor nos da una inyección de auto-estima y nos impulsa a probar.

Willow si nos quejamos de nuestra suerte, del destino, de lo que nos tocó vivir en nuestras vidas, en nuestro país. Nos permite perdonar y al mismo tiempo tomar el control de nuestras vidas.  

Los espejos y los espejitos son una invención relativamente reciente.  Por miles de años, el ser humano no tuvo idea de cómo lucía. La mujer de las cavernas no sabía cómo le quedaba el bigote o si el cabello parecía un nido de pterodáctilo. Hasta hace solo el siglo pasado supimos como sonábamos, cómo nos veíamos.  No teníamos el poderoso remolino del social media o redes sociales que dictaminan ideales de belleza, de información, de comportamientos. No había espejos, televisión, cine, cámaras, luz eléctrica, teléfono, grabadores de voz. Aún con toda la tecnología a nuestro alcance y con montones de espejos a nuestra disposición, tendemos a ser no muy buenos a la hora de juzgarnos… no capturamos el verdadero reflejo del espejo.  

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© 2017 Marielena Núñez